La crisis sanitaria en primera persona

El 15 de enero me caí de la bicicleta, fue una aparatosa caída que me provocó una fractura abierta en mi mano izquierda. Me levanté como pude y llamé para pedir auxilio. Rápidamente me di cuenta de que en Tocuyito no había ninguna posibilidad de atención de esas emergencias, me trasladaron a la CHET y allí me colocaron mi primer yeso. Se me indicó cita para dos días después para informarme de la cirugía que necesariamente se me tendría que hacer. Pues bien, el día fijado me dijeron los médicos de la CHET que no tenían el especialista para esa operación y que debía buscarlo en Caracas. Inicié la búsqueda de opciones y llegué al Hospital Carabobo, en Naguanagua, dónde afortunadamente, si había especialista. Me hospitalizaron el día martes 18 de enero y allí conocí en primera persona, sin intermediarios, la profundidad de la crisis sanitaria.

Al ubicarme en mi respectiva cama, me di cuenta que el baño que compartiría con el resto de los pacientes no tenia agua, que había de acarrearla con baldes desde un tanque ubicado en el techo del primer piso. Buscar el agua, limpiar las áreas comunes y asistir a los pacientes para su aseo personal son tareas que no la pueden ejecutar los escasos y mal pagados camareros, camilleros o enfermeros (ganan menos de 30$ mensuales). No obstante, lo que si me quitó el sueño fue enterarme que no hay insumos en el hospital nada, ni guantes, ni sutura, ni gasas, nada… todo debe ser costeado por el paciente.

Se me entregó la larga lista de insumos, material descartable, medicamentos y enseres que debía comprar para poder entrar al quirófano, incluyendo también el material de osteosíntesis, es decir, lo que se usará para reparar la lesión en los huesos. Yo había llegado al Hospital Carabobo con Bs. 26,00 en mi cuenta bancaria, no tenía más alternativa que recurrir a la solidaridad de mis allegados y amigos. 

Los compañeros de Acción Democrática, desde la dirección regional del partido hasta los comités de todos los municipios de Carabobo se manifestaron masivamente, buscando los insumos, transportándolos, llevándome comida tanto a mi esposa como a mi, difundiendo mis datos bancarios para captar aportes y ellos mismos aportando. Este fue un gesto de solidaridad del que estaré eternamente agradecido. Asimismo, recibí aportes de otras personalidades políticas y de la sociedad civil del Estado, de estudiantes y colegas de la Universidad de Carabobo, de amigos de la prensa, de amigos que se encuentran en el exilio, en fin, gracias a ellos pude costear todo el material quirúrgico necesario, la estadía hospitalaria (16 días) y el cuidado de mi hija de 4 años. Mis cálculos preliminares me indican que los recursos movilizados por semejante campaña de solidaridad (y que tuve que completar con un adelanto de prestaciones sociales de la empresa donde laboro) fue de 1100 dólares.

En el día 6 de mi estadía hospitalaria, ya tenía el material quirúrgico pero, malaya suerte, el único quirófano disponible fue inhabilitado por una sorpresiva falla en el aire acondicionado. El resto de los quirófanos están en lamentable estado de abandono. Me armé de paciencia y aproveché la oportunidad para conocer un poco más este drama público, el personal médico y de enfermería son de un profesionalismo excepcional, en particular resalto a los médicos residentes, un grupo de jóvenes que diariamente dan todo de sí entre las peores circunstancias. Son de tal calidad humana que me pudieron sacar algunas sonrisas cuando estaba a punto de llorar.

Lo no tan grato es el estado general de las instalaciones hospitalarias, la Unidad de Cuidados Intensivos está cerrada, lo mismo ocurre con la Unidad de Oncología, el laboratorio de bioanálisis no puede ofertar todos los exámenes y los “Rayos X” no puede hacer tomas amplias, como de columna por ejemplo, porque el equipo disponible no tiene las especificaciones técnicas para ello. Las enfermeras más antiguas, aquellas que han sido recontratadas después de su jubilación por la falta crónica de personal, cuentan que las instalaciones del Hospital “Dr. Ángel Larralde” eran de las mejores del país pero el abandono se cuenta en años. Entre las curiosidades más llamativas está una “Arepera Socialista” abandonada y con telarañas tapando el rostro de Hugo Chávez y la Farmacia del IVSS que no cuenta con fármacos. 

Finalmente fui operado el pasado 1 de febrero y, poco después, dado de alta. Tuve mucha suerte. La vida ha puesto en mi camino a amigos, allegados y compañeros de lucha que son como una gran familia. Mi esposa se mudó conmigo al hospital y era mi sostén anímico entre tanta oscuridad. Pero detrás de mi, a mi salida, pude ver los rostros anónimos de muchos hombres y mujeres carentes de los medios económicos que están condenados por la pobreza a la muerte o a la discapacidad. Estos días me quedarán tatuados en la memoria, espero regresar allí y dar mi grano de arena para transformar esa vergonzosa y dolorosa realidad.

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