Será rol del ciudadano acompañar con responsabilidad esta nueva etapa de convivencia con el virus
Editorial #518 – ‪La poscuarentena‬‬

Lo único que escuchamos decir desde el comienzo de la pandemia a epidemiólogos, infectólogos y demás “expertos” en el Covid-19, es que “se vienen semanas duras” y que “nadie sabe cuándo llegará el pico”.

Lo cierto es que hoy, cuatro meses después, la mayoría de nuestros países se encuentra en el peor escenario: ante lo más difícil de la enfermedad todavía por delante, con una crisis económica que ya se hace sentir fuertemente, una inestabilidad política latente debido a lo que se percibe como una pobre respuesta de los gobiernos ante la pandemia y, como si no fuera suficiente, incluso ante una posible nueva ola de inseguridad debido a la creciente pobreza que enfrentaremos en los próximos meses.

Para este año el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica una contracción del PIB latinoamericano de 9,4%. Esta crisis ya está arrasando con cientos de miles de pequeñas y medianas empresas, que se están viendo obligadas a cerrar debido a que no tienen la capacidad de seguir aguantando en medio de una parálisis económica sin precedentes.

Todo esto tiene un impacto directo en el empleo. El fin de semana, el flamante vicepresidente del Banco Mundial para la región, Carlos Felipe Jaramillo afirmó que ese organismo está pronosticando una pérdida de por lo menos 25 millones de empleos para este año 2020 y que esa cifra puede ser peor dependiendo de cómo evolucione la situación de los próximos meses.

Son noticias dramáticas para cualquiera, pero mucho más para una región que ya venía enfrentando problemas económicos y financieros, y en la que incluso los países más grandes como Brasil, México y Argentina se encontraban en crisis al comenzar el año.

Es cierto que lo que desencadenó todo esto fue la enfermedad, pero en muchos casos el remedio solo profundizó el problema. Se advirtió en su momento que una cuarentena muy estricta y muy temprano, que podía terminar siendo muy larga, era un mala idea, porque iba a agotar la única herramienta efectiva contra el Covid-19 en el peor momento de los contagios.

Después de más de 120 días de encierro, con una economía fundida y enfrentando el momento más crítico de la pandemia, es muy difícil pensar en que una población tan agotada y frustrada acate un nuevo periodo de aislamiento estricto. Y como acertadamente muchos ya lo han dicho, la peor cuarentena es la que no se cumple.

Es por eso que nuestros gobiernos se encuentran ante un gran desafío: cómo reinventar una estrategia que evidentemente no ha sido exitosa para que, sin que lo sanitario termine siendo una hecatombe, se pueda ir reactivando la economía y devolviéndole a la gente sus libertades. Por su parte, será rol del ciudadano acompañar con responsabilidad y conciencia esta nueva etapa de convivencia con el virus que durará hasta que el mundo disponga de una vacuna.

Hay mucho que planificar para la pospandemia, sobre todo en materia econnómica, pero lo primero en lo que tenemos que enfocarnos ahora es en esta nueva realidad que nos presenta las poscuarentena.

 

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