Una conjetura psicológica

El hegemón de Corea del Norte no pierde ocasión para exhibirse al compás de su nuevo misil balístico intercontinental, en medio de las circunstancias sanitarias y bélicas de un mundo que teme por su probada mitomanía.  Muy posiblemente, saturados por la propaganda, sus connacionales lo verán como salvador de la paz mundial, además de garante de la nacional; valga acotar, entendiendo por paz la que Kim Jong-un concibe e impone.

Cual mesías que hará y hace realidad los mejores sueños, esos connacionales, salvados del amargo trance, al igual que los cubanos, creerán y creen efectiva y fervientemente que el resto del planeta vive en  peores e indecibles condiciones, gracias a la intrínseca maldad del imperio. Bloqueados y censurados, no cuentan con datos y noticias varaces,  y la misma posibilidad de una interpretación alterna para asegurar lo contrario, fruto del tenebroso aislamiento de largas décadas.

Antes, parecía una estrella del rock jubilada y, ahora, como lo comentan las agencias internacionales de noticias, el video lo reporta como si fuese un celebérrimo actor de Hollywood. En breve tiempo, las escenas lo exaltan como el jefe que personalmente vela por la seguridad de los suyos y, sin perder el glamour, ejemplifica la superioridad que está alcanzando frente a Estados Unidos y cualesquiera superpotencias, por lo que todo sacrificio está legitimado para un pueblo que agradece su propia existencia a la dinastía.

La hazaña va pareja al cambio de look que lo ha rejuvenecido, convertido Kim Jong-un – además – en un referente de la sensualidad, cuya imitación de vestimenta, cabellera y peso no tardará en los estratos medios de la nomenclatura, claro está, si él lo permite.  Un video-click tan particular, convencerá al norcoreano promedio de la sorpresa e impotencia que sentirán los países rivales ante la avasallante demostración del dictador que compartió por su infinita generosidad, la escena con el director de la Academia Nacional de Ciencias de la Defensa y el vicedirector del Departamento de Maquinaria, quienes seguramente están conscientes de las propias y ajenas realidades armamentísticas, y la más adecuada limitación que su uso acarrea.

Nadie subestima al hegemón, pero obviamente juega con candela siendo muy diferente concebir, estudiar hasta el más psicológico de los detalles, producir y difundir un video, que propiciar un conflicto que puede significar su propia caída después del segundo o cuarto lanzamiento de sus misiles, actuando como el díscolo malandrín del sector o azote de barrio que sus aliados dejarán solo. Kim Jong-un llegó al generalato antes de los 28 años de edad (junto a la tía paterna, su esposo y tres notables más), previsivo el padre ante el menor de sus hijos (*), tratando de sortear la difícil sucesión que la dinastía ha confrontado ya en tres oportunidades; nos atrevemos a conjeturar que puede traicionarlos y seguramente lo ha hecho, jugando sus mentores militares cada vez más a radicalizarse para complacer los caprichos de quien se siente más una superestrella hollywoodense que conductor real de la guerra deseada tan galáctica como la vieja y consabida película de George Lucas.

(*) Heonik Kwon / Byung-Ho Chung (2012) “North Korea. Beyond Charismatic Politics”, Rowman & Littlefield Publishers, Inc., UK: 186. 

Luis Barragan
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