Maniobras infundadas

Una cierta tradición ayuda sedimentada la cultura rentista que todavía sirve de soporte al régimen. Empero, arrancarle cualesquiera prebendas ya es inútil, porque ha quebrado a la otrora potencia petrolera.

Los venezolanos estamos en modo de una mera supervivencia, encubierta por las urgencias del Covid19. Tocamos fondo, desde hace un buen rato, sin que automáticamente se descalabrara el poder establecido, según la fórmula que los opinantes, con o sin oficio, prodigaron por estos años obviando su naturaleza y alcances.

Precisamente, desde el poder, el oportunismo fue gigantescamente incentivado para darle alcance a los sectores que, supuestamente ilustrados, le adversaban. Una cierta clase media, con la prole hoy en el extranjero, protestaba en las calles hasta con alguna elegancia, al mismo tiempo que tomaba el asueto para aprovecharse de algún contrato suscrito con el Estado.

El llamado chavismo, un fenómeno y suceso de esa sociedad rentista que aún no se entera que ya falta la renta para  pervivir, prendió la maquinaria de una perversa pedagogía: con un poco de habilidad, ingenio y falta de pudor, aseguró, se le puede tolerar y aprovechar. Y dependerá del talento de cada quien para hacerlo, en la vasta y bastarda competencia desleal que supone arrancarle los medios de subsistencia posible.

Sincerada la situación al extremo, finalizan los tiempos para esa sagacidad infundada. Los clanes del poder están completos y no cabe extraño alguno, dándole fin – precisamente  a  las maniobras de supervivencia.

Luis Barragan
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