Asilo y salvoconducto para el dictador

 

Una vez que el general José Tadeo Monagas presentó su renuncia a la presidencia de la república en 1858, luego de la revolución comandada por el general Julián Castro, se produjeron distintos problemas entre el nuevo Gobierno y varias representaciones diplomáticas acreditadas en el país. El motivo de aquello se debió a que el general Monagas solicitó asilo en la legación de Francia.

Una turba enfurecida con el dictador depuesto intentó asaltar la casa de la misión diplomática gala, deseaba sacarlo a patadas para que enfrentara un gran juicio nacional por sus delitos, cosa que no lograron.

Este episodio generó la protesta del encargado de negocios de Francia, Monsieur Levraud, y dio ocasión para que se firmara un convenio entre los diplomáticos y el gobierno de Julián Castro, documento que trajo fin a esta crisis.  

Al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela se encontraba el sr. Wenceslao Urrutia, quien se encargó de redactar el siguiente documento:

-Hoy, día 26 de Marzo de 1858, habiendo sido convocado el Cuerpo Diplomático por el señor Ministro de Relaciones Exteriores, plenamente autorizado por el Gabinete, a una conferencia en la Casa de Gobierno con el fin de convenir en el mejor modo de lograr los deseos, tanto del Gobierno de la República como el Cuerpo Diplomático, relativamente a la pronta salida del país del señor general José Tadeo Monagas y familia, sin menoscabo del decoro de los pabellones extranjeros ni de la dignidad del Gobierno, se reunieron a las tres de la tarde en el salón de conferencias Carlos Eames, ministro residente de los Estados Unidos; Ricardo Bingham, encargado de negocios de Gran Bretaña; Leoncio Levraud, encargado de negocios del Gobierno francés; Felipe José Pereira Leal, encargado de negocios del Imperio del Brasil; José H. García de Quevedo, encargado de negocios de España y Parma; y Pedro Van Rees, comisionado especial de su majestad el rey de los Países Bajos; y hallándose presente el señor Wenceslao Urrutia, ministro de Relaciones Exteriores, empezó la conferencia.-

Luego de darle la bienvenida a los señores embajadores y exponer sus razones, sentó el sr. Urrutia como base imprescindible de la negociación que el general José Tadeo Monagas se pusiera a la disposición de del nuevo gobierno y tomara asiento frente al juez de un tribunal de la República, para enfrentar la justicia por los pecados cometidos durante los años de su dictadura. Los miembros del cuerpo diplomático informaron al ministro de Relaciones Exteriores que semejante propuesta se trataba de un asunto delicadísimo, una situación que por más de querer complacer no sería bien vista por sus respectivos gobiernos.

-Aquí se encuentran reunidas las banderas de las naciones de Venezuela, bajo cuyo amparo se halla el General Monagas desde la mañana en que renunció a la presidencia de la república, teniendo a mano muchos medios de resistencia y con la mira patriótica de evitar al país los estragos de otra guerra civil.-

Fungiendo el cuerpo diplomático como único e indiscutible factor de estabilidad política en Venezuela durante la crisis latente, ante esta inédita circunstancia y tras una larga discusión, por fin acordaron los presentes que el medio más decoroso de solventar el problema era darle salvoconducto al general Monagas para que saliera del país.

-El general Monagas se pondrá por escrito a disposición del Gobierno, protestando al mismo tiempo no tomar parte en ningún plan que se oponga a las miras de la revolución; este escrito será transmitido por el señor encargado de Negocios de Francia al Gobierno de la República, cuyos miembros todos empeñan su palabra de que no será el general Monagas sometido a juicio, ni en manera algún vejado, sino que antes bien, se le tratara con todo decoro y miramiento.-

Acordaron que el gobernador de la provincia lo acompañaría hasta una casa particular, escoltado por el representante francés o cualquier miembro del cuerpo diplomático que éste desease. También garantizaban una guardia en la puerta con el fin de evitar todo vejamen, y dentro de la casa dos personas respetables comisionadas por el nuevo Gobierno para cuidar que el general Monagas fuese bien tratado e impedir todo desmán o insulto contra su persona.

Se llegó a un acuerdo: -Podrán vivir en compañía de dicho general y su esposa y su hijo doctor José Tadeo, y entrar y salir cuando les plazca sus hijas, los miembros del Cuerpo Diplomático y todas aquellas personas que no inspiren al Gobierno ningún recelo.-

El Gobierno respondería a de la seguridad del general Monagas. El señor Urrutia empeñó su palabra, a nombre suyo y de todo el Gobierno, que cualquier sugestión o insinuación del Cuerpo Diplomático orientadas a abreviar la permanencia del general Monagas en el país sería acogida con la más alta consideración por el entonces Jefe de Estado.

Fue así que se pactó en aquella reunión: -Se dará al general Monagas pasaporte y un salvoconducto para trasladarse con su familia al punto del extranjero que elija, mientras que el nuevo gobierno no lo estime necesario. El gobierno garantiza su seguridad hasta que salga del país.-

Esta es la historia de cómo el dictador que renunció a su cargo pudo salvar el pellejo.  

Jimeno Hernández

Jimeno Hernández

Abogado (Universidad Monteavila) Máster en dirección de entidades deportivas (Universidad Europea de Madrid) Conocedor de la historia de Venezuela, escritor y columnista.
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