La urgente previsión

Sigue siendo obvia la inobservancia de la cuarentena y el alejamiento social en el Municipio Libertador (Carabobo). Las unidades del transporte público siguen atestadas de gente que no pudiendo quedarse en casa a morir de hambre salen a la calle a buscar alimentos y trabajar a pesar del riesgo. Las medidas preventivas tan débilmente acatadas nos deben obligar a revisar nuestras capacidades hospitalarias a la hora de atender los casos de Coronavirus que puedan darse en nuestro municipio. Sr. Alcalde, ciudadano Juan Perozo, dígale usted al pueblo ¿Cuántas camas hospitalarias existen en esta jurisdicción? Presumimos que entre los tres CDI, la Medicatura de Tocuyito, la Medicatura de Campo Carabobo, el ambulatorio del IVSS, la maternidad “María Ibarra” y los pequeños consultorios desperdigados en el territorio no superamos las 150 camas hospitalarias. Si ocurriese que llegamos a 150 casos de Coronavirus en nuestra localidad, a partir del número 151, no tendríamos lugar para atender a los afectados. De esta forma, de la peor forma posible, nos enteramos de que tan útil hubiera sido construir un hospital para Tocuyito y sus más de 300 mil habitantes en el transcurso de los últimos 20 años. Recuérdese, el estándar internacional es la disposición de una cama hospitalaria por cada mil habitantes.

Ahora bien, si estamos ante una pandemia, impredecible y peligrosa, es momento para que nuestras autoridades locales actúen en consecuencia. No solo para cumplir, reactiva y laxamente, las instrucciones nacionales atinentes a la cuarentena y la desinfección de espacios públicos (que claramente son fundamentales), también se debe ser proactivos y previsivos para tomar decisiones que incrementen la capacidad pública para atender posibles casos, más aún, cuando constatamos nuestras vulnerabilidades.

Considerando la carencia de instalaciones médicas para la hospitalización los expertos en gestión de desastres, como la estimada Milagros Flores, me informan que los protocolos internacionales en este respecto recomiendan el uso de instalaciones como iglesias y canchas techadas para ser utilizadas como hospitales de campaña. Esto debe dar lugar, para hoy, no para mañana, al inicio de obras de remozamiento en esos espacios por si son requeridos en un momento de urgencia. Esto implicaría la instalación de servicios públicos y líneas vitales.

La tarea inicia por inventariar esos lugares, tanto en la parroquia Independencia como en Tocuyito. Por otro lado, es posible que la emergencia nos haga evidente la falta de personal de salud. Podría iniciarse a nivel municipal un programa de captación y formación acelerada para que sean adiestrados los ciudadanos capaces para ello y se conviertan en personal de apoyo sanitario si nos llega a tocar el peor de los escenarios. Los capacitadores en este caso deberían ser los pocos enfermeros y médicos con los que aún contamos. Esa es otra decisión para ayer, no para pasado mañana. Preparar equipos humanos de ese tipo toma tiempo y el tiempo es lo que se está perdiendo con un gobierno municipal dubitativo, abstraído, ensimismado o en shock.

Puede que resulte abrasiva mi forma de exponer este tema, pero hoy, Sr. Alcalde, el problema no es mi tono sino el Coronavirus. No podemos sumar al Coronavirus su indolencia y su incapacidad. Medite lo siguiente: si el gobierno nacional tiene problemas presupuestarios ¿usted cree que mágicamente aparecerán recursos cuando los casos comunitarios dejemos de verlos en la TV para verlos entre nuestros vecinos?.  ¡Reaccione!. 

No es momento para confiar que la salud de los libertadorenses está en manos de las gárgaras de vinagre, el malojillo o el Halo Solar. Para los asuntos que le refiero en esta oportunidad debe reunirse, con urgencia, con la Cámara de Comercio de Libertador, con los representantes de las iglesias locales, convocar a los estudiantes universitarios en profesiones ligadas a las ciencias de la salud que viven en nuestra jurisdicción, para acordar planes de acción incluyentes y con soporte en la realidad local. 

Debe también internalizar un aspecto que definirá la forma de gobernar durante una crisis como la actual, el cobro de tributos sería contraproducente y sinceramente inútil (pensar en una amnistía fiscal es una opción), ahora se necesita líderes que, más que dinero, gestionen voluntades.  Finalmente, que nos caiga la locha, y entendamos que la alcaldía es un actor más entre muchos actores sociales que requieren lograr la confluencia y la sinergía para alcanzar la gobernanza. Espero que estas líneas lleguen a donde deben llegar. Es necesario saber rápido la respuesta a la siguiente pregunta ¿En qué momento el alcalde comenzará a actuar? Opción A: “Ahora, que no hay casos” Opción B: “Al momento de gritar ¡Sálvese quien pueda!”… prefiero la “A”.

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