Cultura de la anticipación: universidad y elecciones

Reproducción: Ilustración de Alonso, en: Economía Hoy, 28/12/1992.

Consabido, la dictadura ha ordenado la celebración de los comicios internos en las universidades públicas y autónomas para finales de 2020, por supuesto, bajo las condiciones que se le antoje. Además, el ministro usurpador del ramo, en un extraño gesto para el funcionario menor que es, al lado de otros que no ejercen cartera oficial alguna,  invocó recientemente la llamada mesa nacional del diálogo dándole otra connotación a la orden, siendo fácil colegir que versamos sobre un instrumento de negociación que, en última instancia, es de vil chantaje.

La ampliación de la comunidad universitaria, infructuosamente planteada en 1999 y en 2009, constituye la pieza estelar para prefabricar un triunfo que ha sido negado a un régimen, aun democráticamente enmascarado, en lo que va de siglo. Con más extraños que propios, pretenderá reinar en las casas de estudios dando al traste con el derecho académico de quienes aspira a vencer deslealmente.

Se muestran sendas tendencias respecto al propósito, por lo demás, deliberado, contundente,  inequívoca y expresamente señalado por la dictadura. Dato éste demasiado relevante que no admite los eufemismos ni las versiones amables que fluyen entre opositores que acaso ameritan más de una oportuna consulta con el psicoanalista que de la tribuna de opinión que suelen frecuentar.

Los hay evasores  del plazo perentorio que esperan más por el oleaje de los hechos fortuitos, atentos al peligrómetro personal. Apuestan por una repentina cresta que les ahorre el costo de todo compromiso: llegada la fecha, verán, aunque – si fuere necesario – optarán por empinar mejor  un permiso laboral que los aleje del escenario de conflicto para volver luego cautelosamente.

Quizá entendida como la última oportunidad , están los interesados y hasta entusiastas por participar en las elecciones del régimen, conscientes de la flagrante violación del artículo 109 constitucional  y de la Ley de Universidades. Confían no sólo en el sufragio a todo evento, prédica de los negociadores de Oslo y sus derivados, confiados en el triunfo masivo y arrollador capaz de superar cualesquiera obstáculos. No obstante,  desaprendida la lección, impuesta la suprema ley del embudo, en el supuesto negado del triunfo, éste dependerá de los pocos que seleccione el régimen que inexorablemente transitarán el camino de los tristemente célebres gobernadores que se juramentaron en la tal constituyente de la cual antes renegaron. 

Creyéndola mayoritaria, está la corriente opositora dispuesta a defender la autonomía universitaria y, además, realizar los comicios en estricto cumplimiento de la normativa constitucional y legal, al igual que del reglamento vigente en casa de estudios. Conducta encaminada decididamente al cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Los partidarios de la teoría de juegos pueden dispensarnos variados desenlaces, confluyendo en una dinámica en la que peligrará la propia existencia republicana a partir del venidero 5 de enero, algo más que la universidad,  aunque siempre prosperarán los reacomodos para el mes y tanto después. Especulación aparte, todavía nos impresiona que, disponiendo de un instrumental científico que en algo permite anticiparse a la coyuntura, más allá de la intuición, todo depende de una constante improvisación que lleva la marca de la cultura política promedio teñida eficazmente por el régimen socialista en largos veinte años. Empero, calibrando el papel de dirección que le corresponde a la Asamblea Nacional, es necesario crear y reconocer un comité operativo de los distintos liderazgos de las universidades (autoridades, docentes y estudiantes), como lo plantea la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (APUSB), en un proyecto de acuerdo que ha acogido la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio, a objeto de prever y actuar con tino estratégico.

Luis Barragan
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