El fútbol venezolano, ¿un espectáculo público?

En las últimas cinco semanas tuve la oportunidad de ver cinco partidos de fútbol en el Estadio Olímpico de Caracas. 

Un amistoso de la Vinotinto, Cuartos, Semi y las dos Finales del Torneo Clausura y la Absoluta, con el Caracas Fútbol Club como protagonista.

Desde el punto de vista futbolístico han sido cinco buenos partidos, lo visto en el engramado no dista mucho de otros partidos de fútbol suramericano que podemos ver en la televisión por cable. Juegos dinámicos, equipos bien parados tácticamente, derroche físico y un césped que resistió estoicamente las lluvias de la temporada. 

La vinotinto goleó a su similar de Bolivia y el Caracas obtuvo resultados positivos que lo llevaron a ganar su duodécima estrella, gracias a una excelente gestión deportiva de la Directiva y de la familia Valentiner, que en medio de la crisis pudieron armar un equipo campeón.

Al final, esto es lo que es transmitido a las masas por la televisión y la radio, esto es lo que refleja la prensa al día siguiente, de esto hablan los periodistas especializados, todo es maravilloso, todo es bello, todo es primer mundo.

Pero que pasa de verdad en las instalaciones del Olímpico? 

Cual es la experiencia del aficionado que paga por ir a ver a su equipo?

Desde mi experiencia reciente y vivida en cinco ocasiones, la experiencia de ir al Olímpico de Fútbol es deplorable. Y me cuesta creer que en otras locaciones del fútbol rentado venezolano la experiencia sea diferente.

Desde el mismo momento que quieres comprar entradas hasta la salida del evento, todo es caótico, todo es desorganizado, inseguro y muy complicado.

Los accesos a los estacionamientos son por una sola entrada y no hay punto de venta, lo que genera largas y tediosas colas. Para canjear o comprar entradas es igual, solo hay una taquilla, con un solo punto de venta, cada aficionado tarda en promedio tres minutos, con veinte en la cola, ya se te fue una hora. 

No hay diversidad de ofertas de comida ni bebida, y por lo general es insuficiente. Los pocos kioskos que hay están mal montados, en condiciones poco salubres y demoran un mundo para despachar y cobrar, lo que también genera colas interminables.

Los baños no pueden estar en peor condición, todos los pisos están inundados de orine, en los baños de las gradas las mujeres deben hacer sus necesidades en el piso pues no hay piezas sanitarias, y todo esto a oscuras pues no hay iluminación.

No existe ningún tipo de respeto por la numeración de las sillas en las tribunas, el que llega temprano se sienta donde quiere y nadie lo saca de ahí, no hay autoridades ni empresa de logística de eventos a quien acudir.

La salida es catastrófica también, por lo general de noche. Apenas se abre uno o dos de los accesos para que todos los asistentes creen un embudo humano que muy lentamente va avanzando, pero que pone en riesgo a niños o personas de la tercera edad.

El caos termina de generarse cuando los aficionados que caminan hacia Plaza Venezuela lo hacen sin ningun tipo de orden, se atraviesan en las calles generando lentitud y mucho tráfico automotor. 

Definitivamente el aficionado que va al estadio ha dejado de ser prioridad para los clubes y federaciones. La baja asistencia de los últimos año ha mermado significamente los potenciales ingresos que esto generaría y por consiguiente no se invierte ni tiempo ni recursos en este mercado. 

Al igual que el huevo y la gallina, que va primero? Somos los aficionados quienes debemos seguir asistiendo al Estadio a pesar ser una experiencia negativa? O son las empresas organizadoras y equipos quienes deben generar las condiciones ideales y proveer servicios de calidad a quienes pagan por asistir a un evento? Yo me inclino por lo segundo.

Hector Torres

Consultor en Negocios. Gerencia del Deporte (FIFA CIES), Gerencia del Fútbol (Johan Cruyff Institute), Maestría en Administración de Empresas (Keele University), Ingeniero Civil (UCAB).

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