El fin de dos modelos de análisis

Steven Levitsky, Lucan Way y Javier Corrales, son algunos de los nombres asociados al llamado autoritarismo o autocracia competitiva. Versa sobre aquéllos regímenes que evitan, en todo o posible, incurrir en el fraude masivo electoral, violentando los derechos y las  garantías de quienes les adversan, más delas veces, con desinhibida contundencia.

Degradadas crecientemente las instituciones, tales regímenes alcanzan una continua y exitosa plebiscitación. Y hay quienes, como ocurrió por muchos años en Venezuela, juraban a la oposición social antes que política, como una minoría que se resistía a acatar la normalidad democrática, además, como si la hubiese habido, contentándose con sufragar, mas no elegir.

La alta oficialidad militar se hizo partícipe del modelo, no sólo parcializándose política e ideológicamente, violentando el artículo 328 constitucional, o concursando en los distintos negocios que el socialismo rentista abrió, sino respaldando todos los comicios, impecablemente resguardados, a través de todos los dispositivos con  los que contaba el Plan República o el Comando Estratégico-Operacional.  La entidad castrense le dio soporte al Estado Cuartel,  un constructo aportado por Harold Laswell hacia 1941 que, acá, los discípulos de Domingo Irwin,  insigne académico ya desaparecido, cultivaron.

Desde 2017, el madurato sinceró su situación y, asediado por las grandes mayorías, ni siquiera ha guardado las formas, envalentonándose con sendas estafas electorales regionales, municipales, presidenciales, parlamentarias y, no faltaba más, constituyentes. No sólo todavía persigue, censura y reprime, sino que descaradamente selecciona a sus propios opositores, en el marco de una lógica perversa, por cierto, pacientemente trabajada por José Rafael Herera:  la gansteril que le da ocasión para afianzar toda una categoría, como la gansterilidad.

Los consabidos sucesos recientemente acaecidos en el estado Apure, señalan la superación del modelo de autoritarismo o autocracia competitiva, como el fin del Estado Cuartel que numerosas veces denunciamos en el parlamento, dándole una más adecuada perspectiva al problema. Y, aunque José Machillanda todavía lo ve en la entidad llanera, ahora nos coloca en otro asunto – digamos – teórico: ¿en qué medida hay pretorianismo,  cuando el poder militar está subordinado al poder civil de las mafias?

Luis Barragan
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