Rúbrica para un día trascendente

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Novedad alguna reporta la reciente represión y movilización en Caracas, pues, ya por varios años, la oposición ha sido mayoría en el país, a pesar de aquellos que, hasta con un tufo colaboracionista, la aseguraban tan minoritaria como democrática la vocación de Chávez Frías. E, incluso, luce inevitable recordar, cuando – diez y más años atrás – planteábamos la naturaleza real del régimen y su cubanización, a los descreídos y burlones compañeros de dirección que juraban devoción a las encuestas probablemente diligenciando uno que otro favor oficial.

Consecuente con el principio de la réplica inmediata, habituado por su predecesor, Maduro Moros citó a un acto en la emblemática avenida Bolívar sobrado de malabarismos para ocultar el fracaso de una convocatoria afincada fundamentalmente en el empleado público. La agigantada burocracia no le respondió ni le responde, porque pasa el hambre pareja y sufre de enfermedades como el resto de la población, aunque ésta no tiene ocasión de mirar las diarias corruptelas y triquiñuelas de una superioridad que raspa la olla como el que más.

Dos importantes voceros del gobierno, aludiendo irremediablemente a la concentración opositora, la estimaron en treinta mil personas. Insincera, cifra importantísima como para que el gobierno la admita, porque – siendo  tan multitudinaria, nutrida, vigorosa – el extinto presidente la llamó tan insensatamente escuálida y quiso maldecirla, maldiciéndola, como si jamás tendríamos ocasión de conocer la verdad.

Entonces, el asunto no estriba en la demostración de fuerza ciudadana que es evidente, sino en el fracasado  oleaje represivo, previo y posterior al evento, añadida la sistemática obstaculización e impedimento para acceder a la ciudad capital desde el indignado interior, como la cacería interesada, selectiva e individual de brujas que se ha desatado. Bocones como Diosdado Cabello y Freddy Bernal,  querrán pasar por alto una lección que los coloca cada vez más en las manos de un Maduro Moros que ya resolvió – o dijo resolver – el problema representado por Rafael Ramírez.

Culminando la faena caraqueña del día, el masivo y puntual cacerolazo los aturdió aún en las vecindades difíciles de Miraflores. Ni siquiera los colectivos armados se atrevieron a lanzarse a la calle para tratar de perturbar y atemorizar, a una hora inesperada de la noche, aceptando la firma del rechazo popular.

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