Felicidad: experiencias para guardar en pequeños frascos

«Ser feliz cuando las cosas no me salen bien;
cuando perdemos a un ser querido…
Cuando no tengo dinero».


La felicidad no depende de nuestras riquezas materiales, controlar al mundo o nuestras vidas. Del apego a personas, ni la compañía de lo banal, va más allá…

Se fundamenta en la madurez emocional o el crecimiento espiritual, pues quien no trabaja su ser, se centra en justificaciones erróneas lejos de la introspección. En cosas sólidas, tangibles muy diferentes a los estados de ánimo y pensamientos de la psique, es decir, prendas, títulos, artefactos, los cuales son externos y temporales.

La felicidad es la fe que tenemos en momentos de gran dificultad; aceptar la vida tal cual es. Superar una enfermedad con ánimo y orgullo. Mantener la paz y el equilibrio en distintas situaciones; la actitud y alegría de una búsqueda insaciable y la superación al emprender un camino hacia nuestras inquietudes. Es entender que el sendero también es parte de la aventura.

Se nutre del amor, pero también del dolor. Nos hace saber que tan resistentes somos, al encontrar nuestras virtudes, fortalezas y talentos en medio de la tormenta.

Es el cúmulo de experiencias precursoras de distintas emociones garantes de ser conservadas como reliquias en pequeños frascos, para luego ser rescatadas, de acuerdo a la necesidad. Y llegados los altibajos afianzarnos a ellos para seguir adelante…

La respuestas a si «¿soy feliz?» o no, no es fácil pero los argumentos planteados ayudarán a aclarar un poco, sobretodo en momentos de crisis.

(…)

Y entonces crees que:

¿ERES FELIZ?

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