¿Cómo es que dices que se llama…? ¿“Navidad”?

Por M. Navas

@Estadovegetal_

 

 

 

Desde pequeña siempre esperaba ansiosa las navidades porque era la única fecha en la que toda mi familia hacía el esfuerzo por unirse y lo lográbamos.

 

Me encantaba estar en familia, reír, bromear y almacenar recuerdos que son los que ahora me mantienen flotando en la  balsa de la isla desierta en la que se convirtió este mes que debería ser el más especial.

 

Diciembre es el mes de las excusas perfectas para reparar todo el daño que hicimos,  para perdonar a otros, para abrazar a quienes nos morimos por abrazar  todo el año pero el orgullo vil no nos dejó.  Son 31  oportunidades de reconciliación contigo mismo,  con tus seres queridos,  con quienes ya no están pero sigues queriendo…

 

Y ves tantas recetas para hacer dulces navideños, hallacas, pan de jamón,  torta negra, el ponche crema y el pernil… y pasas una semana entera decorando tu casa, con el entusiasmo que (posiblemente) te faltó todo el año. Pero no conseguimos una receta que nos vuelva a unir como familia. No conseguimos ingredientes para sanar nuestras heridas. Las las luces del arbolito no llegan a alumbrar esos rincones del alma que tenemos tan oscuros.

 

Tantas familias separadas,  por diferentes razones,  migraciones,  asesinatos, batallas perdidas con enfermedades que vencen nuestros cuerpos… Cada año, sin contar con las estadísticas… ¿cuántas familias dejarán de celebrar fechas festivas por el asesinato de algún ser querido: hijo, hermano, padre, madre, sobrino, primo, nieto… cuántas familias sufrirán ese dolor provocado?

¿Cuántos años vendrán que muchas personas lo empiecen sin esperanzas… Creyendo que nada mejorará.

 

¿Cuántos más se unirán a cenar y colocar en la mesa el retrato de ese ser querido que ya no está?

 

¿Son más los que están de luto… los que perdieron la fe y la esperanza?

 

Hay quienes no podrán viajar por la situación económica. Jamás llegamos a pensar que sentarnos a cenar en Noche Buena con nuestra familia tendría un costo muy alto. Nunca fue un problema cuántas hallacas regalábamos, porque en navidad era lo que más había. En casa siempre comíamos hasta los primeros 10 días del mes de enero y llegué a quejarme, ¡ahora estaría muy feliz si eso fuese posible!

 

Quizás no cesen las ansias de robar de un delincuente…  y los puentes no se queden sin suicidas…  y la lluvia no deje de espantar a quienes se quejan de la sequía pero detestan que llueva… quizás en una década o en menos, la  navidad sea un cuento mágico que tengamos que contarle a nuestros hijos y nietos…

 

Me entristece pensar que serán más lo que tienen una razón para llorar que para celebrar…  demasiadas ausencias para seguir adelante (quizás),  demasiadas injusticias como para celebrar (posiblemente), demasiadas deudas como para gastar (seguramente).  Pero lo que siempre deseamos cuando alguien ya no está, es haber hecho tantas cosas con esa persona…  entonces, ¿por qué no disfrutar de los que continúan aquí,  junto a nosotros?  Y recordar a quien ya no está sin cegarnos de lo que nos queda. Es más fácil siempre fijarnos en lo que ya no tenemos y dejamos pasar lo que sí.

 

¿Navidades? ¿Así es que se llaman? Quizás los recuerdos de aquellas reuniones decembrinas cada vez sean más borrosos…  y la crisis que se vive en el país sea un motivo suficiente para frenar nuestras ganas…  esas que nos llevan a otras ciudades a reunirnos con esos seres queridos con los que compartimos momentos especiales y unos que otros difíciles. No deja de ser una realidad que para muchos corazones que están congelados,  será muy difícil estrechar los brazos y regalar un abrazo con un « ¡Feliz Navidad»! eufórico, y puede que sea entendible.

 

Quizás ya no bailes,  ya no grites,  ya no te comas las 12 uvas que acostumbras, no te comas el plato de lentejas antes de las 12 y ya no salgas corriendo con toda tu familia con maletas vacías por toda la calle a ver si el próximo año te vas de viaje…  posiblemente en tu familia queden menos miembros… pero que no nos terminen de quitar lo que nos va quedando: esas personas que si llegaran a faltarte,  desearías retroceder a ese instante, abrazarlos y decirles lo mucho que les quieres.

 

Que el haber perdido a unos no te haga menospreciar a los que continúan contigo. Sé que como venezolanos no perdemos esas ganas de juntarnos a comer, a disfrutar de lo poco o mucho que hay, de seguir celebrando que por fin ganó Venezuela y que en el 2016 empezarán los cambios… que aunque sabemos que es difícil, lo anhelamos.

 

Entonces no te quedes sin regalar abrazos, sin perdonar a quienes te lastimaron y reconciliarte con quienes sea necesario. Disfruta de lo que tienes… finalmente no sabes si volverás a tenerlo en la misma cantidad. Este diciembre será único, te toca vivirlo con la esperanza de que más adelante será mejor.

 

 

Fotografías tomadas en: San Diego, Valencia (valenciainforma.obolog.es) y Plaza Francia, Altamira.

 

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