¿Dónde está la socialdemocracia?

Luego de un periodo de euforia, tras la caída del muro de Berlín y la afortunada desaparición de la URSS, en la que la ortodoxia económica llegó a expresar que la ausencia de contrincantes a la democracia liberal suponía el “fin de la historia”, el mundo regresó a la dura realidad después del 11 de septiembre de 2001: la democracia tiene muchos y peligrosos enemigos distintos al comunismo. El ascenso del terrorismo, el deterioro ambiental, los riesgos inherentes de una economía global, las amenazas sanitarias a escala planetaria y la proliferación de regímenes autoritarios en buena parte del mundo nos demuestran que los demócratas y las democracias tienen desafíos no solo complejos sino también existenciales.

El largo predominio del discurso basado en el “Consenso de Washington” provocó un retroceso en los espacios políticos dominados por los socialdemócratas, siendo sustituidos por democristianos, liberales y, en otros lamentables casos, como en América Latina, por populistas autoritarios. Pero, estando en el aquí y en el ahora, el mundo enfrenta a la geopolítica autoritaria (liderada por Rusia y China), la creciente desigualdad material originada por una economía global sin controles políticos que le den soporte, grupos terroristas con ingentes medios de financiamiento y tecnología y los estragos sociales y humanos de una pandemia pavorosa. En ese escenario, a los liberales se les agotó el brillo de sus máximas, a los democristianos sus referentes pasaron a retiro y los populistas autoritarios campean a sus anchas al pasar de ser riesgos teóricos a tenebrosas realidades. Es obvio que los únicos que con entereza y firmeza defienden los valores democráticos y la integridad del Estado de Derecho con el voto y con todas las armas a disposición son los socialdemócratas.

En Alemania, cuna de la socialdemocracia, Olaf Scholz enfrenta con todos los medios disponibles la amenaza rusa, intenta cortar su dependencia energética, proporciona armamento a Ucrania y se prepara para adquirir un escudo antimisiles. No es retórica, los socialdemócratas saben el riesgo que enfrentan. Otro tanto se puede decir del PSOE en España, allí Pedro Sánchez enfrenta las consecuencias energéticas de la Guerra de Putin con apoyo fiscal a los más afectados, con política social de avanzada para evitar que su población sufra aún más, pero en simultáneo, respalda íntegramente la posición de Josep Borrell que clama por una Europa unida frente al invasor ruso.

Joe Biden, quién no podría ser calificado por nadie de izquierdista, ha tomado profunda conciencia de las iniquidades de la sociedad norteamericana actual, la pobreza y la falta de oportunidades, los conflictos étnicos y las injusticias inherentes a una economía de mercado sin limites morales, ambientales y humanos. Es temprano aún para distinguirlo, pero si Biden logra la mitad de lo que se ha propuesto a lo interno de Estados Unidos podremos ver una democracia social naciente que dará un nuevo rostro a esa superpotencia. Es claro que también Biden enfrenta, como es propio de un líder de la OTAN, el desafío ruso. Si Trump estuviese en la Casa Blanca hace rato que Putin hubiese engullido a toda Europa.

En América Latina, lastimosamente, la geopolítica autoritaria no dejó cabo suelto y sus variopintos aliados no dejan de causar vergüenza. Brasil y Argentina no dejan de exponerse como fuertes aliados del kremlin, pero el medidor de ultrajes lo rompen las abiertas dictaduras de Nicaragua, Cuba y Venezuela cuyos gobernantes de facto usufructúan tecnologías Rusas y Chinas para reprimir a sus respectivos pueblos. Sin embargo, en el caso venezolano, bajo fuego, entre la represión, el exilio y la resistencia subsiste la Plataforma Unitaria conformada mayoritariamente por socialdemócratas. 

Precisamente, en este momento oscuro que vive la humanidad, es la socialdemocracia la que está dando la cara ante las múltiples amenazas del contexto. Hemos aprendido, por las malas, que las dictaduras, los terroristas y los criminales de guerra se ayudan unos con otros sin importar las fronteras, pues bien, la solidaridad entre los demócratas tiene sus maestros en los socialdemócratas, el SPD y el PSOE respaldan a Ucrania, Biden a Europa y la castigada y reprimida Venezuela tiene entre sus amigos a personalidades políticas del peso de Felipe González que están más que convencidos de que la democracia moderna se juega su suerte en un tablero mundial. Demócratas del mundo “¡uníos!”.

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