Economía para la gente
Del rol del emprendedor y el mercado (VII)

Con ánimo o sin ánimo de lucro

La vida está llena de proyectos. Las empresas tienen proyectos, las personas tienen proyectos, los emprendimientos están compuestos de proyectos, las familias tienen proyectos. Y los proyectos pueden ser con ánimo de lucro o sin ánimo de lucro. Los que tienen ánimo de lucro, persiguen una rentabilidad mínima; los que no tienen ánimo de lucro, no persiguen una rentabilidad mínima. Pero hay algo común a ambos: no tienen ánimo de pérdida.

En los proyectos con ánimo de lucro, el beneficiario y el que paga generalmente coinciden, como en el caso en que en una tienda de ropa, entre un cliente y se compre una camisa. En los proyectos sin ánimo de lucro, el beneficiario y el que paga generalmente no coinciden, como en el caso en que se crea un proyecto para atender a niños en una situación desvalida, y a estos niños se les beneficia pero obviamente no se les cobra. Pero con ánimo o no de lucro, todos deben agregar valor a la sociedad, deben ser sustentables, y alguien financia: “no hay almuerzos gratis”; los criterios aplican igualmente.

En los proyectos con ánimo de lucro, temporalmente alguien financia, hasta que “llegue” el dinero del cliente. En los proyectos sin ánimo de lucro, alguien financia siempre y no se espera que “llegue” dinero del beneficiario.

En los proyectos con ánimo de lucro la “llegada” del dinero del cliente se materializa cuando se cobra la venta: llega el efectivo. En los proyectos sin ánimo de lucro no se espera que el beneficiario pague, pero alguien debe financiar: la “llegada” del dinero se materializa cuando se reciben donaciones de parte de sponsors o donantes.

Para que el proyecto con ánimo de lucro pueda vender, debe agregarle valor al cliente, y este pagará. Para que el proyecto sin ánimo de lucro pueda recibir donaciones, debe agregarle valor tanto al beneficiario como al sponsor: este debe sentir que lo que recibe vale más que lo que entrega. En el caso del proyecto con ánimo de lucro, el cliente recibe un bien o servicio por el que pagará. En el caso del proyecto sin ánimo de lucro, el beneficiario recibe un bien o servicio, y el sponsor recibe la satisfacción, orgullo, alegría, beneficios sociales, externalidades positivas, rebajas de impuestos, entre otros beneficios, por los que pagará (donará).

En ambos casos los criterios económico-financieros aplican igualmente. Y así igualmente aplican los criterios y metodologías a la hora de evaluar o valorar financieramente ambos casos: para hallar valor, rentabilidad y períodos de recuperación de la inversión. En ambos casos se deben proyectar flujos de caja libres, decidir tasas de descuento, y valorar (descontar) los flujos de caja.

En la literatura sobre emprendimiento, suele analizarse sólo el caso del emprendedor con ánimo de lucro; se echa de menos un análisis sobre emprendimientos sociales. Sin embargo, como se comenta más arriba, los criterios aplican de la misma forma.

Siguiendo la línea planteada por Klein y Rothbard, para el caso de los emprendimientos con ánimo de lucro (o de negocio), quien financia al proyecto, sea vía mercados de deuda (banca o acreedores) o vía mercados de acciones (socios preferentes o comunes), es un emprendedor porque asume riesgos: el emprendedor-capitalista. Igual ocurre en el caso de emprendimientos sociales.

“Through these markets (se refiere a mercados de capitales privados), owners of financial capital decide which firms, and which industries, receive resources to make consumer goods”

Los propietarios de capital decidirán financiar a aquellos proyectos que más les agreguen valor.

Entendiendo al capitalista como el dueño de la empresa, puede verse a éste como la última instancia de decisión, y se puede ver al capital como un factor de producción particularmente distinto de los factores que generalmente se presentan en la teoría neoclásica de maximización de ganancias: se ve al capital como “el factor que decide”.

“Ownership can also be thought of as a factor of production—what Rothbard calls the “decisionmaking factor”—but it is different from the other factors. In an ownership approach, money capital is treated as a unique factor of production, the “controlling factor”; the investor is both ultimate decision maker and residual claimant. The firm’s objective is to maximize the return on the owner’s investment.”

Bueno amigos, por razones de espacio detengámonos en este punto, por los momentos. Continuaremos argumentando sobre el rol del emprendedor y el mercado, en el próximo artículo.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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