Los dolores del campo

El 5 de marzo se cumplieron 61 años del “ejecútese” a la Ley de Reforma Agraria firmada por el presidente Rómulo Betancourt en un significativo acto en Campo Carabobo. Sin duda fue un momento estelar para la naciente democracia el que, finalmente, tras más de un siglo de dictaduras militares y de un régimen económico semifeudal (con siervos de la gleba incluidos), se procediera bajo la legalidad, con el respaldo y consenso entre todas las fuerzas políticas e institucionales del país, a la entrega de títulos de propiedad de la tierra a los productores agrícolas y poner fin al improductivo latifundio. Debe recordarse que en ese acto, los líderes de la oposición política al gobierno de AD, representantes de la iglesia, las FAN y, obviamente, los campesinos y sus representantes electos, estuvieron presentes en respaldo a una política pública prevista en el Programa Mínimo Común suscrito entre COPEI, URD y AD antes de las elecciones presidenciales en las que triunfa Betancourt y se concreta asimismo el Pacto de Puntofijo.

La Reforma Agraria no solo fue un evento, un discurso o una firma, en los siguientes cuatro años se invirtieron, cuando los bolívares eran Bolívares, 2.500 millones de Bolívares, más el dinero proveniente de la emisión de bonos de la deuda agraria emitidos por el Instituto de la Reforma Agraria, en la ejecución de una política pública integral que comprendió, además de la dotación de tierras, la construcción de escuelas rurales, sanidad rural, vialidad agrícola, electrificación, formación de peritos, técnicos e ingenieros agrónomos. Fue un esfuerzo, a la postre exitoso, de convertir a los habitantes del campo en ciudadanos de pleno derecho.

Aún hoy, la voz de un emocionado Betancourt puede ser escuchada en Campo Carabobo como un mensaje pedagógico para los venezolanos de las generaciones futuras… “una nación no podría vivir mitad libre y mitad esclava, y es esclavo quien disfrutando de una libertad personal consagrada en la Constitución y las leyes está atado en lo económico y social al potro de tormentos de la pobreza, del aislamiento y la incultura”.

Es claro, dolorosamente claro, el contraste entre la democracia civil y el actual régimen autocrático frente a los problemas del campo. La democracia civil se esforzó para imponer la justicia social por medio de las leyes y el consenso político, el régimen militar venezolano actual se ha esforzado, durante dos décadas, en confiscar tierras productivas y volverlas monte y culebra, no reconocer derechos de propiedad a quienes hoy en el vacío jurídico son solo pisatarios, a abandonar la infraestructura vial del campo, desinvertir en sistemas de riego, esquemas de financiamiento al productor, asistencia técnica, e inclusive, abandonar el sostenimiento de ambulatorios y escuelas rurales. El campo venezolano regresó al semifeudalismo dado que el Estado abandonó ese espacio geográfico, ahora, cualquier enchufado, guapo, apoyado y armado, se convierte en señor feudal en el campo.

Hay casos aún más graves, pero si alguien tiene dudas de cómo los habitantes del campo están atados al “potro de los tormentos”, que visiten las comunidades de Perro Seco, Pirapira, Cortadora, El Tigre, La Arenosa, El Mestizo o Caramacatal que están ubicadas en la parroquia Independencia del municipio Libertador. La primera tarea es proceder a la regularización de la tenencia de la tierra, es preciso que quién trabaje la tierra tenga título de propiedad, pero también exista la protección de Estado frente a la inseguridad, con esas dos medidas urgentes podríamos reiniciar la tarea largamente postergada de restituir el exiguo patrimonio de los productores y habitantes del campo. No obstante, es necesario convencerse que un régimen dictatorial, cuya principal motivación de sustentación es el mantenimiento eterno de los groseros privilegios de sus personeros y socios, no está en capacidad de reconocer las prioridades de los ciudadanos. Solo una democracia, que celebre auténticas elecciones libres y justas, puede ser reflejo de la voluntad general. Los campesinos saben que los pajaritos preñados no existen.

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