Un apunte sobre el dólar en la sociedad venezolana

Algunos no tienen para adquirir zapatos mientras que otros participan en una fecha comercial como el Black Friday, una iniciativa directamente importada de los Estados Unidos, donde lo característico es el gasto en los términos del consumismo; unos hacen reservaciones semanales en los restaurantes más lujosos de la ciudad, y otros no tienen alimentos de ningún tipo en su casa.

La sociedad venezolana es una colectividad de fragmentos cuya distancia incrementa con el transcurrir de la vida; una colectividad heterogénea donde la polarización no es ya un asunto meramente político, sino socioeconómico. Es una colectividad que brinda experiencias disímiles entre sí, experiencias propias de estilos de vida que rara vez encontrarían las condiciones adecuadas para convivir en un mismo espacio-tiempo.

En un contexto económico donde la divisa nacional ha perdido su valor una y otra y otra y otra vez frente a precios cada vez más altos, abandonar el uso del bolívar y realizar una “migración adquisitiva” hacia monedas extranjeras se consolidó como la opción más viable en orden de mantener cierta calidad de vida o, en términos más crudos y realistas, para seguir subsistiendo.

¿El salvavidas de todos?

Aunque el euro también ha sido empleado dentro de los límites de nuestra sociedad, es difícil negar que el dólar es la moneda extranjera con mayor protagonismo y uso en la economía venezolana actual, lo que se percibe principalmente cuando se observa su presencia en las calles de nuestro país y el interés de la sociedad por saber su valor para determinada hora del día y que es señalado por distintos indicadores.

El dólar es el “salvavidas” al cual recurren muchos venezolanos en la actualidad para enfrentar la hostilidad del entorno económico actual, pero el acceso a este salvavidas económico es desigual, una de las causas de los disimiles estilos de vida en la sociedad venezolana actual. No todos perciben ingresos en dólares (aunque recibir bonos en esta divisa ya no es tan raro como antes), y ni las personas que lo hacen los reciben en la misma cantidad unas de las otras; mientras que otros trabajan por internet para recibir paga en dólares, otros lo hacen y además reciben remesas del extranjero por parte de familiares y conocidos.

Puede que la migración venezolana se haya prolongado lo suficiente en el extranjero para tener la estabilidad económica necesaria para mantener su estilo de vida y al mismo tiempo contribuir al sostén económico de quienes todavía permanecen aquí. Naturalmente, esto no ocurre en todos los casos; hay personas que tienen más suerte fuera del país que otras, y son los más afortunados los que pueden apoyar a sus conocidos sin afectar notablemente su propia calidad de vida.

La accesibilidad a remesas o la ausencia de ella es un factor al momento de examinar los divergentes marcos de posibilidad de unos y otros en el momento presente. Una persona que reciba periódicamente dinero desde el extranjero tendrá una mayor capacidad de compra que quien no lo hace ni tampoco recibe ingresos en dólares, al menos no con la misma frecuencia. La migración, que en su momento fue y sigue siendo un motivo de tristeza, facilita ahora el bienestar de algunos quienes han sido separados de sus seres queridos por la inviabilidad de Venezuela como país.

El salvavidas económico es arrojado desde barcos más o menos estables hacia algunos de los que se hunden en la arena movediza en que se ha convertido Venezuela; quienes no cuentan con el salvavidas se las deben arreglar contando con una moneda altamente devaluada y con los dólares que perciban de manera infrecuente (si lo hacen).

Conclusiones

El dólar es un elemento que influye sensiblemente en el poder adquisitivo del venezolano y en su calidad de vida. No por nada el dólar se ha convertido en la “divisa refugio” de nuestra sociedad; es la moneda con la que el venezolano puede aspirar a una cierta capacidad ahorrativa que el bolívar ha perdido por completo a razón del continuo incremento de precios.

No obstante, no todo es color de rosas para quien usa dólares. Es necesario mencionar, aunque sea brevemente, que los precios marcados en dólares parecen subir cada cierto tiempo, lo que indicaría que el dólar también pierde poder de compra o, en otras palabras, que es presa también de la inflación que azota la economía venezolana.

Más allá de este fenómeno, la ventaja del dólar sobre nuestra moneda nacional es abismal. El uso de esta divisa, sea para adquirir bolívares a través de su venta o para empleándola para pagar, se ha consolidado como un modo de destenderse de las limitaciones asociadas al bolívar, una moneda que no puede enfrentar el contexto hiperinflacionario en que está sumergido el país desde unos años hasta el presente. El bolívar no es fuerte y mucho menos soberano, sino débil, famélico, inútil, coqueteando con la inexistencia.

Diego Almao
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