La Venezuela del Toboso

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En la intimidad del  ámbito oficialista, únicamente los más altos funcionarios del Estado reconocen y discuten con alguna sinceridad y exactitud, la situación real del país, impedido el resto de hacerlo con la franqueza de las dramáticas cifras con las que cuentan y le prohíben revelar. Las consignas, por frágiles y agujereadas que parezcan, por obra de las polillas que invaden a un ya muy largo gobierno, resultan inútiles excepto para las agencias creativas que limpian la olla para intentar la versión idílica de un país, desprestigiando a los propios publicistas que no logran una cuenta en el extranjero para huir.

Los más modestos funcionarios sanitarios, tributarios, policiales, aduaneros o laborales, por citar algunos casos, saben muy bien de epidemias, crímenes, contrabandos o despidos muy verídicos que no llegan a los medios de comunicación y, desde hace un buen tiempo, tampoco al departamento o a la sección de estadísticas correspondiente. El jefe de una inspectoría del trabajo que se respete, sabe muy bien que ha de maquillar sus informes mensuales o anuales a una superioridad que hace algo semejante, pues nadie les pide esa honestidad que resulta arriesgada, como peligroso es que se deslice algún comentario adverso sobre una guerra económica que el cursante de estado mayor no aprecia aun partiendo de la nada nueva doctrina militar impuesta.

Los más altos funcionarios gozan de los informes obtenidos por canales diferentes al procesamiento burocrático y quién sabe a cuánto llega el costo de las consultorías que los prodigan. Nos han referido, sendos y consecutivos estudios de opinión, actualizados a la vez sus costos, orientan las decisiones más atrevidas en las que incurren, tratando de escarmentar el evidente descontento popular por la vía de la represión o la de una mayor privación de alimentos, medicamentos y productos para el aseo personal.

Incluso, hemos sabido de la arbitraria distribución de insumos que, cada vez alcanzan menos, propiciando la corrupción, bajo criterios absolutamente disparatados.  A este socialismo de ocasión, se le antoja de caracterizar como áreas de clase media alta a comunidades de un claro perfil popular que, por muchos profesionales universitarios que tenga por residentes, igualmente están condenados por el deterioro económico, la baja calidad de vida, la inseguridad personal y el desempleo, rumbo a la marginalidad social.

Acróbata de las ilusiones ópticas, Nicolás Maduro insiste en una Venezuela del Toboso que ya a pocos seduce, convertido el socialismo en una extraordinaria estafa. Contra toda evidencia, la dice generosa, pacífica, saludable, próspera, justa y hermosa, porque él no tiene que lidiar con una extendida cola en horas de la madrugada, la delincuencia común y política, sin que le alcancen los reales para productos que tampoco se conseguirán.

Luis Barragan
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