Inequívoco. Sin excusas

inequivoco

El desespero de los venezolanos por salir de esta catástrofe en la que se nos convirtió el país, nos ha enseñado que cada paso cuenta, que es muy importante ir sin prisa, pero sin pausa, y que irreductiblemente, “seguro mató a confianza”.

Desde que los venezolanos salieron en masa cívica, pacífica, confiada, honesta, genuina, demócrata… el pasado 1 de septiembre, se han hecho múltiples análisis, que sutilmente han desvirtuado a los convocantes en reclamo de acciones concretas. Esos análisis no terminaron de salir de los cuartos de estudio, no se permitieron la reflexión necesaria, luego de recibir el inequívoco mensaje de la gente en la calle.

Los cientos de miles de venezolanos que poblaron las calles de Caracas –y otros tantos a los que no dejaron llegar- cumplieron no solo con los objetivos trazados por los convocantes –la MUD-, sino que además cumplieron con su conciencia, con su propio civismo, con sus convicciones democráticas.

Muchos activaron en sus análisis la hipótesis según la cual la multitud se deja guiar como borregos por un grupete de asustadizos colaboracionistas. Qué poco respeto.

El mensaje fue inequívoco. Quienes se empeñan en reclamar acciones más allá de las anunciadas y cumplidas, irrespetan las convicciones democráticas de los venezolanos. No hay excusas para seguir azuzando a un país que ha demostrado su capacidad cívica, su compromiso, su fuerza.

Algunos, detrás de la autoridad moral que dicen representar, insisten en irrespetar, practican la intolerancia que le critican al adversario político, se esconden en un par de gritos y golpes a la mesa y en definitiva, proyectan el autoritarismo, la anarquía y el desorden que al sol de hoy tienen a Venezuela en el foso.

No hay excusas para demeritar el esfuerzo organizativo, el éxito de la convocatoria, la monumental demostración y la incontestable madurez de un pueblo que no cae en la trampa, ni del gobierno y sus amenazas, ni tampoco de los que creen que desmontar el engranaje dictatorial es cosa de pasar un interruptor de corriente.

Aún falta. La democracia exige sacrificios y los venezolanos los están sufriendo. El liderazgo debe reflexionar y entender el mensaje recibido. Desde las formas debe revisar la retahíla de oradores desabridos, incapaces de comunicar emoción ni de activar metamensajes clave en la gente.

La agenda, también inequívoca y sin excusas, amerita de más visión estratégica. Todo es perfectible, en la medida que el fondo del asunto siga siendo salir de este desastre de la mejor manera posible: voto a voto, para evitar cualquier posibilidad cierta de regreso de este un movimiento revanchista, corrupto, inviable, tiránico.

Continuemos por el camino seguro, paso a paso, con firmeza y convicción, que son la única manera de rescatar al país, con confianza.

 

Alfredo Yánez Mondragón
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