Es indispensable que no descuidemos los efectos mentales y emocionales de la pandemia
Editorial #521 – Los niños están tristes

Facundo Manes ​ es uno de los científicos más reconocidos de la Argentina. Sus credenciales hablan por sí solas, es neurólogo, neurocientífico y el creador del Instituto de Neurología Cognitiva, exrector de la Universidad Favaloro​ y director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Por eso, es una de las voces más autorizadas de la región en lo que se refiere a la salud mental. Cada vez que hace una advertencia, son muchos los que lo escuchan.

Desde hace varios meses se viene advirtiendo sobre lo riesgoso que podía ser una cuarentena estricta desde muy temprano, porque es fácil entrar en ésta, pero muy difícil salir. Con el paso de las semanas y el alargamiento de los aislamientos en varios países de América Latina, esta preocupación se fue incrementando.

El “amesetamiento” de la curva de contagios en un punto alto y su prolongación en el tiempo llevaron a varios de los países a un escenario muy complejo: no pueden levantar las restricciones impuestas porque el riesgo es muy elevado, pero mantenerlas es también cada vez más dañino.

No solo en materia económica, en la que ya estamos viviendo las graves dificultades que cinco meses de parálisis traen. Sino también en términos políticos, porque un aislamiento tan prolongado se vuelve cada vez más impopular y la percepción de que los gobiernos no tienen plan es cada vez mayor entre la gente.

A esto, ahora se suma una nueva variable de gran preocupación: lo emocional. La Fundación INECO realizó una investigación sobre los efectos de la cuarentena en la salud mental. El estudio se realizó a los 6 días de que inició el aislamiento y durante 72 días. Los resultados fueron alarmantes: el 55 por ciento de la sociedad ya sufre algún nivel de ansiedad y ocho de cada diez jóvenes tiene depresión.

El doctor Manes asegura que por la cuarentena «estamos viendo una epidemia de enfermedad mental” y que los jóvenes son quienes más la sufren. Además, existe otra variable adicional de preocupación. El profesional advierte que la salud no se puede separar en salud física y mental, la salud es integral. Lo peor de todo es que el verdadero impacto de lo que hoy ocurre recién lo veremos con el paso de los años. ¿Cuál será el resultado de esta crisis a largo plazo en los niños y jóvenes?

Más allá de las grandes dificultades sanitarias, económicas y políticas que hoy vivimos y los obstáculos que aún debemos superar, es indispensable que no descuidemos los efectos mentales y emocionales que la pandemia está teniendo en todos nosotros, pero sobre todo en los más vulnerables: los ancianos y los niños.

No podemos ignorar voces expertas como la del doctor Manes que advierten cada vez con más insistencia: “los niños están tristes”.

Miguel Velarde
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