Pedro Juan Gutiérrez, La Habana y el goce
Por Henyerson Angulo
@Heryens
El 27 de enero de 1950 la mujer del heladero alumbraba a Pedro Juan Gutiérrez en Matanzas, Cuba. Durante su adolescencia vivió la crisis que se desató con la nacionalización de la empresa privada que obligaba la Revolución. Su familia quebró económicamente cayendo en una crisis económica, por lo que Pedro Juan tuvo que dedicarse desde temprano a ganar dinero para colaborar entre tanta miseria. A pesar de eso, no dejó de estudiar, leer, sobre todo. Pasó muchas horas en las bibliotecas de su localidad leyendo literatura.
Su adolescencia fue muy movida y rápida, entrando a la adultez a muy temprana edad. Experimentó desde muy chico el sexo, el alcohol y las prostitutas. Tuvo también que cumplir el servicio militar obligatorio durante la década de los ‘60, sin trascender de los cinco años de formación. Se graduó de periodista en la Universidad de La Habana en 1978, que ejerció de manera investigativa, haciendo reportajes en las cárceles, en la Unión Soviética, en Brasil, etc. Se dedicó, aunque se mantenía escribiendo literatura, a ganarse la vida como periodista. No fue sino hasta 1998, cuando la editorial Anagrama publicó su libro Trilogía sucia de La Habana, que sonó más en el mundo y creció económicamente. Es por eso que decidió abandonar el periodismo y dedicarse en pleno a la literatura: a leer y a escribir.
Actualmente vive en Centro Habana y se centra en entrarle a la vejez de una manera más calmada, de descansar la locura, que ya ha experimentado tanto, y vivir en paz. Vive donde quiere, en una Habana limitada de lujos pero que lo inspira a crear, que le despierta ese instinto artístico que halla lugar dentro de él.
Trilogía sucia de La Habana es, como toda su obra, un reflejo del mundo que experimenta constantemente un Pedro Juan Gutiérrez joven, representado por un personaje llamado igual que él, su alter ego. En esta novela los vicios, el sexo, lo sucio, la miseria, el alcohol y el hambre son los escenarios que impulsan al escritor a hacerlos texto; se sienten escenarios de lo cotidiano en un ambiente reducido de expectativas como el que experimenta un joven habanero. Estos relatos parecen ser memorias de las andanzas de un joven limitado de recursos, privado de libertades, que pretende un respiro entre tanta miseria, entre tanta pobreza. Hay una voz que quiere ser escuchada, pero avergonzada por tanto pesar. Sin caer abiertamente en la crítica política al régimen castrista, Gutiérrez sólo se limita a materializar lo que es ser un cubano en La Habana, en esa triste ciudad donde el que la padece demuestra no dejar atrás su ánimo caribeño.
El sexo sucio se hace constante a lo largo de la obra, imágenes grotescas donde el mal olor, el sudor y unas ganas de experimentar la muerte en el orgasmo lo acompañan. El narrador, Pedro Juan, cuenta cómo va haciendo de la suyas en ese ambiente casi inhóspito y muy lejano a lo moderno; cómo va conquistando terrenos (mujeres) para expulsar ese deseo por (en sus propias palabras) “unas buenas tetas, un buen culo” de la mujer de La Habana que también, dispuesta a sacar todo deseo sexual que en ella habite, accede. El sexo por dinero en Cuba también se hace cotidiano cuando el sueldo no da para pagar una azotea, y en esta novela ese no es un escenario que queda al margen.
La presencia policial reina en cada relato de la obra de Gutiérrez, siendo esto, de alguna manera, una crítica a la falta de libertades que el cubano experimenta a diario en una ciudad donde el control impide el movimiento incómodo de los habitantes. En uno de los relatos -Grandes seres espirituales- un mexicano acusa a Pedro Juan de contrarrevolucionario y lo entrega a la policía. Este, el oficial, condescendiente con el mexicano (por su actitud cortés), le dice tranquilamente que en efecto, el pueblo sí estaba pasando trabajo y hambre. Este tipo de escenas son comunes a lo largo de la obra, donde se intenta lidiar con el poder por intentar ganarse la vida de alguna manera “contrarrevolucionaria”. Asemeja a la policía del régimen castrista como algo muy parecido al delincuente.
Pedro Juan Gutiérrez abraza temas, en un país tan políticamente difícil, que muy bien están en el imaginario social de cubano. En su obra Trilogía sucia de La Habana hallamos un recuerdo fragmentado de su propia vida, de su experiencia en un país donde son reducidas las posibilidades de hallarse en una situación establemente económica; a pesar de eso, no se deja al margen el aura del caribeño por mantenerse en constante movimiento festivo En esta obra -por muy desoladora que sea, sabiendo que es el relato de un hombre solo, resignado y acostumbrado a la vida de uno y precaria- demuestra que en el Caribe siempre habrá un lugar para el goce.
Esta voz de Pedro Juan es la voz de cualquiera que haya vivido La Habana a flor de piel. Es una voz que hace eco en cada casa de Centro Habana, en cada habitante de Matanzas y en cualquiera que pasee por el malecón. Se considera esta obra una irreverencia y parece incomodar al régimen castrista, pero es una obra donde se halla el relato de lo cotidiano. Trilogía sucia de La Habana no es sino el testimonio del habanero que, entre tanta incomodidad, encuentra un espacio para el placer.
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