Gula por la vida
Por Mariana Marchena
@pachena32
Apenas supe de la existencia del libro “Elogio de la gula” del historiador Germán Carrera Damas quise leerlo. Y así fue. La verdad es fascinante cómo en cada línea escribe acerca de la gula desde el punto de vista antropológico, histórico, religioso y filosófico con una sutileza y una agudeza que lo aleja de ser un libro simplón pero que tampoco llega a ser inentendible. Confirmaba con cada capítulo terminado, mi deseo de escribir lo que fuere, referente al libro; pero ahora que apenas voy por la mitad, me detengo pues siento la necesidad de hacer una analogía, sobre el mundo gastronómico y la vida misma. Viendo la vida como un gran banquete en donde todos somos comensales y decidimos unas veces –otras no tantas– qué comer, pero que al final sí decidimos si disfrutamos o no cada bocado.
Tomo como referencia un párrafo revelador que explica de manera estupenda de qué va la gula: “Aunque considero un reduccionismo abusivo asociar la gula con el comer en lo que convencionalmente se considera exceso, no rechazo su preferente asociación con el comer cuando este ejercicio es vivido como una de las expresiones de la global aspiración vital de placer y bienestar. […] Es decir, en el buen comer se conjugan las potencias del bienestar y la felicidad: Gusto, voluntad y amor. En el fondo, tres variantes de una misma aptitud: la de PREFERIR. No parece posible concebir una manifestación más pura de la libertad que esta. Ella se realizará así en nosotros, por nosotros y para nosotros. No rozaría ni chocaría, mucho menos disminuiría, la libertad de otros. Sería, en suma, el inalcanzable paradigma de la Gula de la vida”. Elogio de la gula, Carrera Damas, p14, 2014.
En otras ocasiones he traído a colación este asunto, sobre todo la postura religiosa contra los excesos como la gula, cuando contradictoriamente los mejores documentos gastronómicos, como recetarios, fueron escritos por religiosos de ambos sexos, en los cuales quedaba demostrada la pasión que le ponían, ¡SÍ!, Pasión a cada elaboración de cada plato, desde salir a recolectar las mejores hortalizas, como preparar las mejores especies, ¿y para qué?, no solo para llenar la panza, sino para agradar al comensal y a ellos mismos. De manera muy vívida lo describían también los griegos –hedonistas por excelencia– en sus grandes Banquetes y bacanales que duraban días… ¿A quién no le gustaría pasar días comiendo rico, con buena bebida y buena compañía? Para mí sería un sueño hecho realidad algo así como un Woodstock gastronómico.
A lo que iba, el autor repara en aclarar la diferencia entre locura y gula, para aquellos que inequívocamente las “meten”, por decirlo de alguna manera, en el mismo saco. En otro párrafo encontramos que “la locura es una condición cuya existencia es independiente de la voluntad de quienes la viven, la gula es una aptitud que requiere no solo oportunidad para su ejercicio sino también asiduo cultivo. Se puede vivir una locura quieta, pasiva; la gula no puede ser sino inquieta, activa”. Elogio de la gula, Carrera Damas, p.26, 2014.
Y esta actividad, este movimiento, este fiat, es lo que nos hace tener una bonne vie. No discutiré aquí la errónea definición de la gula vista desde la óptica cristiana, hablaré más bien del placer que genera el comer, el preparar un plato, pero no cualquier plato –he aquí otra diferencia– no es el comer por el comer cualquier cosa, es el comer bien, escoger el plato del menú, el que tenga los mejores ingredientes, la mejor presentación, el mejor olor, las mejores texturas.
Este año, que se va dentro de nada, fue un Banquete extraño, con mucha variedad al principio pero con platos muy pretenciosos, como esos restaurantes que tienen cientos de platos para escoger con espectaculares fotografías y que todos tienen un mismo precio –como esas tiendas de todo a 5$– y que al final son platos sosos, mal presentados y preparados con los ingredientes más baratos y servidos en mesas sin mantel y un ambiente muy bullicioso. El apuro, lo simple, lo más cercano te hace tomar esta opción, sin darte cuenta de que a menos de una cuadra hay un mejor lugar. Este año aprendí que Todos nos merecemos siempre el mejor plato y que esto nos abrirá un abanico de posibilidades; te encontrarás a comensales que estén en sintonía con tu pedido, a otros que no tengan ni idea pero quieren aprender y a otros que tengan mucha más experiencia que tú, pero que estén dispuestos a ofrecer sus conocimientos.
A veces como comensales, nos volvemos un poco irresponsables al ir siempre al restaurant donde nos atienden mal, la comida es pésima, y lo peor de todo, salimos molestos con los dueños cuando olvidamos que fuimos nosotros los que escogimos y escogemos el mismo lugar una y otra vez. Una cosa es dar una oportunidad pero no tres, ni cuatro, ni cinco. Además todos los malos restaurantes tienen un común denominador: son fáciles de detectar, unos más que otros, sin embargo, en nosotros está estar atentos para poder atinar cada vez más con más frecuencia con buenos lugares. En este caso, recordando la analogía con la vida, cambio la frase: en nosotros está estar atentos para poder atinar cada vez más con más frecuencia con buenos lugares, buenas personas y buenos momentos.
Nada es culpa de la mala ni de la buena suerte, ni de la casualidad, existen causas y señales de que algo anda por “buen camino o por mal camino”. Lo que tengamos o no de la vida es una elección. Es cierto que a veces malas elecciones de otros nos sorprenden, pero nosotros elegimos si nos quedamos molestos, miedosos, tímidos, rencorosos o petrificados ante aquello o si elegimos repasar, aprender y seguir adelante. La gula se asocia también con “creatividad, refinamiento y búsqueda de los más elaboradores satisfactores”, entonces seamos unos glotones por la vida, la buena vida.
La gran Celia Cruz cantaba que “la vida es un carnaval”, yo digo que la vida es un gran restaurant que nos presenta a diario un menú, en el cual debemos no escoger el mejor plato, ni el que nos sugieran, o el plato estrella, o el que tenga el comensal vecino, ¡sino el plato que nos merecemos! Que en nuestra elección se conjuguen Responsabilidad, Gusto, Voluntad y Amor.
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