Hidrógeno Verde: El combustible del futuro en Latinoamérica

El hidrógeno verde es un combustible limpio que promete reemplazar combustibles fósiles tradicionales a medida que los costos de producción lo permitan.  Muchos gobiernos en el mundo están girando su atención a esta nueva forma de crear energía limpia.  ¿Pero qué es el hidrógeno verde y por qué deberíamos prestarle mucha atención? ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Qué países en la región están enfocados en esta nueva energía? ¿Cuál es el efecto en países petroleros en Latinoamérica?

El hidrógeno verde es un combustible muy reactivo y ligero que se obtiene a través de electrólisis, separando moléculas de hidrógeno contenidas en el agua.  En esencia, se utiliza energía eléctrica para conseguir dicha separación.  Cuando la energía eléctrica proviene de energías renovables, las cuales se producen sin emitir dióxido de carbono a la atmósfera, el hidrógeno obtenido se llama verde.

Los beneficios del hidrógeno verde son diversos: 1) es 100% sostenible, libre de emisión de CO2, 2) es almacenable, a diferencia de la energía renovable no convencional (viento, solar), 3) es transportable, mezclándose con gas natural y utilizando la misma infraestructura gasífera, y 4) es ajustable, convirtiéndose en electricidad u otro combustible sintético.

La combustión, versatilidad y sustentabilidad hacen del hidrógeno verde el combustible del futuro.  Sin embargo, las principales desventajas tienen que ver con los costos de producción, ya que, en ciertas ocasiones, producir energía renovable puede ser más costoso que a través de otras fuentes.  Por otro lado, para lograr una mayor sustitución de combustibles fósiles tradicionales como el gas, se requieren inversiones sustanciales para modificar las redes de transporte actual de modo que permitan transportar mayor proporción de hidrógeno en las mismas. Las redes actuales permiten transportar un 20% de hidrógeno por 80% de gas seco tradicional.

En la región, el país con mayor potencial de generación de hidrógeno verde es Chile.  Esto tiene que ver con la composición de su matriz eléctrica y la proporción de generación a través de energías renovables no convencionales.  La ubicación geográfica permite que los proyectos solares y eólicos sean bancables, ya sea por muy buena radiación o fuertes vientos costeros respectivamente.  La Corfo, institución gubernamental de fomento chilena, ha informado que a la fecha existen 18 iniciativas privadas que podrían generar inversiones por sobre USD 12 mil millones en los próximos años.  El objetivo fundamental de la Corfo es “descarbonizar” la minería y ser exportador neto de by-products de hidrógeno verde. Dichas iniciativas comprenden proyectos para el transporte y sustitución de combustibles fósiles para la producción de calor, amoniaco verde, metanol y combustibles sintéticos.  Las iniciativas antes mencionadas equivalen a la producción de 100 mil toneladas anuales de hidrógeno verde, sin embargo, existen otras iniciativas que se encuentran en etapas más tempranas que podrían escalar el potencial de producción anual mucho más.

Los otros países que tienen iniciativas activas en Latinoamérica son Uruguay, Costa Rica y Argentina.  En Uruguay, la estatal petrolera ANCAP, busca descarbonizar el transporte en ese país a través de vehículos impulsados con hidrógeno vede.  Esto es posible gracias a su matriz de generación eléctrica renovable casi total.  En Costa Rica, el gobierno busca reducir su huella de carbono en transporte, agricultura e industrias.  En Argentina, la empresa privada Hychico ubicada en la Patagonia, mezcla gas e hidrógeno verde para la mejor combustión de motores y reducción de su huella de carbono.

Existen países en Latinoamérica que aún no tienen en carpeta el desarrollo de este tipo de iniciativas.  En Bolivia por ejemplo, un país que financia su gasto mayoritariamente a través de los impuestos petroleros, hasta el momento no ha manifestado su intención de impulsar proyectos relevantes de energías renovables e hidrógeno verde.  Dicho país debería estar muy preocupado considerando su aspiración de permanecer como uno de los proveedores relevantes de combustibles en la región.  No solo porque sus reservas probadas hoy en día son minúsculas, sino que países como Chile o Argentina podrían generar combustibles alternativos al gas boliviano.  En ese sentido, es probable que Bolivia vea desde las graderías el éxito de sus vecinos, mientras aún trata de desarrollar diferentes proyectos míticos, tales como los que se prometen desde hace años o décadas en la industria del litio, hierro, cobre, entre otros.

Esteban Szasz
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