El Ángel del hogar

El Día Internacional de la Mujer se ha convertido en una batalla librada en la arena de las redes sociales. Hombres y mujeres opinan a diestra y siniestra y cada uno cree tener la razón acerca de la mujer y su rol  social. Es increíble la ironía y el desprecio con que se referencia el trabajo que han venido desarrollando mujeres de diferentes nacionalidades a lo largo de casi dos siglos, para que hoy en día,  podamos gozar de derechos aún cuando falta mucho por hacer.

Pero lo más increíble es el nivel de ignorancia de ambos sexos/géneros, sin embargo, no hay que echarles la culpa, la construcción de imaginarios en relación con el rol de las mujeres y hombres que se  dibujaron desde los sectores políticos de izquierda durante todo el S. XX, han sido más funestos que los que instituyeron los sectores políticos burgueses en todo el siglo XIX.

El primer error es confundir sexo con género y el segundo, feminismo con hembrismo. Pero lo  más asombroso es que tanto políticos como académicos, se atreven a opinar y a confundir estos términos en detrimento de la mujer,  sin el menor rubor. Si la actitud de algunas feministas que en realidad son hembristas, molestan a los hombres, no menos molestias han tenido que soportar las mujeres a lo largo de los siglos con actitudes ofensivas, represoras, manipuladoras y castrantes de la individualidad femenina, venidas del machismo, y todo, en silencio, porque hasta castigos divinos eran ofrecidos a las mujeres que se atrevieran a contrariar al  patriarca.

En relación con la postura ideológica del feminismo, la izquierda no ha perdido oportunidad para enarbolar la bandera como pionera de la liberación  femenina, pero una vez más, se valen de la ignorancia de los otros, para ocultar que las primeras mujeres que se atrevieron a levantar la voz por sus derechos y el derecho de todas, no tenían nada que ver con el marxismo, y de esto,  hay abundantes anécdotas en la historia.

La izquierda maneja la idea de que todo ser que se rebele contra lo establecido,  procede de esa tendencia, además, manipula con el mito de que quien protesta viene de los estratos sociales más bajos, pero las cosas en la realidad son diferentes. Cuando Mary Wollstonecraft, escribió Vindicaciones de los derechos de la mujer, en 1792,  no estaba pensando en ideologías políticas y menos en el marxismo (que no existía) más bien lo hizo para defender sus  derechos individuales, además, Wollstonecraft debió pertenecer a la clase pudiente de la Inglaterra del siglo XVIII,  si no, hubiera resultado imposible ser una mujer alfabetizada, y menos, que se hubiera dedicado a la escritura como profesión.  

María de Jesús Alvarado en Perú, fue otra de las luchadoras por el derecho de la mujer a la educación a finales del XIX, y tampoco procedía de los estratos bajos, pues era hija de un hacendado de Chincha. Alvarado luego, se dedicó al periodismo, justo con la ayuda de su hermano,  catedrático en la Universidad del Perú.

La lucha  no debe terminar en el campo laboral y político, más bien debe  extenderse hasta la intimidad del hogar para la erradicación del  machismo, desde el vientre, formar ciudadanos (varones) respetuosos del espacio y pensamiento de las mujeres, y para ello, deben condenarse una serie de  vicios alojados en nuestra sociedad como por ejemplo: la tolerancia a los chistes y bromas sexistas, o la citación de personajes célebres que edulcoradamente proponen el modelo de mujer sumisa ángel del hogar y su funcionamiento más que como esposa, madre del marido, costumbre muy arraigada en Latinoamérica, todavía los hombres esperan que su mujer, sea una extensión de la madre y lo atienda como a un niño, de no hacerlo, es repudiada socialmente,  y así, muchas otras costumbres que violentan a la mujer, de forma velada.

Pero no es fácil, son siglos de maltrato naturalizado. Es natural y normal que la mujer sea coaccionada por la familia para tener hijos, no cuando ella lo decida, también es natural  la infidelidad masculina con la excusa de: es que ellos son así y se le exige a la mujer que lo acepte y  lo perdone; más santa y ángel del hogar será ella,  si más perdona infidelidades, en fin, son numerosas las conductas viciosas de maltratos naturalizados y normalizados.

Pero no desmayemos, sigamos trabajando por el empoderamiento,  los derechos políticos, educativos y laborales y lo más importante, por el respeto mutuo, entre hombres y mujeres.

Francia Andrade
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