Amor Loco

La mejor noticia para mí en estos tiempos de pocas buenas noticias tuvo su punto triste. Triste porque no hubo un estadio lleno para festejar al argentino más querido de la historia inglesa. La competencia no es muy grande, de acuerdo, pero se podría decir que hoy no hay siquiera un inglés en Inglaterra que goce de más afecto que Marcelo Bielsa​

En la ciudad de Leeds, en el gris norte de Inglaterra, aman al “Loco” con locura. En el resto del país solo hay palabras buenas para él. Mencioná su nombre en Londres, Manchester, Bristol o Liverpool y te regalarán una sonrisa. “¡Qué tipo!” te dirán. “¡Qué grande!”. Hablo de los hinchas de fútbol, claro. Pero Inglaterra es un país en el que un enorme porcentaje de la población vive por el fútbol. En mi opinión, Inglaterra y Argentina son los dos países que se lo toman más en serio del mundo. En el primero, el fútbol nació; en el segundo, se adoptó y se lo quiere como si hubiera visto la luz en las orillas del río de la Plata.

Creo que Bielsa estaría de acuerdo conmigo. Lo conocí en 2002 cuando era el seleccionador argentino, justo antes del Mundial de Japón. Me citó para una entrevista a las once de la noche en su oficina en Ezeiza. La entrevista arrancó con un monólogo suyo de media hora en el que intento explicarme su filosofía del fútbol. Yo asentí todo el rato con la cabeza pero la verdad es que no entendí nada. Me recordó a mis clases de física en el colegio, materia en la que naufragué.

Pero de repente me dijo, “Usted es inglés, ¿no?”. Para no complicarla, le dije que sí. “Yo me enamoré de Inglaterra”, siguió. “¿Ah, sí? ¿Usted vivió allá? ¿Habla ingles?”. “No, para nada”, me contestó. “Pero me recorrí el país durante la Eurocopa de 1996”. Respiró fútbol allá, me dijo, fuera donde fuera. No importaba que no jugase la selección inglesa en determinada ciudad: la gente se volcaba igual.

Una cosa que le llamó especialmente la atención fue que entraba en las librerías y siempre había una sección repleta de libros sobre el deporte de su vida. El único otro país en el que los escritores dedican tantas palabras al fútbol es Argentina.

Sin poder comunicarse con los nativos, Bielsa se sintió en su casa. Y eso que andaba en territorio comanche. Lo que a mí más me gusta de la historia que vive hoy Bielsa es que, en una época en la que el virus “grieta” se extiende por el mundo, representa el triunfo del entendimiento y la reconciliación. La historia tiene especial valor para mí porque, aunque nací en Londres, pasé la mayor parte de mi infancia en Buenos Aires, donde me enseñaban que las Malvinas eras argentinas.

No existe en el fútbol rivalidad intercontinental más feroz que la de Argentina e Inglaterra. Todo empezó con la expulsión de Antonio Rattín en Londres en el Mundial de 1966. Los ingleses habían sido “piratas” para los argentinos hacía tiempo. Ahora para los ingleses los argentinos eran “animals”. Un par de partidos polémicos en los años 70 calentaron más el rencor mutuo; después la guerra del ’82 y cuatro años más tarde la revancha del general Diego Armando Maradona en México, la epopeya más gloriosa argentina desde tiempos de San Martín (¿O no?).

Diez años después Bielsa viaja a Inglaterra y se encuentra una tierra de almas gemelas. Veintidós años después Bielsa se va a vivir a Inglaterra. Su misión: redentor de la ciudad de Leeds, concretamente de su club de fútbol, Leeds United, un grande venido a menos. Cuando Bielsa llega como técnico a Leeds en 2018 el club llevaba 14 años sin jugar en la máxima división inglesa, la Premier. Aún ante tanta decepción, hasta cuando bajaron a la tercera división, 30.000 personas iban al estadio a animar al equipo. Gente seria, los hinchas de Leeds.

En su primera temporada Bielsa fracasa, por poco, en su misión. Siguen en segunda. Pero se gana a los hinchas por su sencillez en el trato y por el estilo de juego coral de su equipo. Bielsa ni vive ni se comporta como una estrella. Va de compras a lugares normales, toma cafés en lugares normales, siempre se presta para una foto. Habla con los medios en castellano, con un traductor de por medio, pero todo el mundo se entera: es un tipo noble comprometido a muerte con los aficionados. Saben que no miente. Saben que es auténtico.

Leí un artículo en The Times de Londres justo después del final de esa frustrante temporada 2018/19. El periodista era un hincha fanático nacido en Leeds. Juró que para él y para la totalidad de la afición era más importante la permanencia de Bielsa en el club que el ascenso.

Bielsa permaneció y hace unos días el Leeds se proclamó campeón de la segunda división. La temporada que viene jugará en primera, después de 16 años en el desierto, contra el Liverpool, el Manchester City y el Arsenal.

“El amor es lo que todo ser humano quiere en la vida”, declaró Bielsa. “Y tenés dos tipos de amor: los que provienen de tus personas más cercanas, tu familia y los que vienen a una situación como esta, con mucho amor de la gente de la ciudad. El sentimiento de provocar felicidad en muchas personas ─porque yo era parte de este grupo y los partidarios nos devolvieron el amor─ es el sentimiento más grande”.

La ciudad de Leeds lo oyó y se olvidó del coronavirus. Si les hubiesen dejado entrar hubieran llenado el estadio (la vida es corta, la gloria es eterna) para celebrar la épica y para corear el nombre de Bielsa hasta quedarse todos sin voz. Solo lleva dos años en Inglaterra y ya le hicieron una estatua. Tony Clark, el escultor, explicó porqué: “Bielsa nos dio pasión. Creó una visión. El ambiente hoy en Leeds es eléctrico. Una locura”.

Tan grande es la loca felicidad que el argentino ha regalado a esta ruda ciudad del norte de Inglaterra que si le va bien la temporada que viene, olvídense de estatuas. Al ‘Loco”, el Dios de Leeds, le harán una catedral.

Fuente: Clarín

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