Perú: elecciones que interpelan a todos

Las encuestas no pueden predecir lo que ocurrirá hoy en Perú. Todas ponen a Keiko y Castillo, con una diferencia menor al margen de error.

Hay elementos que se deben tomar en cuenta para el análisis. Si los votantes fuesen racionales, Keiko estaría mejor: debería tener el apoyo de los que no piensan como Castillo. En la primera vuelta tuvieron 12% López Aliaga y Hernando de Soto, Lescano 9%, Forsyth 6%, Urresti 6%. Todos ellos opuestos a Castillo. La única candidata que apoya a Castillo es Verónika Mendoza que tuvo el 8%. Pero muchos votan no con la cabeza sino con el corazón.

Por otra parte, Castillo no apareció en las encuestas hasta el final. Sus votantes son conservadores, no surgieron en ese momento, sino que son difíciles de encuestar en tiempos de pandemia. Esto podría significar que haya un porcentaje de votos no ubicados favorable para Castillo.

Un 29% de los electores dice que sin duda votará por Castillo, que lo podría votar un 17%, no lo votaría un 9% y un 42% no lo haría nunca. Las cifras de Keiko son peores: la vota seguro un 27%, puede votar por ella un 17%, no la votaría un 6% y no lo haría jamás un 46%.

Esto hace más imprevisibles los resultados. Los que nunca votarían a los dos candidatos son mayoría. En todo caso la gobernabilidad será difícil. Un presidente que llega con una imagen débil puede ser derribado o terminar chapoteando como pato rengo, contando los días para que termine la tortura del poder. Perú tuvo cuatro presidentes en los últimos años.

Cuando preguntamos por qué creen que tanta gente votó por Castillo en la primera vuelta, 19% dice que es cercano al pueblo, 18% está harto de todo, 15% porque es nuevo, 10% porque se preocupa de la gente olvidada, 6% porque es desconocido, 5% porque es profesor, 4% porque es de izquierda. En definitiva, lo hicieron porque es empático y se preocupa de los más desfavorecidos.

Para diseñar una estrategia eficiente, digan lo que digan los miembros del círculo rojo y los periodistas, no sirve centrarse en que Castillo es de izquierda o amigo de Venezuela. Si votan por él por su cercanía, porque es nuevo, porque así protestan en contra de lo establecido, porque es sencillo, porque se preocupa por los menos favorecidos, esos los temas que hay que afrontar.

En el caso de Keiko, un 23% dice que votaron por el legado de su padre, 11% por sus propuestas, 10% por la falta de memoria de los jóvenes, 9% porque el fujimorismo es sólido, 7% por su experiencia, 7% porque es conocida, 5% por querida, 4% por mujer. En la profundidad positiva de Keiko no hay elementos humanos, emocionales. Demostrar que es inteligente o preparada era perder el tiempo. Había que comunicar que tiene sentimientos.

La profundidad de imagen de Keiko tiene pocos sentimientos. La de Castillo es menos fría. Era importante afrontar este problema, pero sin improvisar. A veces por intentar parecer modernos, los candidatos caen en el ridículo. Keiko no debía aparecer bailando en cualquier tic tok. Las acciones disruptivas pueden hacer daño si no se analizan dentro de una estrategia.

Un conocedor profundo de la política me decía que Keiko se crio en una cultura japonesa, en la que las mujeres difícilmente expresan sus sentimientos en público. Pude constatarlo cuando en 1998 llevé a Japón, como parte de mi comitiva, a una funcionaria. Produjo muchos problemas. Esto es grave cuando los occidentales quieren dirigentes humanos.

La figura de Keiko depende de su padre. La mayor parte de sus seguidores añoran a Alberto y la otra mitad de la población le detesta. Se necesita hacer análisis muy finos.

Se debe saber si su imagen puede independizarse. ¿Cómo? ¿cuáles son los costos y beneficios de esa alternativa en votos en este momento? Por el contrario: ¿Se debe mantener la imagen de una buena relación? ¿Cuántos votos se ganan y cuántos se pierden con esto?  Estas decisiones se toman contando con mucha información que no mencionamos y, sobre todo, averiguando lo que quiere la candidata. Ella es quien decide y debe estar cómoda con la línea estratégica.

La corrupción es, según las encuestas, el problema que más inquieta a los peruanos, pero es el tercer país que hemos estudiado en el que la mayoría rechaza la corrupción, pero elige para la segunda vuelta a dos candidatos a los que califica de corruptos. Existen también casos en que candidatos limpios han sido derrotados por otros a los que la gente cree corruptos. ¿Qué significa realmente el tema corrupción en los procesos electorales?

Keiko tiene varios juicios, se desplaza con una tobillera, es casi un símbolo de la corrupción. Pedro Castillo fue candidato porque el líder de su partido, Vladimir Cerrón, está condenado por reiterados actos de corrupción. Cerrón mantiene una enorme influencia sobre Castillo. ¿Si los electores demandan que los políticos no sean corruptos, como se entienden estos resultados? No es un tema peruano, ocurre en muchos lados.

Muchos anti fujimoristas, miembros del viejo establishment político, respaldan a Keiko. Esto debe agradar a sus partidarios más duros, pero ¿ayudará entre los indecisos? Si es real su rechazo en contra de los viejos políticos, ¿es bueno este soporte?

Izquierda y derecha. Castillo no tiene éxito porque la mayoría de los peruanos son marxistas, ni porque Keiko es anticomunista. En su caso, ser “marxista” es algo semejante a su sombrero de paja: un elemento que le hace “diferente”, antipático para el sistema. En Perú, como en Madrid, Chile, o cualquier otro sitio, los votantes quieren el cambio por sí mismo.

Los votantes de Castillo no quieren una sociedad como la soviética. En la región no hay un giro ideológico hacia la izquierda, sino una búsqueda de lo “distinto”, lo que explica el triunfo de la “derecha” de Guillermo Lasso en la segunda vuelta: fue más diferente a los viejos políticos que Arauz. Los votantes están cansados de las formas del establishment, incluso de los dirigentes de la ola “nacional y popular” encabezada por Hugo Chávez que no se han renovado. El tema actual no es el neoliberalismo, es más amplio: existe un rechazo generalizado por la clase política, un movimiento antipartidista que afecta a la democracia y ayuda a la implantación de regímenes autoritarios.  

En Perú como en otros lados, se da un enfrentamiento entre los valores progresistas occidentales urbanos y los más arcaicos, rurales, que se dicen revolucionarios, pero horrorizarían a Marx.

Sendero Luminoso tuvo su epicentro en Ayacucho, en el sur montañoso del Perú. La guerrilla maoísta dirigida por Abimael Guzmán creía que la historia de la humanidad estaba conducida por su líder y las espadas de Marx, Engels, y Mao. La humanidad era su aldea.

Como Castillo, los senderistas eran homófobos, destrozaban el pene de los homosexuales antes de asesinarlos. Sendero fue uno de los “marxismos” primitivos como los que provocaron genocidios en la URSS con Stalin, en China con Mao y en Camboya con Pol Pot. Marx nunca habría estado de acuerdo con esas ideas precapitalistas.

La contradicción de Lima con el interior. En las elecciones peruanas, por lo general, Lima y las ciudades progresistas de la costa, se han enfrentado con el interior.

En 1990 Mario Vargas Llosa consiguió en la primera vuelta el 33% de los votos frente a Alberto Fujimori que sacó el 29%. Ganó en todos los departamentos del país. En la segunda vuelta Vargas Llosa subió apenas al 29% mientras Fujimori obtenía el 62%y ganaba en todos los departamentos menos en Loreto.  

En la primera vuelta de las elecciones del 2006 Ollanta Humala ganó en casi todo el país, menos en la franja costera. Alan García quedó segundo con una ventaja mínima sobre Lourdes Flores. El rechazo a García era enorme, pero ganó cuando Humala se declaró partidario de Hugo Chávez. Se disfrazó de izquierdista cuando no lo era y asustó a los lectores.

En el 2011 Humala apareció como progresista moderado y le ganó a Keiko con una ventaja muy reducida: 51% a 49%.  Keiko ganó en casi toda la franja costera, Humala tuvo apoyo en el centro sur de los andes. En estas elecciones Keiko tiene el apoyo de Lima y las ciudades de la costa, Castillo arrasa en los Andes y en el sur.

En casi todos lados las fuerzas progresistas son urbanas, las arcaicas más rurales. Biden arrasó en Silicon Valley, Trump tuvo el apoyo unánime de los amish. En Argentina los progresistas ganan en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y otros centros modernos, mientras los neo falangistas persiguen a la capital cultural de América.  Los Ayatollahs, Maduro, Rosario Murillo, Trump, Fernandez, Castillo son parecidos: combaten la libertad de prensa, la ciencia, al progreso. Sus seguidores queman libros.

Detrás de la alegada ignorancia de Castillo está una contradicción de fondo presente también en muchos países. En el extremo, algunos norteamericanos están lanzados a la colonización de Marte en los próximos años, mientras quiebran las antiguas fábricas del rust belt. La aceleración del progreso hace que muchos se sientan marginados, excluidos de sus beneficios.

En Perú también se presenta ese problema. Debe superarse el abismo entre las ciudades peruanas de la costa y la sierra. Son dos mundos, el uno atisbando al siglo XXI y el otro sumergido en el pasado. El sur fue el fortín de Sendero, fue en donde escribió sus textos Isaac Humala, padre de Ollanta, ideólogo del etnocacerismo, emparentado con el katarismo boliviano.

Las elecciones de hoy son cruciales. Sería malo que otro país latinoamericano se resbale hacia el oscurantismo. Castillo no implantaría un modelo comunista como los del siglo pasado, sino simplemente el primitivismo. No es peligroso porque haya leído a Marx. Lo grave es que no sabe mucho y quiere convertir al país en una sociedad precapitalista. Pertenece a una izquierda profundamente reaccionaria.

Fuente: Perfil

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