Dude. Dude de todo y de todos

dude

Hoy nada es cierto. Dude de todo y de todos.

Hoy, en Venezuela, impera la incertidumbre.

Se deja para las próximas horas lo impostergable, y a un tiempo, se acelera lo que desde hace mucho se ha debido evitar.

Tanto nadar para terminar en la misma orilla, esa misma que requiere de un liderazgo real, curtido y dispuesto.

Este es el río revuelto que suena, porque trae piedras de variados tamaños. Es un río revuelto por escombros, donde no habrá ganadores, porque a ninguno de esos que se llaman pescadores, en verdad les enseñaron a pescar.

El país se levantó como cada día, de estos días, sumido en la desesperanza, en la angustia, y al mismo tiempo, en una resignación falsa, porque aunque insista en la rutina, sabe que nada es igual, que nada será igual, que esto no se queda así.

La procesión va por dentro, y de tanto que ha ido este cántaro al agua, se va a romper.

Qué queda. Preparase en conciencia. Es el momento –repito- del liderazgo, pero también es la hora de cada uno, en su propia condición de miseria a escala.

Hasta ahora se ha mantenido (por ingenuidad, miedo, coraje democrático, arraigos, sentimientos… o lo que sea) un evangélico apego a las normas del librito cívico, el de la edición de pasta dura y colección.

Toca –ha quedado demostrado- retomar ese mismo librito de civilidad, pero el de su versión de bolsillo, esa que se puede llevar a la calle, y mostrar, y usar con mente fría y corazón caliente. Porque así son los sentimientos, y todo esto que pasa en Venezuela tiene que ver con lo que sentimos.

Esta, y no otra, es la hora de entender. Ya no hay espacio en las mejillas, ni en la cara para otra cachetada. Ya se agotaron los eufemismos. Ya se terminaron los artificios y las argucias.

Insistir en desnudar al régimen en su verdadera esencia, es provocar el morbo de la desgarradura… Ya no tienen más nada oculto, toda su crudeza está al descubierto, y seguir en el empeño de abrirle más las carnes, solo hace daño –no a ellos, sino a nosotros… a todos.

Qué viene. Nadie sabe. Es una vorágine de acontecimientos. Reuniones, cónclaves, citas. El poder contra el poder. Se desataron los demonios.

Esta vez no me quiero equivocar. Los que crean, vayan y confiésense.

Puede que se decrete la sampablera. Puede que no. Lo cierto es que todo está servido para que pase lo que tenga que pasar, y cando llegue el tiempo, cada uno asuma las consecuencias de sus actos, o de sus omisiones.

Dude. Dude de todo y de todos; y cuando vuelva a tener certezas sobre Venezuela, asegúrese de haber dudado mucho, para que esta sensación de hoy no la volvamos a vivir, ni nosotros, ni nuestros hijos, ni los hijos de nuestros hijos.

Alfredo Yánez Mondragón
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