Tensión

Aunque en el momento haya luz, seguimos a oscuras. No hay agua, pero estamos ahogados. Un cuerpo ya agobiado camina por los alrededores de la ciudad. Sin encontrar salida a su angustia se confunde con la implacable realidad. Un ser anónimo lleno de silencio y soledad se pierde en la incertidumbre de una sociedad. ¿Hasta cuándo se puede aguantar?

Los que agarraron el poder estrujan los cuerpos, estremecen las extremidades, dislocan la razón, alteran las emociones, violentan sentimientos, fracturan los huesos sociales. Reunir lo partido, reagrupar ese todo disperso o astillado es sumamente complejo.

Un vecino abre la puerta principal, luego la cierra con fuerza, se siente el estruendo, vibran los vidrios. El saludo es seco, distante, alejado. El otro, le representa en su imaginación peligro, obstinación. La sola presencia de la corporalidad le produce rechazo. Un diálogo se hace imposible. El saludo cordial desaparece, se agita la actitud intolerante. Emitir buenos días puede generar un enredo. Hay un desprecio implícito. Encontrarse no es grato. Nada se ha hecho para ser receptor del desagrado. Se proyecta inconscientemente el malestar ubicándose en el ajeno cercano a disposición circunstancial. Se hiere alojando culpas y responsabilidades situadas en otro lugar. El ambiente se carga haciéndose pesada la atmósfera que se comparte. Sucede en el edificio, autobús, mercado, metro, calle, negocio. El prójimo no es mi amigo, desconfío, es sospechoso. No lo quiero ver. La fragmentación insiste, persevera, logra su objetivo. Todos somos unos extraños. La humanidad decrece, involuciona aceleradamente. Quedan las lesiones convirtiéndose en círculo vicioso. Recoger llevará tiempo.

La consecuencia, el resultado de los hechos, el sujeto sufriente de la cotidianidad en la mente confundida o aturdida pasa a ser la causa productora de la desazón personal.

En el palacio de la crueldad se continúan generando las políticas devastadoras. Se aprieta el torniquete de las vidas sin piedad. Se comprime el aire, ya no es de libre acceso el oxígeno, se le fija precio. Estás conmigo o no, dice la barbarie. Es dosificada la posibilidad de respirar en la red humano-ambiental.  De acuerdo como se piense o actúe, según la consideración del déspota podrá recibirse la dosis correspondiente en función de un día más de existencia. Mañana será evaluado el comportamiento.  La mano ensangrentada de maldad gira la rueda de la ruleta, con cada rotación se hace más insoportable la vuelta, va ahorcando a toda la ciudadanía y disminuyen las opciones de supervivencia.

No es el otro que está conmigo haciendo la cola el director del asunto, la fuente u origen de la desgracia e infortunio. El martirio social, el encarnizamiento tiene su morada. Su lugar de habitación y raíz fundamental se encuentra en Miraflores. Allí deambula la monstruosidad. En ese centro están las  entrañas. Ahí queda la lúgubre cueva de la tenebrosidad.

Es responsabilidad propia como me dirijo al vecino. Debemos ser amables. De otra manera, con una actitud severa, agitada, inhumana, distante o excluyente puedo estar reproduciendo perfectamente el modelo agresivo del régimen opresor.   La conducta avasalladora es del tirano y la tiranía. La tarea es cuidarnos, estar atentos con nuestras actitudes y acciones para no copiar y transmitir el infausto modelo.

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