Economía para la gente
Una pequeña historia de la banca (III)

En este artículo continuamos mostrando la evolución cualitativa de la banca como negocio.

Quedamos en que cada banco de emisión capta clientes por su oferta de servicios y por el valor de los billetes que emiten. Es decir, los bancos compiten por la preferencia del cliente, para que este traiga sus monedas y deposite, o para que solicite préstamos. Esto hace que ofrezcan mejores servicios y preserven el poder de compra de sus billetes emitidos (auto-regulación). Como se ve, los bancos con su capacidad de emisión, afectan la oferta de dinero (fiat), pueden estimular la actividad económica y pueden crear inflación.

Ahora los billetes de cada banco circulan y son aceptados por el comercio en general, y si alguien quisiera redimirlos en dinero, sólo debe dirigirse al respectivo banco y canjearlos. Pero eso ocurre muy poco, porque el sistema confía en que el respaldo existe, y porque es más práctico emplear los billetes en las transacciones.

Se presenta una complicación: no todas las personas tienen cuentas abiertas en todos y cada uno de los bancos, por lo que si un comerciante acepta unos billetes, y éste no tuviera cuenta en el banco emisor de dichos billetes, tendría que ir a ese banco, redimir los billetes, y luego depositar las monedas equivalentes en el banco en el que posea cuenta. Esto podría hacer que en tal comercio se prefiriesen los billetes de unos determinados bancos, por encima de los de otros emisores, afectando al intercambio comercial.

Esta situación, y buscar una solución eficiente y rentable, llevó a cada banco a aceptar los billetes emitidos por otros bancos. Primero a descuento, por el riesgo que podían representar (por ejemplo, que no existiese el respaldo en moneda), o porque proviniesen de bancos en otros pueblos y ciudades, y la distancia, el transporte y el traslado para poder redimirlos, aunado al mayor desconocimiento de la gestión de tal banco emisor, reducía la valoración que de tales billetes se hacía. Pero luego el arbitraje se encargó de cerrar esas brechas de precio, tendiendo con el tiempo a ser todos los billetes (obviamente, los de los bancos que el mercado consideraba sólidos) valorados a la par.

Entonces, ya se aceptan los billetes de todos los bancos en todos los comercios, porque es fácil depositarlos en cada institución financiera.

Ahora cada banco al recibir de sus clientes billetes de otro emisor, debía asumir la tarea de canjearlos por la moneda de respaldo y llevarla a sus arcas. Entonces se podía ver a representantes de cada institución financiera portando los billetes por toda la ciudad, dirigiéndose a cada banco emisor a redimirlos. Esto llevó a la necesidad de instaurar un lugar y momento en el que los representantes de cada banco se reunirían para intercambiar los billetes y redimir los que fuesen necesarios. Y así, en esa reunión periódica, se encontraban los bancos, y billetes iban y venía la moneda de respaldo, dando nacimiento al ancestro de las cámaras de compensación.

Estas instituciones rápidamente se convirtieron en el sitio en el que se pactaban préstamos overnight (“de un día para otro”) entre los bancos, para cubrir necesidades o estrecheces puntuales de liquidez. Los bancos mantenían saldos de moneda en estas cámaras de compensación, según la estacionalidad de la liquidez del sistema y de cada banco, para no tener que andar movilizando frecuentemente el dinero. Cada banco tenía una bóveda en la cámara de compensación, con dinero de respaldo allí. Se hacía el intercambio de billetes, y luego el intercambio de moneda: el dinero se movía de la bóveda del banco que tuviera más billetes en contra que a favor, hacia la bóveda del banco que tuviera más billetes a favor que en contra. También estas instituciones comenzaron a prestar servicios de análisis de la situación y desempeño financiero del sistema bancario y de cada banco en particular, por la facilidad que ella tenía para recaudar información relevante. También las cámaras de compensación llegaron a convertirse en “prestamista de última instancia”, para rescatar a algún banco con problemas de liquidez.

Una de las características del sistema descrito hasta ahora, era que los bancos tendían a auto-regular sus emisiones de billetes sin respaldo, pues sabían que debían aceptar la redención de sus billetes y entregar la moneda. Si se excedían en la emisión de billetes, cualquier otro banco podía quebrarlos.

Los bancos en este sistema competían entre sí por clientes, en distintos servicios, en tarifas y calidad de sus servicios, en tasas y condiciones por sus préstamos, en tasas y condiciones por los depósitos recibidos, etc. Cada uno emitía su propio billete o moneda. Podían emitir la cantidad de billetes que quisieran para las mismas reservas (sistema de reserva fraccionaria), pero se auto-regulaban, gestionando su riesgo de liquidez aplicando la “ley de los grandes números”.

Lo descrito es el sistema de banca libre. Así llegó a ser la actividad bancaria en algún momento de su historia y evolución.

Bueno amigos, por razones de espacio detengámonos en este punto, por los momentos. Continuaremos recorriendo esta fascinante historia, en el próximo artículo.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

 

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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