Yo
Por Arturo Guillén
Tomarle la mano era efímero como el suspiro del último coito, los humos del deseo se disipaban por su inconsistencia. La recuerdo… es lo que me queda, una mueca de su boca, un gesto con sus manos, una mirada de pasión y una de ira, un llanto en puro texto, intentando acercarse a un destino incierto.
Todo convertido en un paradigma de lo que veo en mi futuro. Ella es la raya dibujada en el suelo de mi destino, la que no se altera, la que no cambia a pesar de los tumultuosos transeúntes que tratan de transformarla con su transitar. Mi mente forma su figura y la de muchas, más de lo que se puedan visualizar en las horas donde el metro se jacta de poseer la ciudad para él solo. Sin embargo, esas formas, esas sombras que poco a poco quieren manifestarse, se desdibujan por los anhelos de mi soledad. Imaginándome, con cada una de ellas, lo perecedero del acto de tomar la mano y caminar juntos.
No era ella, no era la anterior, no será la siguiente… sólo seré yo.
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