Un discurso del dictador

El Viernes tres de Mayo de 1929, las Cámaras del Legislativo reunidas en el Congreso Nacional eligieron como Presidente de los Estados Unidos de Venezuela para el periodo 1929 a 1936 al Benemérito General Juan Vicente Gómez. 

El elegido respondió en un telegrama al Congreso desde su hacienda “El Trompillo” en Güigüe, cerca de las orillas del lago de Valencia. En ésta les comunicó su renuncia a la más alta magistratura nacional.

-No acepto, mi misión está cumplida… La obra está coronada y el país ya no necesita de mi superior dirección en la cosa pública.- 

Nadie se esperaba esa respuesta, aún menos el Presidente del Senado, general Rafael Cayama Martínez, quien ese mismo día, al recibir el cablegrama proveniente del Trompillo, respondió a Gómez diciendo: 

-El Congreso está impresionado hondamente con la decisión, mañana cuatro de Mayo se trasladará una Comisión a la residencia del Presidente Electo, con el objeto de tratar con él, en nombre del Legislativo, acerca del grave asunto de la renuncia.-

Al parecer, las razones de la comisión no lograron convencer al general Gómez, por ello tuvo que trasladarse el Congreso en pleno para su residencia “La Mulera” en la Delicias de Maracay.

Cayama Martínez, hablando en nombre de las Cámaras Legislativas,  pronunció un discurso zalamero diciendo que no existía persona más adecuada que el Benemérito para seguir manejando las riendas de la nación. Luego de escuchar sus palabras, desde su sillón con el bastón empuñado, pronunció el  viejo dictador un discurso cuya transcripción taquigráfica hizo el doctos A.V. Medina, secretario del Senado.

En aquella ocasión dijo Gómez al Legislativo:

Pues vienen ustedes a sorprenderme, porque yo verdaderamente he creído que vendrían a complacerme, pero ha sido todo lo contrario de lo que yo pensaba, pues insisten ustedes en una cosa que yo no acepto.

Es un asunto que yo he explicado mucho en mi mensaje, y mi telegramas de El Trompillo, en los que digo que yo no veo esa necesidad porque comprendo que la existencia de Venezuela hoy es para formar hombres. La formación de esos hombres debe ser sobre una base sólida. Lo dije en mi último mensaje, que yo había encontrado a este país como una cosa en escombros y formé una casa sólida. 

¿Y qué se necesita para mantener una casa? Un individuo que la cuide, que la conserve, pero no mi presencia para cuidarla. Las energías que yo tengo no son sino para hacer algo grande a favor de la Patria, y por eso he escogido el trabajo, para cultivar la tierra. Yo soy un agricultor y criador, pues en esos trabajos me crié y me formé y he dado buenos resultados, creo los he dado. En los trabajos de agricultura y cría tengo mucha práctica, y por eso quiero que me complazcan en mis deseos, aunque siempre yo estaré atento al bien de la Patria.

El discurso es interrumpido por un paréntesis anotado por Medina que lee “Grandes Aplausos”, luego continúa:

La Patria ante todo, lo demás nada importa, ni la vida, y al necesitarme no me haré esperar, para eso se cuenta conmigo.

Otra vez Grandes Aplausos entre paréntesis.  

Pero por lo demás tengo que volverlo a repetir: que no acepto la Presidencia. Me siento con energías para trabajar porque creo que no he hecho nada. Busquen ustedes la forma para darle solución a este asunto. 

Las caras de perplejidad de los representantes del pueblo ante el discurso del dictador no quedaron registradas por el secretario del Senado, pero basta conocer las circunstancias para imaginárselas. 

Después de un momento de silencio sepulcral volvió el Presidente Electo a retomar su arenga.

Y ahora permítanme que les diga lo que pueden hacer, ¿Me lo permiten?

“Voces: Sí, sí.” Anota entre paréntesis el transcriptor. 

Pues bien lo han dicho muchos enemigos: “Ese señor lo que quiere es que le vayan a rogar para que acepte la Presidencia”… Y yo no quiero que me vengan a rogar, pues no estoy acostumbrado ni a rogar ni a que me rueguen; debo decirles que debemos arreglar la situación.

Yo no acepto la Presidencia, pero si quiero que me nombren General en Jefe del Ejército. Porque ese ejército para mí es la vida; son dos cosas que yo quiero mucho: El ejército y el trabajo. 

“Grandes Aplausos” una vez más. 

Así es que ustedes tienen que escoger a un hombre que de acuerdo conmigo en todo y para todo ejerza las funciones de Presidente. Respecto al ejército yo soy quien lo organiza, y soy responsable ante el país de la tranquilidad y el progreso de Venezuela. Con ese ejército manejado por mí, respondo de la paz y tranquilidad de Venezuela; y cuando los enemigos lo sepan, bien se guardarán de ninguna acción contra la República.

Luego procede a imponer condiciones para la persona que debe ostentar el cargo que acababa de rechazar. 

El individuo que ustedes escojan tiene que obrar en todo sentido de acuerdo conmigo y de esa manera tendrá que marchar todo perfectamente bien. Si les parece entonces se encargarán de hacer la organización y el nombramiento que calculo yo que será el 23 de Mayo.

Otra pausa por “Grandes Aplausos”.

Si a ustedes les parece, yo les doy un candidato, que tendría yo que escogerlo, buscarlo, para que ese candidato tenga que marchar de acuerdo conmigo. Si ustedes me autorizan yo lo buscaré.

“Voces Sí, sí, sí.” Anota Medina.

Esto que hemos resuelto aquí deben publicarlo esta noche, porque es una necesidad, para que todo el mundo sepa, dentro y fuera del país, el arreglo hecho con motivos y razones que he tenido yo en no aceptar la Presidencia, pero que sí acepto ser el Jefe del Ejército.

Grandes y prolongados aplausos.  

Jimeno Hernández

Jimeno Hernández

Abogado (Universidad Monteavila) Máster en dirección de entidades deportivas (Universidad Europea de Madrid) Conocedor de la historia de Venezuela, escritor y columnista.
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