De la dimensión pretoriano-mercantil

La literatura especializada ha logrado definir y abundar sobre la influencia abusiva de la Fuerza Armada en la vida política, distinguiendo varias modalidades, frente a la literatura meramente divulgativa que a tiende a alterarla y a confundirla. E, incluso, el pretorianismo ha adquirido una injusta significación ofensiva que desmiente las serias elaboraciones y aportes de la academia. No obstante, en la Venezuela contemporánea, gana otra denotación y connotación.

En efecto, en el terreno económico, ya no se trata del común esfuerzo de todos los sectores sociales por capturar la cuota de la renta que el populismo prebendario y clientelar legitima. Más allá de los actos manifiestamente delictivos, como el eventual o efectivo  cobro de comisiones por los contratos de adquisición de equipos sofisticados o el vulgar cobro realizado en las arterias viales – urbanas y rurales – que custodia la entidad castrense, frente al conductor desprevenido, se evidencia una incursión lícita y organizada gerencialmente en el propio mercado.

En efecto, la aparición y multiplicación de las firmas mercantiles adscritas al ministerio de la Defensa en la presente década, en el ramo de los servicios, sin precedentes históricos tan vigorosos, nos remite a empresas de amplio objeto social, dedicadas a la banca, construcción, telecomunicaciones o turismo. De ello, dan cuenta las Memorias y Cuentas del despacho ejecutivo de Defensa y de las autorizadas solicitudes de créditos adicionales al presupuesto, formuladas y gestionadas en la última década por lo que respecta – obvia e inexorablemente – a la Asamblea Nacional.

Es de concluir que el fenómeno corresponde, en propiedad, a la confesa construcción de un socialismo rentístico, cuyo agotamiento – tras el efímero esplendor de los altos precios internacionales del petróleo – se tradujo en la crisis humanitaria que padecemos. Acotemos, por una parte, socialismo que transcurre siempre con la expectativa de mejores precios, pues, aunque esa mejoría no se produzca, intenta sobrevivir por el resuelto y contraproducente gigantismo estatal; y, por otra, en el campo militar, se aspirando a la supuesta autosustentabilidad de la Fuerza Armada, pretensión que en parte alguna del mundo corroboramos.

Luego, la dimensión pretoriano-mercantil impone otras distorsiones al precario mercado interno en el que no puede competir, vedado el difícil mercado externo, reduciendo la tentativa a una  manifestación más del gigantismo de un Estado invertebrado para identificarse y correr una suerte semejante a  la de quienes ejercen su dirección hegemónica.  Por lo demás, el fenómeno se inscribe en otro  de superior calibre:  las consecuencias de la  otra Venezuela Saudita,  afincada en los indigeribles, efímeros y elevados precios del petróleo, el irresponsable desencadenamiento de una deuda pavorosa, como la generalizada e impune corrupción.

(*)  Síntesis de la ponencia “Fuerza Armada y Socialismo Rentístico”, presentada en el III Coloquio de Historia Parlamentaria de la Asamblea Nacional: Parlamento, Control Civil y Fuerza Armada. Caracas, 20/07/2016.

Luis Barragan
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