La urgencia de los venezolanos

Los diplomáticos del Grupo de Lima y del Consejo de Seguridad de la ONU, no entienden la urgencia que tenemos los venezolanos sobre la resolución de la crisis política a la brevedad posible. Por ello me dispongo mediante breves palabras a tratar de explicar cuál es nuestra urgencia, y del porqué de la misma.

Los venezolanos tenemos veinte años escuchando sobre un llamado socialismo del siglo XIX, y acerca de los logros de la revolución. Veinte años se dice y se escribe fácil, pero en cifras son, 240 meses y 7.300 días, escuchando mañana, tarde y noche de las grandezas que ha traído el sistema socialista a Venezuela, grandezas que en la realidad no se ven reflejadas, son retórica de un sistema en decadencia.

El socialismo del siglo XIX nunca pudo ser definido de una manera correcta. No conocemos de una definición exacta sobre lo que ello implica, y tampoco vimos avances sociales significativos, más allá de las misiones bolivarianas implementadas por la revolución, que ciertamente beneficiaron a muchos venezolanos dentro de la época de las vacas gordas, pero en la actual época de vacas flacas parecen simples dádivas dadas a los ciudadanos con motivos electorales y de permanencia en el poder.

Venezuela no se convirtió en el paraíso que nos prometieron durante miles y miles de discursos encendidos. No se transformó en una nación llena de igualdad para todos, llena de prosperidad y de progreso, en donde los venezolanos nos sintiéramos a gusto dentro de nuestra propia tierra, y sin que muchos sintieron la imperiosa necesidad de emigrar buscando una mejor calidad de vida.      

Por el contrario muchos añoramos la época en donde el salario mínimo alcanzaba para comprar los productos de la cesta básica y para un poco más. En la actual Venezuela eso es una utopía inalcanzable. Añoramos la Venezuela donde todos compartimos como hermanos sin distingo político, aquella donde nuestra mayor pelea era por el hecho de ser fanático del Caracas o del Magallanes. Añoramos la época donde los políticos no estaban constantemente en las pantallas televisivas dando discursos tratando de convencer a la población que el socialismo es la mejor invención de la humanidad.

En la Venezuela actual el deterioro en todas las áreas de la vida cotidiana es evidente. Solo por ejemplificar algunas cosas que ocurren actualmente, y que sirven para que los diplomáticos del mundo puedan entender nuestra urgencia en resolver la crisis política. En Venezuela, el sistema de transporte público pasó de tener autobuses a camiones improvisados llamados coloquialmente como “perreras”, donde las personas se trasladan sin ningún tipo de seguridad en las condiciones más inhumanas posibles. En los supermercados los productos de la cesta básica no se encuentran, y aquellos que aparecen temporalmente están en precios inalcanzables para quien devengue un sueldo mínimo. Diariamente se dan manifestaciones ciudadanas por la ausencia de servicios públicos vitales como el agua, la electricidad, el aseo urbano o el gas doméstico. Se dan manifestaciones sindicales de docentes o empleados públicos luchando y exigiendo reivindicaciones salariales. Los niños, los ancianos, los pacientes oncológicos y renales mueren a diario en los hospitales por falta de medicamentos e insumos. Hay miles de venezolanos pasando hambre, atreviéndose a comer de la basura.

Desde el aspecto político, vemos como la libertad de expresión se comprime cada día más y más mediante el cierre de periódicos, radios o televisoras. Vemos manifestantes heridos o asesinados por el simple hecho de pensar distinto. Vemos presos políticos, exiliados, torturados y hasta asesinados por los cuerpos de seguridad. Vemos amenazas constantes a la integridad física de los líderes de oposición. Vemos la quema de camiones que trasladaban ayuda humanitaria en la frontera nacional. Estos hechos y muchos más ocurren en la Venezuela actual.

Requerimos de la comunidad internacional de decisiones firmes, que no impliquen una intervención militar extranjera. Pedimos algo más que el simple hecho de decir que la solución es de los venezolanos mediante la aplicación de mecanismos constitucionales y pacíficos, los cuales se encasillan en dos únicas opciones: el diálogo político y el referendo revocatorio, ninguna de estas opciones en el contexto económico y social actual es posible. La solución de la crisis política venezolana requiere que finalmente las potencias del mundo se pongan de acuerdo en algo que traiga un beneficio real a la humanidad, que se deje la diatriba política e ideológica de lado en favor del progreso de la humanidad.         

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