Transportación aérea

Innegable, Venezuela cerró el siglo anterior con un buen nivel de transportación pública aérea. De altos precios, mas no descomunales, el boleto estaba alcance de un número tal de personas que garantizaba la existencia de un mercado bastante competitivo, con un buen servicio aeroportuario.

Todavía podíamos transitar las carreteras y autopistas del país, en condiciones aceptables y un mínimo de seguridad personal. Sobran las anécdotas, por ejemplo, en torno  a los viajes familiares de largas distancias, en vehículos particulares o autobuses. Sin embargo, creció el empleo de los aviones de distintas tarifas que mantuvieron de día y de noche en intensa actividad comercial a los aeropuertos, para grandes grupos e individualidades con disposición a invertir un poco más para ahorrar el tiempo de traslado.

Diferentes líneas aéreas y horarios, ofertas turísticas muy variadas, la más elemental eficacia de los servicios, promovieron los vuelos. Ademas, incluyendo, aquellos privados que partían de pequeños aeropuertos, por cierto, también generadores de empleo.

Hubo industria aeronáutica en Venezuela, siendo fácil señalar el contraste con un presente tenebroso: sólo los más privilegiados toman un vuelo de los muy escasos que existen en el país. Difícil conseguir las cifras confiables, aunque – a modo de ilustración – es fácil intuir que el número de las aero-ambulancias, por indispensables que fueren, ha de ser muy  pobre.

Atrás ha quedado una tradición área de  larga data, por cierto, añadida  la militar.  Ya hay generaciones enteras que no saben qué es montarse en un avión, previendo que nunca lo harán de continuar el presente régimen. 

Luis Barragan
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