De la corrupción y su economía (I)

Preliminarmente

Se puede decir que los economistas tienen dos roles: pueden ser científicos o políticos. Cuando están tratando de explicar el mundo, ellos son científicos. Cuando están tratando de cambiar el mundo, ellos son políticos.

En ambos roles, los economistas realizan análisis positivos y análisis normativos, aunque en su rol de políticos tienden más a los positivos, y en su rol de científicos, tienden más a los normativos. Las afirmaciones Positivas son afirmaciones que describen al mundo tal como es, mientras que las afirmaciones Normativas son afirmaciones acerca de cómo debe ser el mundo.

Los economistas pueden discrepar en relación a las teorías acerca de cómo funciona el mundo; pueden tener diferentes valores y, en consecuencia, tener puntos de vista normativos diferentes. Los economistas podrían hacer propuestas conflictivas debido a diferentes juicios normativos o diferencias en cuanto a sus valores. Es decir, podrían proponer distintas políticas para resolver el mismo problema: el tema está en que dichas políticas no tendrán los mismos resultados o no serán igual de eficientes resolviendo el problema en cuestión.

La afirmaciones normativas se asocian con lo que los economistas creen que es el “deber ser”. Las afirmaciones positivas se asocian con lo que los economistas creen que es el “como es”.

Entonces, hacerse preguntas como, ¿Qué se debe hacer con la corrupción? ¿Por qué existe la corrupción? ¿Cómo se resuelve el problema?, tendrá unas respuestas tanto desde el punto de vista normativo, como desde el punto de vista positivo; respuestas que son distintas y que llevarán a visiones distintas del mismo problema, y por lo tanto a plantear soluciones diferentes.

Por ejemplo, una afirmación normativa podría ser: “no se debe robar porque es malo”; y una afirmación positiva podría ser: “la gente roba; hay robos”.

Dependiendo del enfoque con que se ilumine el problema, las políticas que se implementen son distintas, y a su vez con distintos posibles resultados; unas serán más eficientes que otras en la resolución del problema. Por ejemplo, desde una visión normativa, se podría pretender reducir el crimen con políticas y campañas comunicacionales que llamen a la reflexión y al comportamiento ético; con largos códigos de ética, etc., que recuerden a las personas “el deber ser”.

Desde otra perspectiva se opina que sólo una correcta visión positiva (lo que es), puede dar como resultado una adecuada recomendación normativa (lo que debe ser).

En la cotidianidad, en la tarea de enfrentar la corrupción predomina la visión normativa sobre la positiva. Muchos han tratado de resolverla, pero muy pocos han tratado de entender la corrupción, produciéndose una especie de paradoja o contradicción: tantas condenas como persistentes y fallidas políticas dirigidas a combatirla, generando una permanente insatisfacción ciudadana.

La corrupción es un problema muy importante y de trascendencia pública, que es generalmente analizado superficialmente. Es visto como un problema policiaco o judicial, al que pocas veces se examinan sus orígenes. Entonces, ¿Cómo se pueden proponer políticas eficaces para resolver el flagelo de la corrupción, sin identificar sus orígenes?

Causa vs. Efecto

Con frecuencia, en la opinión pública se denuncian las múltiples modalidades de la corrupción. Se llevan a cabo campañas contra la corrupción. Todas estas son propuestas para resolverla, que parten de una visión normativa, y que vemos que no son eficientes en la resolución del flagelo.

Y si nos preocupa tanto la corrupción, y si se han intentado múltiples políticas contra ella, ¿Por qué nunca hemos podido combatirla eficientemente? La respuesta apunta a que realmente no hemos entendido qué es la corrupción.

La corrupción ¿Es causa? ¿Es efecto? Suele verse a la corrupción como la causa de nuestros problemas económicos como sociedad, o como causa de nuestra pobreza. Creemos que como hay muchos corruptos, no funciona el sistema, ni la democracia, ni la ley, y por ello nuestros problemas sociales.

Una perspectiva diferente de cómo ver el problema, plantea esto al revés: como no funciona el Estado de Derecho, ni las instituciones, se produce la corrupción como alternativa para que la gente pueda desarrollar sus actividades económicas. En esta perspectiva resaltan las ideas y propuestas de nombres relevantes de la ciencia económica como Ronald Coase, Gary Becker, Richard Posner, Douglas North, y el peruano Enrique Ghersi.

La corrupción es efecto y no causa. Es un efecto del alto costo de la legalidad; del alto costo de estar en la legalidad. Si no lo vemos así, seguirá habiendo mucha retórica, pero nunca generaremos instituciones más honestas.

 

Bueno amigos, dejémoslo en este punto por los momentos. En el próximo artículo continuaremos desarrollando este interesante tema.

Entender de economía política, identificar ganadores y perdedores, nos permite entender por qué no cambia y por qué es difícil cambiar el statu quo.

Rafael Avila

Rafael Avila

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Profesor de la UCAB y el IESA. Ingeniero Civil, UCAB. Master en Administración de Empresas, Políticas Públicas y Finanzas, IESA. PhD. in Economics de la SMC University, Zug, Suiza.
Rafael Avila

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