INCAS DEL SIGLO XXI

Por Jorge Flores Riofrio

@FloresRiofrio

 

 

 

Para muchos venezolanos hablar de Lima Perú significa, raspar la tarjeta para conseguir dólares y venderlos, ya que la situación está dura y la devaluación convierte la venta de divisas en un  atractivo negocio para aquellos que pueden acceder a monedas extranjeras. El control cambiario obliga a los importadores a comprar dólares, aunque eso signifique comprarlos a 40 bolívares cada uno, así que venderlos es fácil. Ganarse unos 36.000 bolívares fuertes no está mal invirtiendo solo 6.300 bolívares más el pasaje. Además, se conoce otra cosa afuera y se usa el pasaporte, el cual evalúan  los “gringos” cuando se solicita la visa. Perú es solo una excusa para resolverse ¿No?

 

Yo creo que la nación Inca es mucho más, que solo un mercado de Dólares

 

Hace poco estuve en Lima como turista y fue sorprendente ver la dinámica de esa ciudad, una metrópolis latinoamericana con las desigualdades sociales de nuestro hemisferio sin duda, pero con una pujante economía, que la convierte en una capital acorde al siglo XXI. Aún conserva la gloria que pusieron sobre ella los reyes españoles.

 

Al estar en un lugar así y compararlo con la locura que vivimos en Venezuela, se sienten las ganas de quedarse y no tener que regresar al desorden y a la violencia de nuestro país. Sin embargo, esta vez no me vi tentado a hacerlo, sino más bien quería aprender de la ciudad para traer lo bueno e iniciar la construcción de la nueva visión nacional, la fomentación de la ciudadanía, la defensa de la institucionalidad en todo los niveles  y la lucha por el desarrollo social. Vi cosas buenas, otras no tan buenas y cada una me dijo algo acerca de nuestra nación.

 

La costa limeña es muy hermosa, desde la plaza del amor y el faro de la marina se ve toda la bahía, donde el Océano Pacifico reposa en fuertes olas que usan los surfistas para deslizarse entre ellas. En el puente de los suspiros, la arquitectura bohemia y el espíritu intelectual se mueve y te lleva a bajar hasta la playa, donde las aguas frías rompen en las piedras, creando un suave concierto. Allí en la playa, si se sube la mirada hacia la ciudad se puede ver en las tardes a algunos que vuelan en parapente, creando un contraste visual entre cielo, aventura y metrópolis porque los edificios modernos se exhiben allí cercanos, fanfarroneando acerca del progreso peruano.

 

Hacia el centro, se llega hasta las bellas plazas de San Martín y Fuerzas Armadas, rodeadas por los edificios que se conservan del virreinato. La arquitectura es imponente, el palacio de gobierno, el palacio de justicia, construido al estilo grecorromano y  el Museo de Arte de Lima, anuncian que la capital peruana, no tiene que envidiarle nada a las otras ciudades latinoamericanas.

 

Los edificios y las calles de Lima, sus avenidas y grandes centros financieros y empresariales, describen que en el país hay un crecimiento económico considerable. Evidente al comparar el actual Perú, con aquella sufrida nación de los años 80. Sin embargo, la desigualdad persiste con fuerza, hay barrios inmensos y marginales, cerros pintados por la miseria con los aires tristes de la pobreza, paisaje que contrasta con la ciudad llena de inversionistas y turistas que caminan por la hermosa municipalidad de Miraflores.

 

Conocer esta ciudad, estudiar la historia peruana y sentir a su gente, desde aquellos que se montan en los colectivos (vehículos de transporte de personas) gritando las avenidas por donde se dirigen, hasta las bien arregladas peruanas que caminan vestidas de progreso por los centros comerciales, me permite hacer reflexiones sobre el porqué de la actual realidad del Perú y hacer comparaciones con nuestro país, que nos permitan ver claramente algunas fallas y analizar qué podemos tomar prestado de una nación que hasta hace algunos años, estaba en una situación de crisis social profunda y dolorosa.

 

Hoy en día Perú es un país atractivo para los inversionistas, el Estado de esta nación, ha tendido una política sostenida en búsqueda de crear un ambiente seguro para aquellos que quieren invertir. Están fomentando el consumo interno y creando la plataforma para que el peruano tenga una conciencia ciudadana dirigida a tener ciudades agradables por los extranjeros que vienen con Dólares y Euros.

 

Se ha buscado crear un sistema armonioso entre la macro economía, centrada en la competencia de los mercados internacionales y la producción interna para el consumo nacional y para la exportación; y las medianas, pequeñas y micro economías que distribuyen la riqueza por medio de generación de empleo y sean de apoyo para el turismo. El Estado está generando oportunidades para el emprendimiento y para la inversión de grandes corporaciones que muevan la dinámica del país.

 

Esa forma de dinamización económica está trayendo prosperidad. Han vuelto al Perú un país, al que personas de todo el mundo quieren conocer. Sin embargo, el indio sigue limpiando las calles. En los callejones limeños que no visitan los turistas se ven mujeres de la sierra (región montañosa) caminando con sus bebés a cuestas, vestidas con sus trajes tradicionales y sus rostros incas que llevan las marcas del sufrimiento y los ojos de la tristeza que viven muchos descendientes de Tupac Amaru. La prosperidad económica no puede tapar la desigualdad enorme que maquilla de miseria las periferias de la capital peruana.

 

La pobreza y la desigualdad están presentes junto con la prosperidad de los últimos años. Es un proceso largo que ha iniciado Perú, hacia el bienestar de sus habitantes. Aún muchos ríos deben ser curados, la conciencia colectiva debe profundizarse y la distribución de la riqueza debe ser más equitativa para el desarrollo. Sin embargo, han iniciado con paso firme llevando políticas sostenidas con sensibilidad nacional, cooperando el Estado con la empresa privada para que todos ganen y la nación siga creciendo.

 

“El capitalismo popular” como algunos teóricos han llamado al incentivo de micro y pequeñas empresas como parte fundamental de una economía, y las trasnacionales y grandes corporaciones, están llegando a acuerdos que benefician a ambas partes. Se ha comprendido por muchos, que la lucha no es de un sector contra otro, sino en pos de una visión compartida, una visión nacional.

 

De Perú aprendí, que un país con un conflicto armado, con desigualdad y pobreza y con años de gobiernos insensibles a las necesidades de sus habitantes, puede surgir ante la difícil y cambiante economía global cuando tiene una visión y trabaja por ella de manera sostenida. Estar en la nación que hereda el legado Inca, le dio más fuerza a mi pensamiento, que el día en que asumamos juntos nuestro papel como constructores de la nación, independientes a ideologías ortodoxas, construyendo junto al Estado, tendremos la Venezuela que está en la mente de los hambrientos de progreso y bienestar nacional.

 

Por cierto, debemos ser más activos en la lucha política, no podemos darle espacio a este gobierno de millonas y mentes cerradas. Nuestro futuro depende de nuestra participación activa, en los aconteceres comunitarios, locales, estatales y nacionales. Un gobierno malo junto un pueblo pasivo, es sinónimo de pobreza. Aprendamos lo bueno del Perú.

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