Nada de esto tiene límite, porque la tristeza y la maldad son infinitas
Editorial #438 – Estar peor

Otro año que finaliza y pareciera que la pesadilla venezolana nunca termina. Como ocurre desde hace algún tiempo, finalizamos éste en peor condición que el anterior. Quizá la única diferencia entre el presente y los años pasados es que esta vez el deterioro se ha acelerado.

Aunque Venezuela ha tenido el nada honroso privilegio de ser el país con la inflación más alta del mundo desde hace varios años, acabamos de cumplir uno de haber entrado en un proceso hiperinflacionario que ha arrasado con todo y ha profundizado las dos variables que más dañan el bolsillo de los venezolanos: el descontrolado aumento de precios y la pérdida de poder adquisitivo.

Sus consecuencias son ya conocidas: miseria generalizada, economía quebrada y un país en ruinas. Además, millones se han visto obligados a huir de esta desgracia, porque si alguna característica tiene la emigración venezolana es que la gran mayoría de los que dejan su tierra no lo hace por mejores oportunidades o como parte de un plan de vida, sino escapando de un país que se los devora y dejando atrás lo poco que tiene y todo lo que más ama.

La pregunta que muchos se hacen es, ¿hasta cuándo?¿Cuánto más podemos aguantar? La respuesta es que la miseria no tiene límite, se mide en vidas que se pierden diariamente, por violencia, por falta de medicinas y de comida. En familias que se separan, en planes que se frustran y en un futuro que se pierde. Pero nada de esto tiene límite, porque la tristeza y la maldad son infinitas.

Si queremos alguna prueba adicional, ni siquiera necesitamos enfocarnos en quienes han secuestrado el poder, basta observar a sus cómplices en la oposición. Aunque parezca mentira, años después de farsas electorales, diálogos tramposos y muchas mentiras, todavía hoy insisten en los mismos métodos que han usado siempre para darle legitimidad y oxígeno al chavismo.

Mientras tanto, la gente está desmovilizada, desmoralizada y deprimida. No se la puede culpar, porque han sido muchas las veces que confió en un liderazgo que la ha engañado. Son pocas las voces en la oposición que siempre han dicho la verdad, por muy dura que ésta sea,  y es justamente por eso que estos liderazgos han capitalizado la confianza y el apoyo de los ciudadanos.

Sin embargo, si algo urge hoy de cara al comienzo de un nuevo año es organización y ruta. Un plan que, superadas las farsas electorales de todo tipo y cercanos a fechas que pueden ser cruciales como el 5 y 10 de enero (instalación de una nueva directiva de la Asamblea Nacional e inicio de un nuevo periodo presidencial), sirva de guía no solo para los venezolanos, sino también para las fuerzas internacionales e institucionales que también son vitales para lograr el cambio.

Lo que no tenemos es tiempo, porque hace mucho que Venezuela se desangra con las vidas que se pierden y la gente que se va, y mientras más demoremos, más larga y dolorosa será la reconstrucción del país.

Además, aunque estamos tan mal que cada vez da la impresión de que tocamos fondo, debemos recordar que si no reaccionamos y seguimos luchando para acabar con esta tragedia, siempre se puede estar peor.

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