La COVID-impunidad

Ted Cruz, Senador Republicano por Texas, estaba en el aeropuerto de Houston embarcando un vuelo a Cancún junto a su familia. En minutos fue viral, poco queda en privado con los teléfonos con cámara y la pulsión voyeurista-exhibicionista de la época. Cruz regresó al día siguiente con una excusa pueril, también fue visto abordando en Cancún. Dijo a la prensa que fue a llevar a su familia de vacaciones para reintegrarse a sus obligaciones de inmediato.

Resultó llamativo el tamaño de su maleta, con capacidad para una semana en la playa por lo menos. Esto mientras su estado estaba congelado por el frío más intenso en un siglo y la mitad de la geografía sin calefacción, electricidad, ni agua. La ira de los tejanos, imaginable, lo obligó a regresar.

También es ira compartida: quien aquí escribe tiene familia en Austin, Texas, sin calefacción, electricidad, ni agua, salvo por la inundación dentro de las viviendas causada por los caños perforados. Pero que no se malinterprete, mi indignación es bipartidista. Steve Adler, alcalde Demócrata de la ciudad capital del estado, viajó a Cabo San Lucas en diciembre, desde donde envió un video pidiendo a los residentes quedarse en sus casas.

Otra viñeta, esta en ocasión de las fiestas de fin de año. Claudia López, Alcaldesa de Bogotá, pasó cinco días en Costa Rica. Durante sus vacaciones la capital colombiana pasó por el peor pico de la curva de contagios de la segunda ola y con nuevas restricciones de movilidad ordenadas por su gobierno el 3 de enero. Y con la capacidad hospitalaria de la ciudad al borde de colapsar.

En la misma época Hugo López-Gatell, zar mexicano de la pandemia, fue fotografiado por turistas en la playa de Zipotle, Oaxaca. El Subsecretario de Salud aparece sentado en un bar de la playa sin mascarilla y sin respetar el distanciamiento que los ciudadanos mexicanos deben observar. Como en Colombia, ello durante el pico de la curva de contagios de diciembre y enero.

Lo mismo ocurrió con Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad de España. En septiembre se ausentó una semana de su puesto debido a que “necesitaba unas vacaciones porque no daba para más”.

Ninguno de ellos cometió un crimen, excepto el crimen de la banalidad. Pues todos mencionaron la necesidad de “tomarse un descanso”. Lo cual invita una reflexión: surge en nuestras sociedades un nuevo tipo de político, el político que ignora por completo que es empleado—o empleada—de los votantes, ellos lo contratan y ellos le pagan el sueldo. A ellos se deben, son servidores públicos.

Es decir, todo funcionario trabaja para la ciudadanía. ¿Con qué autoridad moral, entonces, someten a la gente al encierro—para no hablar del desempleo, la depresión y la suspensión de las clases—mientras ellos salen de paseo “por vacaciones”? Los votantes también pueden despedirlos, con frecuencia pierden de vista este detalle. Es que su impúdico narcisismo los hace miopes.

Un caso similar obligó a renunciar al ministro de finanzas de Ontario, Rod Phillips, tras pasar sus vacaciones en el Caribe. El primer ministro de la provincia, Doug Ford, afirmó que su gobierno toma en serio la necesidad de mantener coherencia con las medidas pedidas a los ciudadanos. Saludable para Canadá, en general es un bien escaso. Un acto ilegítimo no es necesariamente ilegal. Nadie va preso por ello, pero en democracia debe irse a la casa.

El “vacunagate” en Perú sí podría constituir un hecho ilegal, no es tan solo banalidad. Al menos 487 personas, entre quienes se cuentan el ex presidente Martín Vizcarra, varios miembros de su gabinete, funcionarios, familiares y amigos, fueron vacunadas de forma que se sospecha irregular en diciembre de 2020. La vacunación ocurrió de manera secreta.

El caso reciente de Argentina es similar y aún más grave, ejecutado desde el Estado. Allí se descubrió esta semana una larga lista de vacunación paralela para amigos del gobierno, una suerte de vacunatorio VIP cuya lógica de selección se basa en la proximidad al poder. Ello motivó al presidente Alberto Fernández a pedirle la renuncia al ministro de salud, aunque sin aclarar si él conocía la existencia de dicha lista o si su vicepresidente Cristina Kirchner, quien de hecho manda, estaba al tanto. Dada la indignación colectiva, suena a un mero cambio de fusibles.

Es que con confesión incluida, la información fue divulgada por Horacio Verbitsky, periodista de filiación kirchnerista y militante de derechos humanos; o eso dice. Cuesta creer en un error, tal vez se trate de algo más que COVID-impunidad. Sugiere un mensaje deliberado para que la sociedad toda se vacune pero de realismo. En paralelo, el gobierno avanza sobre la suspensión de las elecciones y la designación de jueces afines con el propósito de absolver a convictos por corrupción, ellos mismos.

O sea que hay más impunidad en camino, una temática familiar para el mensajero en cuestión. Ello porque, según fue documentado por Gabriel Levinas en su libro “Doble Agente”, el periodista-mensajero trabajó para la Fuerza Aérea durante la dictadura militar, lo cual está corroborado por pagos recibidos y documentos de su autoría. El título es preciso, lo hacía mientras era parte de la cúpula de la organización Montoneros. Hablame de impudicia.

La tragedia de la pandemia nos sirve de algo no obstante. Nos está explicando la desafección ciudadana, pues desnuda al corrupto con toda crudeza. Nos causa sorpresa cuando se mide la desconfianza de la sociedad hacia la democracia, sus instituciones y los políticos. Pero eso solo si uno es un negador.

Sin embargo, ello le resbala al hipócrita, al cínico y al impune, al que se sirve de la política, en lugar de servir al soberano, y con frecuencia además se enriquece con ella.

Fuente: Infobae

Hector E Schamis
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