América española y no latina

Luego de 527 años, en Hispanoamérica se conmemora pero también se discute, en una prolífica obra historiográfica que seguramente ha devorado bosques enteros, sobre el impacto de la conquista española y en algunos casos la cosa raya en superficialidades que se centran en la nomenclatura de dicho acontecimiento. Como no nos parece trascendente el último punto,  usaremos, haciendo gala de una arbitrariedad razonable, el término día de la hispanidad. Con respecto al primero se me ha venido a la mente aquella maravillosa y polémica introducción del libro de Carlos Rangelqq, “Del Buen Salvaje, al Buen Revolucionario”, donde ya el título es extremadamente provocador, “Española y no Latina” refiriéndose a América.

Aunque la idea de Rangel fue advertir, inicialmente, cuáles eran los linderos espaciales de su disertación, excluyendo a los países no hispanoparlantes. Esencialmente su argumento fue de tipo cultural, en términos históricos hay unas diferencias sustanciales en el proceso de hacer la América en la versión inglesa, portuguesa, española o los pequeños territorios franceses, que terminan por consolidar sociedades con valoraciones diversas en los fenómenos políticos, económicos, sociales, religiosos, entre otros. Ergo, no hay una América. En sus diversas presentaciones, nosotros pertenecemos a la española.

Aclarado el punto de ser América Española y no latina, concentrémonos en una preocupación que resalta Rangel. El fracaso de América. Quizá acá está la función social de la historia, al recuerdo acrítico y victimizante, Clío nos lleva a entender la dimensión de la deuda histórica pendiente que tenemos con nosotros mismos. Dos autores le sirven de referencia, dos hombres de talla, uno estadista y el otro un literato con amplios pergaminos en la región. Simón Bolívar y Carlos Fuentes. No sé hasta qué punto fueron pesimistas sus argumentos o si habría en ellos una carga de despecho ante el fracaso de su obra, me refiero más a Bolívar que a Carlos Fuentes. Lo cierto es que la historia, en palabras de Rangel, le dio la razón en parte al Libertador, la ingobernabilidad de América ha sido una constante, la anarquía en el ejercicio del poder, las migraciones producto de gobernantes perversos…, con Fuentes  quizá la cosa no se ve tan oscura, parece que exageró, decir que América hoy es prescindible sería una atrevimiento propio de cualquier ignaro. Sin embargo, más allá de si tuvieron tino o no, la cosa es que pensaron a la región en su desmedro. 

En definitiva, después del 12 de octubre de 1492, del proceso de conquista y colonización, de la consolidación de una identidad regional que nos permite diferenciarnos entre aquellos y nosotros, queda pendiente trascender el pensamiento crítico a propuestas de transformación social de nuestra América Española.

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