El Taj Majal, Yamir y la profe rígida

Por Gabriela Gómez Almeida

@Gabymoon_

 

 

 

Les voy a contar la historia de cómo descubrí el significado del amor, de cómo conseguí a mi mejor amigo de por vida y de cómo impresioné a la profe rígida.

 

Era un día cualquiera en el instituto, yo me encontraba en mi asiento asignado por la quisquillosa profesora de ciencias de la naturaleza, que insistía en alejarme de las ventanas porque soy muy distraída, según ella, vivo en la luna, expresión que cada vez que usa me hace dispersarme aun más. Todos nos vemos a nosotros mismos en aquel satélite si nos evocan esa imagen, no es que yo sea demasiado imaginativa. En fin, esperé a que sonara la campana que anuncie el cambio de hora, que sin duda es un bonus por ser la última clase del día, y aparte, mi materia favorita. Esa que te hace viajar sin pasajes, sin padres, sin ahorros y desde la comodidad de tu asiento: historia.

 

​Los minutos transcurren rápido cuando en tu mente pasa algo interesante, cuando te pones a maquinar, a entablar conversaciones ficticias y situaciones. Así que sonó el timbre más rápido de lo esperado, y entró por la puerta la profesora más detestada del instituto, rígida como ella misma, su mirada fulminante llevaba escrito en llamas su auto denominada superioridad. Todos la odian, pero a mí realmente me agrada mucho.

 

​La clase -como todas las cosas, que mientras más te gustan menos duran- finalizó antes de lo esperado, esas dos horas parecieron media. La profe rígida nos dejó una asignación que me entusiasmaba mucho, debemos llevar una hecho histórico, un relato en el que se encuentre reflejado nuestro sentimiento favorito. Estoy decidida a conseguir el mejor de todos los relatos y dejar a mi salón y a la profe rígida boquiabierta.

 

​Así que cojo mi mochila y salgo camino a casa. Durante el trayecto no dejo de pensar en posibles historias, pero ninguna refleja mi sentimiento favorito, ni siquiera sé cuál es. Vivir en la luna no puede ser considerado un sentimiento.

 

​Llego a casa y paso horas con la mente en otro lado. Las funciones de comer mi almuerzo, tomar una ducha, cambiarme el uniforme y ordenar mi cuarto las hice completamente de manera automática, como un robot programado. Cada minuto que pasaba aumentaba mi frustración, no podía conseguir nada.

 

Durante la cena mis padres notaron mi distracción, supongo que ya la había llevado al máximo. Sé que me he sobrepasado cuando ya no tengo enfocada la mirada. En el instituto, cuando llego a ese punto ya me dicen “pegada”. En fin, estaba tan “pegada” que mis padres comenzaron a indagar, hasta que les tuve que decir.

 

– Es que hoy la profe Zoraida me mandó a buscar un hecho histórico que se relacionara con mi sentimiento favorito. Yo no tengo sentimiento favorito. ¿Dormir es un sentimiento?

 

Mis padres ríen, siempre es para ellos un gran momento ese en el que me abro  y me ven totalmente perdida. Saben que cumplirán su deber, que es guiarme, hacerme una mejor persona, cosas así. Lo veo claramente en sus miradas de complicidad.

 

– Pero mi amor, ¿Cómo dormir va a ser un sentimiento? Eso es una necesidad. No puedes confundir amor con necesidad. – Dice mamá, ella siempre es más sentimental.

 

– Tu sentimiento favorito para mí es el amor- interviene papá.

 

– ¿El amor? ¿Por qué? Yo no estoy enamorada de nadie papá, no inventes.

 

– Estás enamorada de muchas cosas. No tienes que amar a un chico para usar el verbo. Todo lo que haces lo haces con amor, así lo vemos mamá y yo.

 

– Sí, cuando te sientas a escribir en tu escritorio, cuando hablas con bigotes de tu día a día – Bigotes es nuestro gato, es el amor de mi vida hecho felino. – Lo vemos cuando te calzas tus zapatillas favoritas, cuando tocas la guitarra, cuando ves la lluvia caer…

 

– Tú amas mucho pequeña, nosotros admiramos eso de ti.

 

No sé qué decir, no sabía que hacía todas esas cosas, siquiera que eran objeto de admiración para alguien, y mucho menos para mis padres. Terminamos la cena en silencio y pido permiso para retirarme. Me acuesto en mi cama mirando el techo lleno de pegatinas de estrellas que brillan en la oscuridad, y me siento un poco más tranquila. Encontré mi sentimiento favorito, qué bonito es. ¿Cómo no lo había visto antes? Definitivamente soy “pegada”.

 

El día siguiente me paré tarde como de costumbre, salí sin desayuno, corriendo para llegar a tiempo a clases. Por suerte, cuando entré al salón el profesor no había comenzado. En su lugar había un chico frente al salón. Era un joven atípico, nada parecido a mis compañeros. Era moreno, su cabello negro simulaba el azabache, y su español no era muy bueno. Se presentó como pudo, brevemente, y luego el profesor le comentó a la clase que era un chico de intercambio, venía de la India y estaría con nosotros una semana para experimentar el sistema educativo del país. Su nombre era Yamir.

 

Yamir pasó y se sentó en los últimos puestos del aula, no se veían pizcas de timidez en su andar. Todos lanzábamos miradas encubiertas de vez en cuando. A mí particularmente me preocupaba mucho su comodidad, quería que se acabara la hora de una vez para acercarme y hacerlo sentir mejor. Tengo ese pequeño defecto de ponerme en los pies de todo el mundo.

 

– Hola Yamir. Puedes estar conmigo si quieres, te puedo ayudar a entender las clases, de hecho, puedo enseñarte un poco la ciudad. Mi casa está a unas cuadras, podrías acercarte a hacer tus tareas conmigo. O te podría acompañar a casa. Te puedo presentar a algunos chicos, por las tardes juegan futbol, ¿te gusta?

 

No recibí ninguna respuesta, sus negros ojos, profundos como pozos me miraban con una tranquilidad inquietante, no tenía expresión de no entenderme. Parecía escucharme, pero no respondió. Me limité a levantarme de su lado, me sentía humillada. Cogí mis cosas quizás de manera violenta y le eché una de esas miradas matadoras. Me dispuse a alejarme de él lo más rápido posible. Había herido mi intensión de ser amable.

 

​El día de hoy no fue como el de ayer, pasó el día más lento que nunca, pensé que las clases nunca terminarían. Claro, estaba en el mismo salón que una persona que me había tratado mal y me había hecho sentir como una tonta ¿Cómo pedirle amabilidad al tiempo? Sus ojos estaban clavados en mi espalda, me incomodaba al máximo. Difícilmente me podía concentrar. Como siempre, en mi mente había miles de cosas, entre ellas, un sinfín de posibilidades por las cuales él no me había querido responder. Finalmente se acaban las clases, me dispongo a salir del salón cuando alguien me agarra por el brazo.

 

– Te puedo acompañar a casa.- Dice Yamir.

 

– Claro.

 

Como mi sentimiento favorito y digno de admiración es el amor, no puede haber odio en mí, supongo. Así que acepté. Fuimos todo el camino en silencio, él me seguía con pasos seguros, pateando piedritas y pisando las hojas secas. Yo ya había hecho demasiado, y aunque acepté el paseo no pretendía seguir presionándolo. Al llegar a la puerta de mi casa decidió romper el silencio.

 

– Disculpa lo de antes. No tenía planeado hablar con nadie durante mi estadía.

 

– No tenias que hablarme si no querías. No te obligué.

 

– Lo sé.

 

– Ok.

 

– ¿Aquí todos son tan susceptibles?- Dijo con una media sonrisa.

 

– Pensé que no manejabas bien el español.

 

– Vivo viajando, mayormente por América del sur. Mi papá es embajador. Me crié en los idiomas.

 

La conversación se extendió por horas, nos sentamos en el porche a hablar de los países que había visitado y de sus cortas relaciones amistosas. Fue ahí cuando entendí porque no había querido responderme desde un principio. Me sentí un poco avergonzada por mi reacción, quizás un poco temperamental. Pero, sin embargo, no lo justifico. Mi mamá me llamó para almorzar así que tuvimos que despedirnos.

 

Así pasaron varios días, nuestras conversaciones en el camino a casa siempre se hacían más interesantes y el almuerzo cada vez me lo comía más frio. Yamir era una persona estupenda, me hice más amiga de él en una semana que de muchos de mis compañeros que veía a diario desde hace más de 4 años.

 

Hasta que llegó el domingo, el lunes debía presentar mi historia en clases de la profe rígida y lo había olvidado por completo. Entré en un estado de desesperación intenso. Me pasé todo el día en la computadora, con la esperanza de que Google –el que todo lo puede- solucionara una vez más mis conflictos a la hora de hacer tareas. Pero no conseguía nada que me apasionara. Se hizo de noche y yo estaba perdida y esta vez mis papás dormían, no podían venir a mi rescate. Lloraba en mi cama como una prepuberta, lágrimas de frustración bañaban mi almohada. Iba a decepcionar a mi profesora favorita y a mí misma por andar con la cabeza en la luna como siempre.

 

En medio de mi caos, cuando ya me había rendido y me encontraba inventando excusas para dar mañana en clases, una lluvia de piedritas contra el cristal interrumpió mi vago pensamiento. Era Yamir, sentí una especia de calma, quizás él podría ayudarme. Al verme supo de inmediato que había estado llorando, y se burló de mí un rato.

 

– Voy a decepcionar a todo el mundo. Soy una irresponsable. Tengo la cabeza en la luna, siempre me lo dice la profesora, y tiene razón.

 

– Luna. Ese es el significado de mi nombre.

 

– ¿Yamir significa Luna?

 

– Así es.

 

– Entonces siempre tengo la cabeza en Yamir.- Ambos reímos como tontos. Hicimos chistes sobre eso durante un largo rato. Todo mi mal humor desapareció.

 

Esa era su última noche en la ciudad, ya se había cumplido su semana de prueba, partiría a primera hora. Había conseguido el mejor amigo que podía pedir. Intercambiamos números y nuestra amistad sería para siempre. Lo supe desde el primer momento que me fije en la profundidad de sus ojos, y lo confirmé luego cuando me dijo que Yamir significaba luna.

 

Llegué preparada para contar mi relato en clases de historia, todo estaba perfectamente estructurado en mi cabeza, tenía fresco en mi mente el relato que Yamir me había contado la noche anterior mientras veíamos las estrellas en el techo. Nunca me había hablado con tanta seriedad. Me dijo que me contaría una historia que me gustaría, era sobre su lugar favorito en la India: El Taj Majal.

 

Yamir estuvo en el Taj Majal por última vez a los 14 años, todos los años anteriores se la pasaba ahí casi a diario, y deseaba volver con todo su corazón. Me contó que ese palacio le fascinaba y podía pasar horas sentado en el Jardín del Paraíso contemplando su estructura. Que muchas veces se le sentaban turistas al lado y él gozaba contándoles la historia del lugar. Respiré profundo y sin ayuda de ningún apunte, me dirigí a todo el salón:

 

– “Todo recae en la historia de amor del emperador Shah Jahan, que a pesar de ser de una familia muy pudiente, cuya riqueza era ilimitada, nunca fue una persona material. A sus 20 años cayó perdidamente enamorado de una mujer que conoció en un bazar de cristales, esta mujer se llamaba Muntaz Mahal, ella era la hija del Primer Ministro de la Corte. El príncipe, impresionado por su belleza, preguntó el precio de un collar de diamantes que ella se estaba probando. El príncipe se lo regaló y así la conquistó de inmediato. Como la próxima princesa tenía apenas 15 años tuvieron que esperar 5 años para casarse, durante ese tiempo no podían verse. Pero al final se casaron y tuvieron una celebración espectacular…”

 

– “Unos años después el príncipe fue coronado como Rey del Mundo y gobernó en paz. Fueron felices durante mucho tiempo, pero una tragedia cambió la historia. Su amada no resistió el parto de su catorceava hija, y falleció. En su lecho de muerte dijo a su esposo algo que cambió por siempre el mundo, pues dio a él una maravilla. La reina le pidió a su rey que construyera en su memoria un monumento sin igual en el mundo. Dicho y hecho, el Rey contrató a 20.000 obreros para construir el que sería el mejor mausoleo del mundo y un ejemplo de simetría. En una curva del río Yamuna se eligió el emplazamiento del increíble mausoleo. Llevó veintidós años su construcción, está hecho de mármol fino, jade y cristal, turquesas, lapislázuli, crisolita, ágata, zafiros, amatistas, coral, malaquita, cuarzo, diamantes y ámbar. Materiales traídos de todas partes del mundo.

 

El emperador Shah Jahan quería construir su propio mausoleo en mármol negro, a imagen y semejanza del de su esposa, al otro lado del río Yamuna, y unir después ambos mediante un puente de oro. Hoy, al otro lado del río, frente al Taj Mahal, queda un resto, en piedra roja, de lo que se dice que fue el inicio de la construcción del edificio gemelo del Taj Mahal. Pero no llegó a construirse ya que Aurangzeb, tercer hijo de Shah Jahan, después de vencer a sus hermanos y hacerse con el poder, encarceló a su propio padre en la fortaleza roja de Agra.

 

Shah Jahan murió en prisión, después de largos años de enfermedad, contemplando desde sus alojamientos en el Fuerte Rojo el Taj Mahal, su gran obra, monumento a su amada y refugio para el descanso eterno de ambos. En su lecho de muerte, a los 74 años, pidió que se le colocara un espejo para ver la tumba de su esposa. Se dice que cuando murió, miraba el Taj Mahal.

 

Pero el hijo del Shah Jahan rompió con la perfecta simetría del mausoleo por venganza, al enterrar a su padre al lado de Mumtaz Mahal. Ella está representada por una pequeña loza, y el Rey, por un tintero, símbolo de la mujer como un papel en blanco en la que escribe su marido. El Taj Mahal tiene algo de mágico, quizás por la tonalidad que  le confiere el mármol del que está formado que cambia de color según la luz que recibe, o quizás por su significado, el caso es que al verlo nadie queda indiferente.”

 

Esta parte la agregué yo:

 

– El Taj Majal es el símbolo claro de lo que se puede llegar a hacer por amor, no por lo material, sino por el deseo de satisfacer a la persona amada, de cumplir sus deseos y darle más de lo que pudo haber pedido. – El salón entero me veía sin despabilar, estaban realmente sumergidos en mi relato. Dudé en continuar, me consumía la vergüenza de estar hablando de algo tan cursi frente a todos. Pero debemos regalar, así que continué.

 

– El amor es un regalo divino, que se recibe sin ser pedido,  y como toda cosa que gusta, va acompañada de un gran dolor. El amor nos sirve para sobrellevar la realidad de la vida. Y el amor, como me dijeron mis padres, no solo es el de un hombre hacia una mujer. Damos amor todos los días con nuestros actos a las personas que nos rodean. El amor es dar un regalo a la persona amada, sea material o no. Yamir me dio este regalo que hoy estoy compartiendo con ustedes, mis papás me dieron el regalo de la vida, la profesora me da el conocimiento. Yo les estoy regalando esta historia a ustedes hoy, porque el amor es mi sentimiento favorito. No me costó nada descubrirlo porque está a flor de piel. Y no lo inventé yo, ni lo inventó el emperador. Tiene más años que todo el instituto junto y da pie a un sinfín de historias, porque hasta las guerras más sanguinarias nacieron por amor a algo. Aunque no lo entendamos. El mundo así funciona, y esas son y deben ser sus bases: hacer las cosas por amor, y con él.

 

Al terminar, hubo un silencio de 1 minuto que para mí fueron como horas, y luego estallaron en aplausos y la profesora volteó la mirada hacia mí, en sus ojos se veía el orgullo. No me dijo nada, pero no hacía falta. Esta fue la historia de cómo descubrí el significado del amor, de cómo conseguí a mi mejor amigo de por vida y de cómo impresioné a la profe rígida.

 

 

 

FIN


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