La profecía de Betancourt

En Febrero de 1948, visitó Caracas un cubano llamado Raúl Roa. Vino a ser testigo de la toma de posesión del Presidente Constitucional de Venezuela, Rómulo Gallegos. 

Para aquel año Roa era personaje afamado en su isla, luchó en la guerra de independencia de Cuba bajo las órdenes de militares como Antonio Maceo, Ignacio Agramonte y Máximo Gómez; fue gran estudioso de la obra de José Martí, sujeto que se convirtió en inspiración de su talentosa pluma como articulista; estudió Derecho y terminó en prisión durante la presidencia de Gerardo Machado, por sus escritos picantes y ser miembro del Ala de Izquierda Estudiantil; también participó en la lucha para derrocar a Machado en 1933. 

En aquella ocasión visitó nuestro país como invitado especial del nuevo gobierno adeco y tuvo la oportunidad de reunirse con el sr. Rómulo Betancourt, para charlar sobre la obra cumplida durante el trienio de la Junta de Gobierno, esa presidida por el principal fundador del partido político “Acción Democrática”.

Menos de un año después de la toma de posesión de Gallegos, la visita de Roa y su entrevista con Betancourt, cayó a causa de un golpe militar el gobierno constitucional de Venezuela. El ex Presidente de la Junta de Gobierno tuvo que escapar al exilio en Los Estados Unidos, pero en su periplo realizó una parada en La Habana, donde, una vez más fue entrevistado por Roa. Corrían los días de Febrero de 1949 cuando lo discutido por ambos en su primera reunión fue publicado en la revista “Bohemia”, dirigida por Miguel Ángel Quevedo. 

En el artículo, Roa revivió su visita a Betancourt en Caracas, una semana tras abandonar la Presidencia de la Junta de Gobierno y pasar la banda presidencial a Gallegos, así como el magno día del suceso. 

Según el periodista: Se difuminaba ya el cárdeno fulgor del crepúsculo, y las tinieblas descendían sigilosas de los cerros aledaños sobre el bullicio popular de Caracas. Numerosas personas del más vario linaje y oficio colmaban la sala, aguardando ser recibidas por Rómulo Betancourt. Los refulgentes entorchados de un ayudante militar, protocolaria sobrevivencia del supremo cargo desempeñado hasta sólo hacía una semana, se asomaron una vez más en recordatorio a la pequeña terraza. No me quedó más remedio que darme por aludido y ponerme de pie. Una simple visita de despedida se había convertido, por obra y gracia de mi curiosidad inagotable y de la gentileza impar del intrépido y diestro timonel del movimiento revolucionario de Octubre, en animado palique de tres horas. Ante mi desfilaron, palpitantes, los problemas fundamentales de Venezuela, puestos a plena luz en fluido, agudo y vigoroso análisis. Nunca olvidaré cómo se inició la charla de aquella tarde caliginosa de Febrero del año pasado.

Relata Roa, que luego de saludar a Betancourt con un efusivo estrechón de manos, manifestar su admiración por la labor realizada en su lucha política por la democracia, ambos tomaron asiento y don Rómulo tomó la palabra.

Tú y yo no podemos andar con circunloquios ni con eufemismos, Raúl. Conozco tu posición y tú la mía. Hablaremos pues, sin pelos en la lengua, de mi patria y de la tuya. Al cabo como dijeran Simón Bolívar y José Martí, somos uno y lo mismo.

Recordaba como inició la tertulia y como finalizó, cuando el venezolano afirmó: Hemos entrado ya, sin duda, en la áspera ruta de la democracia y la liberación nacional. La madurez de conciencia del pueblo venezolano es evidente. Nuestro gobierno cumplió sus objetivos centrales. Las elecciones a la Asamblea Constituyente y los comicios que han dado la Presidencia a Rómulo Gallegos demuestran, de manera inequívoca, que el ejercicio de la soberanía está de nuevo en manos del pueblo, en su mayoría afiliado a Acción Democrática. 

Recuerda el cubano como lo interrumpió para decirle: –No me cabe duda que el futuro inmediato pertenece a tu pueblo.-

Notó como el venezolano frunció el ceño, aspiró varias bocanadas de su pipa y observó unos segundos, mesmerizado, las formas del humo, para finalizar el análisis sobre la situación política de su país, en unas palabras que se convirtieron en profecía. 

Tampoco a mí. Pero sería infantil que nos durmiéramos sobre los laureles. Si donde hemos llegado fue fruto de ímproba labor, consolidar lo obtenido será faena de titanes. Son múltiples los obstáculos que se alzan y sumamente compleja y cambiante la situación internacional. Hay que estar en guardia permanente. Ten la seguridad que la oligarquía derrotada maquina en la sombra la revancha del brazo de los oficiales reaccionarios. Casi todas las grandes empresas que controlan y usufructúan nuestras fuentes de riqueza han aceptado a regañadientes la política social del Gobierno. Además no se tiene en vano el subsuelo henchido de Oil en el pórtico de una nueva guerra mundial. Por otra parte Somoza y Trujillo conspiran abiertamente contra nosotros en estrecha connivencia con los desplazados en Octubre. Pero hay algo más grave. Juan Domingo Perón ha constituido en Argentina uno de los baluartes más poderosos y de los arsenales mejor pertrechados de la internacional reaccionaria. 

Desde allí se exhorta a los Estados Mayores de nuestros países a la militarada facciosa y al establecimiento de regímenes de guerra abierta con las libertades populares y las conquistas sociales. Este totalitarismo de derecha es igualmente peligroso para la democracia como el totalitarismo de izquierda. Urge adoptar medidas eficaces para yugular a tiempo la vasta conjura que se está urdiendo en Buenos Aires.

Yo tengo fe profunda en el pueblo venezolano. Cincuenta años de lucha han templado su voluntad y alertado su espíritu. Creo que saldremos adelante en la tarea emprendida. Más, como pretenderás por lo dicho, no excluye la posibilidad de vernos de nuevo perseguidos, encarcelados, victimados o proscritos.

Jimeno Hernández

Jimeno Hernández

Abogado (Universidad Monteavila) Máster en dirección de entidades deportivas (Universidad Europea de Madrid) Conocedor de la historia de Venezuela, escritor y columnista.
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