Las caras de vidrio

Una pantalla y unos audífonos tienen la capacidad de crear barreras transparentes que separan a padres de hijos, a parejas, a compañeros de trabajo, o simplemente se vuelven el refugio para no estar  presentes.

Desde un celular, pasando por  una tablet, un dispositivo de juegos o una laptop,  nos muestran a diario lo natural que se ha vuelto dejar de usar el sentido de la vista para mirar el paisaje o incluso a sus seres “queridos”.

No es difícil entender que  para un niño, un adolescente o un joven adulto no tener  estos accesorios hoy en día es equivalente a una minusvalía. Indudablemente la carencia de estos dispositivos  los ponen en desventaja ya que se ha creado un mundo nuevo donde la tecnología cubre todos los trámites desde los  institucionales, pasando por los bancarios o simplemente la información en general requiere tener una pantallita de vidrio. Que indiscutiblemente nos ahorra tiempo, aunque no necesariamente dinero pues ya en el presupuesto familiar es casi obligatorio incluir al menos 1 pantalla grande y varias pantallas pequeñas, dependiendo de cuántos integrantes adultos o jóvenes vivan en casa.

Esto nos permitiría suponer  que estamos en una de las generaciones mejor informada, pero pareciera que tener tanta información no nos ha mejorado como sociedad, por lo tanto no es en la tecnología que reside el éxito profesional ni mucho menos el personal.

De allí surge en mis memorias una anécdota curiosa que leí  sobre la interesante amistad entre Warren Buffet, uno de los más grandes inversionistas del mundo y Bill Gates Cofundador de Microsoft, donde narraban la particular vinculación entre dos generaciones con una gran capacidad de generar riquezas, pero con estilos diferentes. Lo curioso del caso era que Buffett no usaba computadoras para realizar su trabajo, a lo que Gates trataba de convencerlo de los innumerables beneficios que se estaba perdiendo. Solo basto una pregunta que hizo Buffet a Gates para que éste desistiera de tratar de modernizar a un magnate nacido en los años 30.

Buffet – ¿Si acepto usar la computadora ella me dirá dónde invertir?

Gates – No.

Buffet – Entonces no necesitaré una computadora.

Definitivamente la tecnología no sustituye la toma de decisiones ni siquiera en esta época donde la data es cada vez más  eficiente. Aún es necesario que el criterio humano le ponga la valía estratégica a cada información.

Las pantallas no son las responsables de esta nueva  adicción, sino la debilidad que tenemos por todo lo que brilla y nuestra mente que se distrae con mucha facilidad. La experiencia propia es un privilegio que aún no puede ser sustituida, aunque lo virtual engañe al cerebro. Es indispensable para un buen futuro tener contacto con nosotros mismos, así sea con las herramientas antiguas que requieren más esfuerzo físico pero que nos dejan una sensación de un proceso vivido.

Solo queda un camino para ser más libres y es solo  practicar un poco de autocontrol, no significa que no las usemos pues son muy útiles lo que propongo es que ellas no nos sustituyan, pues al final termina siendo un vicio que se disfraza de utilidad para hacernos perder lo más importante de la vida que es el CONVIVIR en la vecindad, ese espacio que nos permite dar y recibir atención con dedicación entre nosotros como seres vivos y…¿humanos?

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