Apunte alrededor de la vacunación contra el Covid-19

FOTO DE ARCHIVO: Pequeños frascos etiquetados con la etiqueta «Vacuna COVID-19» y una jeringuilla se ven en esta ilustración tomada el 10 de abril de 2020. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración

Las vacunas preparadas para enfrentar la actual pandemia por el Covid-19 quizás sean los objetos más codiciados actualmente en el mundo. Después de todo, las sustancias contenidas en esas jeringas representan varias cosas para la especie que ha visto su vida arrebatada en el último año: salud, confianza, seguridad, normalidad, retorno, todo eso contenido en un escenario de libertad que dábamos por supuesto, escenario que nunca supimos apreciar como se merecía. El confinamiento lo ha probado.

Habitar nuestros hogares nunca ha sido tan difícil como ahora. Las cuatro paredes tan habituales parecen representar los límites del mundo, dejando los espacios externos como sitios fracturados por un gran cataclismo. La sociedad ha seguido avanzando más allá de esta nueva concepción del espacio, implementando la modalidad a distancia en los ámbitos donde es posible y estableciendo un estricto control biosanitario en aquellos donde no lo es tanto, esto como parte del intento por volver a los lugares que hemos abandonado por la contingencia.

La inmunización contra el Covid-19 mediante las vacunas desarrolladas por distintas alianzas en el mundo llenan de ilusión y esperanza a la humanidad por entero, que ve cada vez más cerca el fin de una reclusión que ha sido más llevadera para unos que otros. No obstante, es importante recalar el carácter complementario de las vacunas dentro de la estrategia sanitaria para afrontar y superar la pandemia del Covid-19 en detrimento de su supuesto rol de “solución definitiva”.

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Es importante recordar que ninguna vacuna tiene una efectividad del 100%, esto es, que no todas sus aplicaciones generarán inmunidad. Esto deja espacio para que una persona vacunada retenga la capacidad de contagiar el virus a otros y también para que experimente de primera mano los síntomas, todo porque el virus no es neutralizado por el sistema inmune.

Por el momento hay dos vacunas que han probado tener una efectividad superior al 90%, específicamente la vacuna realizada por la alianza entre los laboratorios BioNtech y Pfizer, y la elaborada por Moderna junto con el Instituto nacional de alergias y enfermedades infecciosas de los Estados Unidos (NIAID). Ambas vacunas ya han sido aprobadas en diferentes territorios, y son o serán aplicadas en los meses siguientes junto con otras que ya están autorizadas o que pueden serlo dependiendo de su desarrollo.

Estos son porcentajes muy esperanzadores para la humanidad en tanto incrementan las probabilidades de que neutralicen de manera efectiva el virus en nuestro sistema, razón por la que estas dos vacunas gozan de un lugar bastante importante en la estrategia dirigida a controlar y superar la actual contingencia sanitaria. En un tercer lugar puede colocarse a la vacuna de la alianza Oxford-AstraZeneca, que todavía se encuentra en la tercera fase de pruebas clínicas, aunque ya ha sido autorizada y aplicada en algunos países del mundo.

La vacunación de la población es necesaria para anular la peligrosidad del virus en la medida en que reduce el número de personas vulnerables a él, razón por la que la vacuna va dirigida tanto las personas que no se han contagiado como a las que sí. Hay reportes que confirman que las personas que se contagiaron 1 vez con el virus pueden volver a contagiarse y experimentar síntomas, por lo que la inmunidad que su cuerpo desarrollaría después de la primera infección no es una garantía.

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Como ninguna vacuna es 100% fiable, las medidas de bioseguridad a las que ya nos hemos acostumbrado sirven y servirán para evitar que el virus se propague entre las personas que no desarrollen inmunidad contra el Covid-19, así como entre quienes ya se han vacunado y esperan que su cuerpo desarrolle la inmunidad.

El anterior es otro punto que vale la pena resaltar: las vacunas no generan inmunidad inmediata en el cuerpo, deben pasar unos cuando días para que el sistema inmune desarrolle los anticuerpos necesarios para afrontar la enfermedad. Esto ocurre en todas las vacunas, especialmente en las que consisten en dos o más dosis para funcionar.

Debido a esto y otras razones, una persona recientemente vacunada no puede abandonar del todo las medidas de bioseguridad, tanto por su propia seguridad como por la de su entorno en el caso de que la vacuna no haya sido efectiva, y dado que las únicas formas de confirmar eso son la aplicación de pruebas la manifestación de síntomas, sería preferible no abandonar las medidas de bioseguridad hasta poco después de llegar al estado de inmunidad colectiva.

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Las vacunas son el medio que nos permitirá desarrollar inmunidad adquirida frente al Covid-19, un tipo de inmunidad que no requiere que nos hayamos contagiado previamente con el virus, o al menos no de un modo que nos haga experimentar síntomas en el caso de aquellas que contienen una cantidad reducida e inofensiva del virus.

Sin embargo, como se dijo anteriormente, que las vacunas no sean 100% efectivas deja abierta la posibilidad de que una persona vacunada aún pueda contagiarse y contagiar a quienes aún sean vulnerables, sea porque la vacuna tampoco les fue útil, porque todavía no se han vacunado, o porque su cuerpo todavía no ha desarrollado las defensas necesarias para combatir la enfermedad después de haber recibido la inyección.

Estos son tres escenarios por los que las medidas de bioseguridad que se han ido practicando por unos meses deben seguir durante y después de la vacunación. Distanciamiento físico, lavado de manos, uso de mascarillas y evasión de multitudes son algunas de las prácticas que deben prolongarse en pro de reducir el riesgo de un nuevo rebrote de la enfermedad hasta el momento en que ellas puedan ser suavizadas sin que ello represente un riesgo muy importante para las personas y la sociedad en conjunto.

En todo caso, las vacunas ayudarán mucho a contener la amenaza que representa el virus al brindarle protección a la población y, con esto, disminuyendo el número de posibles portadores del virus. Esto será de bastante ayuda para los sistemas de salud del mundo, que se han visto agobiados y hasta superados por el número de pacientes de Covid-19 con síntomas cuya gravedad no les permite ser atendidos dentro de sus hogares.

En los siguientes meses seres testigos y posiblemente ejemplos de la repercusión que tengan las vacunas en la actual contingencia sanitaria. Es indudable que ellas serán tendrán efectos positivos para la sociedad, y que nos acercan al estilo de vida que teníamos antes de la aparición y propagación del Covid-19. Ese sigue siendo un escenario un poco lejos del presente, pero no tan lejano como lo estaba unos meses atrás.

Diego Almao
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