El poder de la queja

La queja es una expresión de dolor, sufrimiento, angustia o malestar y su origen. Básicamente nos quejamos cuando algo no sucede como consideramos debía suceder y en este sentido es lógico que podamos vivir quejándonos y es que la vida no está formada por líneas rectas sino por caminos sinuosos donde muchas veces no podemos ver más allá hasta que llegamos a la próxima curva.

Hice una encuesta en twitter preguntando: Siendo totalmente honesto ¿Con que frecuencia te quejas de los que pasa? La muestra que participó en esta encuesta fue de 72 personas que si bien no son muchos si reflejan lo que suele ser un hábito de muchas personas y, los resultados fueron los siguientes:

  • Muchas veces: 31.9%
  • Algunas veces en el día: 52.8%
  • No me quejo: 15.3%

Les invité a pasar una semana sin quejarse y hubo varios comentarios entre los cuales les puedo mencionar:

  • Para mi defensa, de algo me quejaré aunque sea por instinto… Tal vez me eduquen pero mi animal está…
  • Es inevitable no poder quejarse a veces. Yo lo hago, pero siempre mi alrededor y doy gracias por lo que tengo, llamo a mi familia y contacto como están. Y una vez agradezco todo porqué hay salud, techo y alimentos. Que no es lo de antes sí, pero sigo adelante sin rendirme.
  • Algunas veces me quejo. Pero intento darme cuenta de mis bendiciones también. Digamos que quejarse un poco es una suerte de válvula para sobrellevar la situación. Terrible es convertirse uno en un achacoso y quejica constante.
  • No aplica en Venezuela. Tantas carencias, tanto deterioro, tanta ruina, es un deporte extremo sobrevivir aquí, así que, por más que no queramos algo nos aqueja.
  • Las personas, en peores condiciones, con grandes penas, carencias, tristezas, no se quejan. Luchan, buscan en la fe, la esperanza, salir adelante. Lo de Venezuela es demasiado cruel, y viviendo como nos ha tocado, no es auditable. Aun así, nos convertimos en muy resilientes

¿De qué nos quejamos?

Como les comentaba antes, de cualquier cosa que no coincida con lo esperado, por insatisfacción de nuestra vida, por baja tolerancia o poca, por pensamientos extremos de blanco y negro donde no logramos apreciar que la vida tiene matices, por imitación, por envidia, por ego, para manipular la atención de los demás, por no conectarnos con el agradecimiento y centrar nuestra atención siempre en lo que nos falta más que en lo que tenemos, pero lo peor es que la queja se transforma en un hábito que hace que no podamos vivir sin quejarnos, y nos lleva de esta manera a una sobre atención en lo negativo que nos rodea.

Amigos, la vida generalmente es lo que es y no se corresponde con ese patrón mental que podemos establecer de lo que queremos que sea, no son piezas de rompecabezas que hay que encajar, son procesos que hay que aceptar y aprender a manejar para hacer de cada realidad un maravillosa oportunidad de crecimiento y superación.

Si tuviera algún sentido quejarnos pues adelante, pero no, por el contrario, no solo te aleja del agradecimiento y del bienestar sino que te lleva a ese peligroso rol de víctima donde no encuentras otra salida que estar aullando tu dolor a cambio de un poco de atención en lugar de levantarte, reconocer lo que tienes y realizar acciones que puedan contribuir al cambio de las situaciones.

Liliana Castiglione
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