Del rol del emprendedor y el mercado (XI)

Uno de los aspectos más estudiados en la academia, en el campo de la ética en los negocios, es aquel que los estadounidenses bautizaron como “self-dealing” o “tunneling”, lo que algunos traducen como auto-beneficio, auto-compensación o expropiación de inversionistas, y señala la conducta de un administrador, un funcionario de la corporación u otro depositario de confianza, que consiste en tomar ventaja de su poder decisorio o de su posición en una transacción, y actuar por sus propios intereses y no por los intereses de los accionistas corporativos o de sus clientes. El self-dealing puede implicar la apropiación indebida o usurpación de los activos económicos, sociales y oportunidades de la corporación. Sólo a manera de ejemplo, en las prácticas de self-dealing pueden entrar: el uso personal de activos corporativos como aviones, escoltas, compras a otras empresas donde se tienen intereses, cobro de comisiones, venta de información privilegiada o de secretos industriales, compensaciones económicas u accionarias desproporcionadas, ocultamiento de información a otros accionistas para beneficio propio o de otros accionistas, entre muchos otros. Se entiende actualmente que el self-dealing no sólo tiene impacto negativo en los accionistas corporativos (shareholders), sino también en los stakeholders, entendidos éstos como cualquier persona o entidad que es afectada o interesada por las actividades o la marcha de una organización; por ejemplo, los trabajadores de esa organización, sus accionistas, las asociaciones de vecinos afectadas o relacionadas, los sindicatos, las organizaciones civiles y gubernamentales que se encuentren vinculadas, los entes financieros, las autoridades tributarias, etc.

Este aspecto relevante estudiado en la academia, el Self-dealing, tiene mucha asociación con la Teoría de la Agencia. Esta define la tensión que hay entre un Agente, aquel encargado de ejecutar acciones, y un Principal, aquel que ha definido las acciones que el Agente debe ejecutar. En esta teoría, el Principal asume unos costos para poder alinear los intereses del Agente a los suyos; llamados costos de agencia. La idea, es que estos costos sean lo más bajos posibles. En la empresa, el Agente es el gerente, y el Principal es el socio. En la sociedad, el Agente es el gobierno, y el Principal es el ciudadano de a pie. Esta teoría, fundamental para el tema del gobierno corporativo, tiene entre sus principales estudiosos a los profesores Eugene Fama, Michael C. Jensen y William Meckling.

Lee Iacocca: De un salario de un dólar a ser el mejor pagado del mundo, en sólo 8 años

Lee Iacocca, el famosísimo presidente de la automotriz Chrysler, llegó a ella, luego de trabajar 27 años en Ford, en plan de salvador en 1978. Chrysler en los años 80 enfrentaba una severa crisis. Iacocca cobró simbólicamente un dólar mensual durante su primer año, logró rebajas importantes en los beneficios por parte de los sindicatos de trabajadores que ascendieron a USD 475 millones, rebajas impositivas del gobierno federal estadounidense además de un importante crédito del mismo gobierno que superó la astronómica cifra, para aquel entonces, de USD 5.000 millones. Con su reconocido talento para el desarrollo de productos automotrices (fue el creador del Ford Mustang), Iacocca introduce las primeras minivans: el Caravan de Dodge y el Voyager de Plymouth que provocaron cambios dramáticos en el ambiente del automóvil estadounidense, y llevó a Chrysler a ser de nuevo una empresa rentable: en 1994, uno de cada diez carros vendidos en EEUU y Canadá, era una minivan, de las cuales el 40% fueron hechas por Chrysler. En 1983, Chrysler paga USD 1.200 millones en préstamos federales, siete años antes del vencimiento. En 1985, Chrysler y Mitsubishi anuncian una fábrica conjunta en Illinois. En 1987, Chrysler adquiere American Motors S.A. y Jeep.  En 1991, el último de Iacocca en Chrysler, la empresa tuvo pérdidas por USD 795 millones, que su sucesor Bob Eaton revirtió en 1992, cuando Chrysler obtuvo beneficios por USD 500 millones en vía de lograr su récord de USD 3.700 millones en 1994. Pero en 1998, en una nueva crisis, se unen Chrysler y Daimler-Benz, y se crea la Daimler-Chrysler. Lee Iacocca se convirtió en el vocero público de Chrysler. Sus resultados lo elevaron a nivel de celebridad y los inversionistas invertían en la empresa cautivados por su figura.

En la reestructuración de la empresa, Iacocca creó un “comité de compensaciones” que él mismo controlaba. Lee Iacocca pasó de un salario de USD 1 a ganar USD 868 mil en 1980, ubicándose en el puesto No. 100 de la lista Forbes de los CEOs mejor pagados. En 1986, sólo seis años más tarde, su compensación fue de USD 20,5 millones, llevándolo al puesto No. 1 de la lista Forbes.

Su compensación, incluyendo opciones de acciones y otros beneficios, creó un precedente de self-dealing (auto-compensación) que se extendió durante una década en muchas empresas, incluso globales. Es así como en la década pasada cayeron en crisis y en investigaciones mercantiles y penales, empresas como Enron (falseo de cuentas, ocultación de pérdidas y préstamos indebidos a directivos), Arthur Andersen (auditorías fraudulentas a empresas incursas en delitos), World Com (contabilidad fraudulenta, préstamos indebidos a directivos), IMClone System (uso de información privilegiada), Vivendi Universal (contabilidad errónea y malas prácticas de gestión), General Electric (sueldos y compensaciones exageradas a sus directivos), Rite Aid (incremento ficticio de beneficios), entre otras. Temas todos, que salen a flote con cada crisis financiera, y que es parte fundamental de la justificación de la promulgación de la Ley Sarbanes-Oxley de 2002, en los Estados Unidos, que nace con el fin de monitorear a las empresas que cotizan en la bolsa de valores, para evitar que las acciones de las mismas sean alteradas de manera dudosa, y así evitar fraudes y riesgo de bancarrota, protegiendo al inversor.

Bueno amigos, por razones de espacio detengámonos en este punto, por los momentos. Continuaremos argumentando sobre el rol del emprendedor y el mercado, en el próximo artículo.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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