Carta a la incertidumbre

Querida incertidumbre, ¿cómo te va? Bueno… si es que sabes cómo te va.
Te escribo para decirte que los representados en esta carta -que aún no sé cuántos somos, ni quiénes, ni de dónde salimos- alzamos nuestra voz de protesta en tu contra. Ya estamos cansados de que siempre llegues sin avisar y justo cuando uno está en chancletas con medias, usando la camisa que tiene huequitos y con toda la casa vuelta nada.
Siempre llegas diciendo que te vas a quedar un par de días, pero terminas quedándote meses. Y si fueses tú sola. La cosa es que siempre llegas acompañada de tus parientes Inflación, Crisis, Riesgo, Devaluación, Escasez y la oveja negra de la familia: Elecciones Polarizadas entre el lobo de Wall Street y el corderito de Corea del Norte.
Una vibra incierta que me termina contagiando todo lo que hago. Porque si le pregunto a una mujer en la calle que cuántos meses de embarazo tiene, resulta que es gordura. Si le pregunto a una amiga por su esposo, terminaron. Y si le pregunto a un amigo cómo está su nueva novia, la chica tiene un retraso.
Toda una situación que me termina llenando de tics nerviosos para drenar la ansiedad. Cuando me siento, la pierna me rebota más que galán sin plata. La cara me hace tantas muecas que ya parezco chef probando lentejas sin sal. Y en todo momento, me como los pellejitos de los dedos… Aunque eso es bueno. Hago la dieta keto.
Sé que para bajar esta ansiedad recomiendan practicar la respiración profunda. La cosa es que he respirado tanto, que ya parezco audio de video porno. También dicen que es bueno trazarse distintos escenarios, pero ya me he planteado tantos, que parezco Broadway. Tengo plan A, plan B y voy por el plan Ñ.
Entonces termino preguntándole a la inteligencia artificial:
“¿Qué dicen los astros?” … Que se cierra un ciclo.
“¿Qué dice la numerología?” … Que se abre un ciclo.
“¿Qué dice el tarot?” … Que mejor me reciclo.
Aunque siempre habrá cosas en donde no me ganarás, amiga incertidumbre, pues de todo esto hay algo muy cierto: mi bajón de peso. Además, no tengo dudas de que se cumplirá el refrán: “Después de la tormenta, llega la calma”. Pero igual quedo en las mismas. ¿La tormenta es larga o corta? ¿Eléctrica o de granizo? Y la calma, ¿es calma relajada o tensa calma?
Quién sabe… De momento puedes seguir quedándote en la casa el tiempo que necesites. Igual no sabré si es mucho o poco. Lo que sí te pido es que al menos colabores con el pago de los servicios. ¿Cuánto podrías? ¿Todo? ¿Alguito? ¿Miti miti? ¿Un mes tú, un mes yo? ¡Dame señales!
Por ahora me despido, aunque no sé si desearte salud, enfermedad, bienestar, larga vida o corta… Pero por favor, ¡vete a fregar para otro lado!
Eso sí, apenas puedas, me das acuse de recibo de esta carta. ¿Pero lo harás por email?… ¿Correo físico?… ¿Mensaje de texto?… ¿Grafiti?… ¿Me dejarás en visto?… ¡¡¡Aaaaaahhhhh, qué incertidumbre!!!!
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