Silencio y manipulación

Con ocasión del primer vuelo espacial tripulado por varios hombres, los medios de comunicación de la afortunadamente extinta URSS hicieron pública la siguiente conversación entre el primer ministro Khrushchev y el cosmonauta Vladimir Komarov:

Komarov: Lo oímos muy bien. Informamos que la tarea del partido y del gobierno se cumple de acuerdo con el programa fijado. Nos sentimos extraordinariamente bien. Todo se encuentra en orden. 

Khrushchev: Me alegro mucho. Le deseo se encuentre bien de salud. Me agradaría que cumpliese usted bien las tareas ordenadas, para glorificar a nuestra patria, a nuestros pueblos, a nuestro partido y a la idea del socialismo, que es la base donde se asienta nuestro Estado, de todas las cosas que tenemos.

Esta alucinante pieza de propaganda invasiva, en la que el socialismo ideado por Carlos Marx en el siglo XIX tuvo el previsto plan de llevar a los hombres al espacio, es recogido por el profesor Richard Fagen de la Universidad de Stanford para graficar como los totalitarismos usan los medios de comunicación para la manipulación de las masas. Así como ese ejemplo histórico nos parece atroz, inaudito, inverosímil y francamente despreciable, asimismo se ve en Carabobo la estrafalaria medida administrativa de CONATEL contra Unión Radio 105.3 FM que suma otro medio silenciado por la dictadura. La idea final del régimen es hacer ver la vulgar censura del periodismo independiente como una medida para “democratizar el espectro radioeléctrico”.

Nunca importará si se practica la autocensura, o si se dan espacios radiales a periodistas afines a la dictadura, lo que procede es el cierre porque el objetivo final es el silencio. Que la única palabra, voz, idea o propuesta sea la emitida desde el Alto Mando de la Revolución. El efecto que esta medida trae consigo es que los medios restantes, los que aún permanecen en funcionamiento, solo transmitirán deportes, música y cadenas que muestren lo simpático, elegante e inteligente que es Nicolás Maduro. Fuera de las cabinas de radio y de cualquier otro medio de comunicación estará sufriendo el pueblo en medio de la crisis humanitaria compleja.

Si estas son las circunstancias debemos admitir que la reacción adecuada no puede seguir siendo el miedo a pensar y hablar. No hay garantías ni siquiera para quien se arrodilla, por él o ella también vendrán. La reacción correcta, la de todo periodista y ciudadano, es la de expresar a viva voz, por los medios aun disponibles, en la calle, con creatividad y audacia, la verdad del pueblo que sufre. Debe sustituirse el miedo paralizante por la valentía cívica, desde hace rato la defensa de la libertad de prensa y la libertad de expresión dejaron de ser temas exclusivamente gremiales, ahora, todo ciudadano en medio de su particular Tejerías, armado con un teléfono, puede y debe comunicar su realidad así como ahora ciudadano carabobeño, sea o no periodista, debe esforzarse por usar las herramientas tecnológicas y la radio bemba para dar a conocer la verdad que la bota militar intenta pisotear. Tal actitud comporta riesgos, lógicamente, pero una vida en silencio no vale la pena vivirla. Por otra parte, y quizá esto suene algo filosófico, el régimen militar será siempre culpable de sus crímenes contra los ciudadanos, quienes hablan en nombre de los que callan no pueden ser vistos como temerarios sino como servidores públicos. Si algo debe generar esta ola de censura es establecer una línea clara entre víctimas y victimarios, que nadie más caiga en la manipulación. 

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