Chávez Frías e Isabel II

Antes de ascender al poder, gracias a  Herbert Matthews (The New York Times, febrero de 1957), Fidel Castro se convirtió en noticia internacional. Definitivamente, en medio de la guerra fría, la alineación con la Unión Soviética y la consabida crisis de los cohetes, mundializaron al líder cubano. No obstante, Chávez Frías nunca supo de tamaña escala, aunque la deseaba con un fervor del que puede dar  mejor  cuenta un psicoanalista.

Tenemos la convicción de los muchos viajes inútiles del barinés al extranjero, acaso, por la necesidad de conocer y de fotografiarse al lado de los más famosos de la época, incluso, más allá del estricto ámbito político.

Así como fue a Cannes más tarde para retratarse con Oliver Stone, bastante temprano, al iniciarse su gobierno, estuvo en Nueva York y lanzó la primera bola en un estadium de béisbol, por supuesto, disfrazando literalmente de beisbolista al jefe de Estado en los predios del detestado imperio.

Lo recordamos, aunque prácticamente  no queda rastro fotográfico o videográfico en las redes que permita precisar la fecha y las reacciones que produjo en nuestro país. Y, es la idea, borrada simplemente la memoria, del asunto se dirá que nunca existió, por ridículo que fuese ésta pretensión y aquél brevísimo pitcheo.

Inevitable, el reciente fallecimiento de Isabel II de Gran Bretaña nos retrotrae al encuentro que sostuvo con el muchacho de Sabaneta en octubre de 2001 (https://www.youtube.com/watch?v=Lrwbw2vntfM&t=45s), quien pretendió hacerse el simpático, desdoblarse y transmitir ya no sabemos cuál metamensaje.

Lo cierto es que, ella, la monarca, puede aseverarse, se salió con la suya respecto al Esequibo, y él, aspirante a la reelección infinita con una sucesión que hubiese recaído en su hija biológica, aunque la decisión prematura y cubanamente fue por Maduro Moros,  terminó por entregar nuestro territorio. 

Latitudes que dieron origen práctico al sistema occidental de libertades públicas, la democracia y el parlamento, además del libre mercado y de una sorprendente vocación de poder, están teñidas de luto por quien que salvó la institución de la monarquía, reforzando todo el crédito y la popularidad que goza entre los británicos.

Por ello, preferimos la elocuente portada de The Guardian que rescatar la muestra fotográfica del día que Chávez Frías le dijo cosas a Isabel II en las que no creía: lo peor, es que ella lo sabía.

Luis Barragan
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