Se necesita novelista con tintero propio

Los lectores comunes muy poco sabemos de la novísima narrativa que conmueve al mundo y a la propia Venezuela. Aislados, no tenemos un mercado editorial capaz  promoverla, aunque sentimos la honda necesidad de interpretar las realidades que nos aprisionan.

Desde el aula escolar, incluso, nos enteramos de grandes y propios hitos que sirvieron para esa mirada indispensable del país vivido. Fuese en textos de obligada consulta o en los aportes que hizo la llamada telenovela cultural de no menos obligada atención, hubo ciertos parámetros socialmente compartidos.

El siglo XIX reportó la novela “Venezuela heroica” de Eduardo Blanco, como el siglo XX lo hizo con “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos y “País portátil” de Adriano González León, explicando sendas etapas de nuestro historial republicano. A ellas, en las postrimerías del siglo, nos permitimos agregar “Por estas calles”, una telenovela de Ibsen Martínez y, aunque parezca extraño,  Marcel Granier.

En la presente centuria hubo y hay esfuerzos meritorios, pero sentimos que todavía hace falta esa novela que retrata fiel y creativamente la experiencia de todos estos años. Es una tarea propia de los talentosos escritores, capaces de ponerle un sello diferente al oficio, a la vez de radiografiar a la Venezuela profunda que los espera con ansiedad.

Luego, no es un asunto para improvisados, por lo que nos permitimos citar extensamente a un extraordinario narrador colombiano, prematuramente desaparecido, Refirió Rafael Humberto Moreno-Durán: “Un novelista es alguien diferente a los demás y probablemente un ser único en el mundo, no por recrear un coito fastuoso o proclamar la revolución o inventar un universo particular, sino por la forma peculiar de poner una coma, de asumir la semántica del texto, de escribir doscientas páginas sin un punto y aparte, de dotar una frase de doble o hasta triple sentido o de camuflar estratégicamente ideas claves entre un buen juego de guiones o de paréntesis” (*).

(*)  Entrevistado por María Dolores Agullera. “Los motivos de un francotirador”, en Quimera, Barcelona, nr. 2 de 1980.

Luis Barragan
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