AL GRANO

El profesor del Incae (Costa Rica), Enrique Ogliastri, resume en un apretado artículo muchas de la ideas que han sugerido los expertos para enfrentar el problema de la seguridad ciudadana. Como ya sabemos, Venezuela y, especialmente, su capital, Caracas, han entrado en una espiral de violencia que amenaza a sus ciudadanos permanentemente. ¿Qué hacer? En las siguientes líneas se plantean algunas soluciones.

Enrique OgliastriSeguridad ciudadana
Enrique Ogliastri

La gestión de la seguridad ciudadana implica actuar en varias esferas a la vez y tener una visión clara de adónde se quiere llegar a largo plazo y del entramado institucional necesario para alcanzar esa visión. La seguridad implica ver territorios (como una ciudad) orgánicamente ligados e influidos por otros territorios, poblaciones (grupos particulares de personas que representan problemas concretos) y recursos (siempre escasos). La seguridad tiene un elemento objetivo (como los índices de criminalidad y de convivencia) y otro subjetivo (como la percepción de seguridad y el capital social).

 

La seguridad ciudadana depende de acciones en cuatro esferas distintas. La primera es la prevención, como el patrullaje disuasivo. La teoría de los vidrios rotos indica que al mejorar el entorno disminuyen los crímenes. Se cuidan los parques, se evitan basuras, se pintan las paredes y una mano invisible incrementa la seguridad. En segundo lugar, la seguridad requiere una acción policial efectiva. La tercera esfera consiste en un sistema judicial justo, que no propicie la impunidad. Cuarto, la rehabilitación y el desarrollo del infractor para incorporarse a la sociedad que, junto con valores cívicos y de solidaridad (capital social), revierten en prevención.

 

La solución no es mano dura ni esfuerzos aislados: se requiere la integración de acciones e instituciones, sostenidas y orientadas por el tipo de sistema de seguridad elegido. Una clara tendencia internacional es la policía comunitaria, pero hay varios modelos para organizarla: desde pequeños centros de atención al barrio hasta centros mayores con capacidad de respuesta y movilidad que atienden una zona amplia de una ciudad. Se requiere también validar el modelo de impacto, para que las inversiones y acciones conduzcan efectivamente a resultados en los indicadores escogidos de medición de la seguridad. Algunos países se han lanzado a grandes inversiones en seguridad sin haber previamente validado el modelo de impacto, y terminan por derrochar sus recursos.

 

La seguridad ciudadana es un problema integral, de todos, para el cual se requiere un esfuerzo concertado de diversas instituciones de la sociedad: las autoridades locales, la policía, el sistema judicial, las organizaciones de la sociedad civil. Ninguna de ellas puede resolver el problema por sí sola. Las empresas son un grupo involucrado en este problema, forman parte del entramado social y, si bien su acción no tiene que ser directa, pueden desempeñar un papel clave aliándose con organizaciones de la sociedad civil, organizaciones gremiales (como cámaras de comercio o entidades asociativas) y gobiernos nacionales y locales. A una escala más interna, las empresas pueden propiciar voluntariados de los colaboradores en campañas ciudadanas y comunitarias, aportar fondos y desarrollar valores ciudadanos corporativos.

 

La seguridad es un problema acuciante en todas las ciudades y países de América Latina, y los políticos no pueden ser simplistas. El narcotráfico y las pandillas, amparados en el creciente anonimato de las ciudades, actúan para asentarse y se están organizando como un negocio a largo plazo. Esto no se resuelve sólo con represión pura y dura, sino combinando aportes en todas las esferas. Podrá solucionarse si todos ponemos una pequeña parte en la solución, si decidimos hacerlo en vez de pensar que es problema de otros, en lugar de quejarnos, o de cínicamente mirar a otro lado.

 

Fuente: Debates IESA, Volumen XVI, Número 3, 2011, pág. 40

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