Agua y guerra no convencional

Cursan más de quince conflictos bélicos en el mundo, francos y abiertos. En algunos casos,    inmediatamente se proyectan en todo el mundo, trastocando los principales centros de poder, mientras que, en otros, desgraciadamente, no pisan las agencias noticiosas. 

Los derechos humanos y los servicios básicos,  resultan completamente desconocidos por quienes se ensañan descaradamente contra la indefensa población civil, impidiendo la asistencia sanitaria y alimentaria, negado el agua potable. Ni siquiera, los principios, normas e instituciones del derecho internacional humanitario se procesan en las mesas de redacción.

Por supuesto, hay sed en una población sometida al inclemente bombardeo ruso. Acontecimientos, como los vividos por Ucrania,  no supone el normal funcionamiento de los servicios públicos, como el agua dispensada en los hogares espectadores de la tragedia, como podría imaginar el más ingenuo y geográficamente distanciado espectador; e, incluso, Dan Sabbagh refiere al ataque de las centrales hidroeléctricas para aumentar considerablemente el sufrimiento de la población civil con la llegada del invierno   [*].

Peor ocurre con las guerras no convencionales, jamás declaradas, pero con un saldo extraordinario de víctimas que muy aparentemente no tienen un culpable. Esta vez, no se exhiben grandes piezas de artillería, ni hacen piruetas los aviones de combate para vomitar sus misiles, sino que se deja literalmente a la intemperie a la población, padeciendo los embates de la naturaleza.

El incumplimiento por el Estado de sus responsabilidades fundamentales, ha dejado a la población a la merced de las lluvias por muy previsibles que sean, gracias la opinión del más modesto meteorólogo. Por cierto, siendo tan vistos y rentables en otras latitudes, elevando a la fama a sus presentadores, curiosamente, aún antes de la llegada del siglo XXI, en Venezuela desparecieron de los noticieros aquellos espacios dedicados al tiempo, como genéricamente se llamó el reporte de la sequía, de las lluvias y temperaturas para las próximas horas. 

El desbordamiento fatal de ríos y quebradas, como los deslizamientos de tierras, huérfanos de un sistema convincente de protección civil, si no retratan exactamente un acontecimiento bélico, se parece en demasía. Constituye una manera de derrotar y humillar a la población afectada para la cual no hay planes e inversiones de contingencia, encumbrada la improvisación como el arma secreta del régimen que dice relevarlos de toda responsabilidad, dizque por distraídos.

Lo irónico es que no hay agua sana para ingerir ni para el aseo personal, sino el lodazal que queda de las tormentas con un deterioro inaudito del hábitat. La gráfica de Petrasyuk, es propia de una guerra convencional, cuya escena jamás lucirá más dramática que la de los venezolanos que intentan salvarse de un palo de agua, o atravesar la selva del Darién, fruto de un conflicto urdido con total perversión. 

 [*]       Dan Sabbagh (2022) «Cynical decision to target hydro power stations will cause civilian suffering as winter freeze arrives», The Guardian, London, 01/11. La fotografía es de Oleg Petrasyuk (EPA), tomada de la misma edición.

Luis Barragan
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